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 domingo, 31 de diciembre de 2006  
Muertes violentas. La falta de rastros o testigos, el silencio o las deficiencias investigativas impiden esclarecerlos
Homicidios: una difusa línea separa la impunidad del hallazgo de culpables
Durante el año que termina hubo 91 crímenes, 18 menos que en 2005. Del total, sólo 10 nunca tuvieron detenidos ni imputados. El resto se resolverá cuando la Justicia defina si los apresados son culpables

Hernán Lascano / La Capital

En 1988 una enfermera apareció en el subsuelo del Hospital Centenario, boca abajo y con una cuchillada mortal. En sus manos sujetaba una bufanda que no era de ella, único rasgo que llamó la atención de la policía en un ambiente desierto y despoblado de otras evidencias para desentrañar el enigma. Apenas la bufanda del supuesto matador, atravesada por un alfiler de gancho del que pendía una hebra de lana de un color distinto. El testimonio de una mujer que vio a un hombre en una zona próxima al sitio del crimen llevó a la detención de un ciruja, ex paciente del vecino Hospital Agudo Avila. El hombre negó todo vínculo con el caso. Pero un avezado criminalista rosarino, Ricardo Santía, se empecinó en analizar su ropa. Al examinar el grueso pasamontañas del ciruja advirtió que un punto del tejido estaba corrido. Al cotejar la solitaria hebra de lana que había quedado en la bufanda retenida por la víctima se notó que era exactamente del mismo tipo. La conclusión fue que la mujer, en su defensa desesperada, había arrancado la bufanda del hombre. Como el alfiler sujetaba las dos prendas una hilacha del gorro quedó en el gancho prendido a la bufanda. Esa fibra perdida conectó todos los eslabones y el caso quedó resuelto.

Pero no siempre esa sagacidad analítica alumbra y detecta a los responsables de los oscuros casos de asesinato. Casos en los que los familiares ignoran con quiénes trataban los que a la postre perecen. Casos en que los crímenes son en ámbitos cerrados. Casos en los que el arma utilizada desaparece de la escena siniestra. Casos en los que surgen trazos del criminal en el sitio del hecho pero no individuos razonablemente implicados con quien cotejarlos.

¿Por qué no se aclaran ciertos crímenes? Porque los testigos no existen o enmudecen, los rastros se borran del campo de las acciones, hay deficiencias en la investigación o en la aplicación de la técnica criminalística, los indicios que se insinúan no llegan a convertirse en pruebas y dejan todo en penumbras. ¿Y cuáles son los que se aclaran? Mayoritariamente los que ofrecen menor complejidad. Básicamente los homicidios en riña, que tienen mayor visibilidad, o los de naturaleza pasional, donde el involucrado suele perfilarse en el círculo de conocidos de la víctima.

En lo que va del año, en el departamento Rosario hubo hasta ayer 91 homicidios intencionales. Una tasa anual que, en términos comparativos con áreas urbanas semejantes, es baja: algo así como 6 cada 100 mil habitantes (ver aparte). La oficina de delitos con imputados no individualizados de Tribunales (NN) postula que 10 de esos 91 hechos están en tinieblas: se desconocen sus autores y si hubo detenidos fueron declarados inocentes. De esto no puede deducirse que el remanente -81 casos- fueron aclarados. Apenas decirse con certeza que por estos crímenes hay detenidos con causa abierta. Solamente la condena judicial, cuando llegue, dejará cada caso formalmente aclarado.

De acuerdo a la misma oficina, los casos sin detenidos ni imputados en 2005, sobre 110 homicidios, son 18. Los restantes expedientes están en trámite y ninguno tiene sentencia firme. El misterio de algunos de estos hechos de sangre se han revelado impenetrables. El caso de Cristian Tonzo, un empleado de la ex fábrica de aceites Santa Clara que tenía 25 años y fue fusilado de un balazo en la cabeza en la puerta de su casa al volver de trabajar, el 29 de abril de 2005. Igual el de Gao Shen Feng, un ciudadano chino de 28 años cuyo cadáver maniatado y mutilado apareció el 19 de julio en los pastizales del acceso Sur. Dos jóvenes chinos estuvieron presos 12 días por ese homicidio pero quedaron libres por falta de pruebas en su contra. El asesinato de Gonzalo Javier Ferraro, baleado el 21 de febrero en el estadio de Newell's durante el banderazo, es otro de los episodios impunes y sin detenidos. Aunque desde Jefatura destacan el apriete de la conducción de la barrabrava leprosa para silenciar a testigos como decisivo para dejar todo en la nada.

El más insondable de los crímenes ocurridos en 2005 aparenta ser el de Marisa González, la transexual que se había enriquecido como adivina, muerta de 12 puñaladas en su casona de Pellegrini al 300 el 28 de mayo. Las siempre lábiles pistas aquí nunca llevaron a nadie. La mención en la prensa hizo que, al leer su nombre, un sospechoso se presentara en Tribunales. Está desvinculado y jamás hubo más encartados.

Este año también se contabilizan varios asesinatos sin marca de autor. Juan Eugenio Jaime, de 32 años, baleado cuando iba con su novia en una moto Econo Power el 31 de agosto, en el conflictivo barrio de Colón al 3800, línea de una cuadrícula pródiga en este tipo de dramas. Leandro Cárdena, de 17 años, muerto de una puñalada en la espalda cuando volvía de bailar en Ghiraldo y Avalos, el 29 de octubre. Daniel Falzone, de 52 años, asfixiado en un monoambiente de Rodríguez y San Lorenzo el 6 de noviembre.


Ver y hablar
Con un plantel de quince hombres, la Brigada de Homicidios tiene la meta de desentrañar los crímenes ocurridos en un área de 1.300.000 habitantes. De acuerdo a los valores mencionados, en el año que hoy termina hubo como promedio un asesinato cada 4 días. El jefe de esa división, Daniel Corbellini, admite que, no sólo acá, hay casos que nunca serán resueltos. Detalla dos prototipos de difícil deducción: un cuerpo perforado a balazos o a puntazos, sin presencia del arma, tirado en mitad del campo. O, también en ausencia de arma, un cadáver en una vivienda con el vecindario refractario a hablar.

"No es que un crimen solo se esclarece si hay testigos. Sí digo que nos complica que cada vez la gente hable menos. A veces porque considera a la colaboración personal una pérdida de tiempo. Otras porque temen represalias. Nos dicen: ¿como hago para mandar a los chicos tranquilos a la escuela si se enteran de que hablé con un policía? Y machacan con que no quieren compromisos. Eso, claro, mientras no les toca. Porque cuando la víctima es un ser querido se quejan de que la falta de compromiso de la gente deja los casos impunes", masculla.

La falta del arma impone otro reto porque en ella está la punta para llegar a quien la empuñó. A veces traba la pesquisa. Pero otras, las menos, aparecen elementos sustitutos que desafían al investigador a descifrar el enigma como un mensaje encriptado. Pasó, por ejemplo, con el caso de Ariel Muccini, un rosarino de 38 años residente en Alemania que fue asesinado de una puñalada el 27 de diciembre de 2005. Caso con todos los ingredientes de la novela problemática: crimen entre cuatro paredes, mínimas huellas, arma ausente. Pero el autor dio su paso en falso: tal fue su glotonería al usar la tarjeta de débito de la víctima que fue detectado. Homicidios obtuvo de un banco alemán el detalle de movimientos con los comercios y horarios donde se hicieron compras. Con eso llegaron a las personas hoy procesadas por ese asesinato.

Pero esa resolución típica de las policías científicas es por lejos inusual aquí, donde la policía sigue deteniendo a muchos para investigar y no al revés. Y, a veces, insistiendo con muletillas devenidas clisés en relación a los crímenes y sus autores. Corbellini asegura no hacer trampa. "Cuando yo digo que tengo identificados a los autores, aunque no los tenga detenidos, es porque tengo pruebas, elementos para formular cargos. Si sólo tengo ruidos, sospechas, prefiero no decir nada".
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La mayoría de los crímenes esclarecidos son los que tienen una trama menos compleja.

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