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 domingo, 26 de septiembre de 2004

Bajo rendimiento escolar
Búsqueda de soluciones

¿Qué le sucede a mi hijo que siendo tan inteligente le va mal en la escuela? La decadencia progresiva y cada vez más angustiante respecto a la calidad educativa requiere de una toma de conciencia urgente. Las quejas de los padres por las deficiencias de los servicios educativos, son ciertamente -aunque parezca paradójico- una buena noticia, ya que ello denota que advierten sobre la importancia de la calidad de la enseñanza en el mundo actual.

El darse cuenta implica buscar soluciones a las dificultades en el aprendizaje, producto de causas de múltiple origen y, en su mayoría, de buen pronóstico.

La búsqueda de respuestas inmediatas tiende a relativizar la zozobra que le genera a padres y docentes el hecho de que un niño quede fuera del sistema educativo vigente, ya que si ese hecho se concreta esa situación estaría diciendo que ha comenzado su proceso de marginación del mercado laboral.

Por eso es imprescindible dar respuestas concretas, y al decir de Juan Carlos Tedesco, tomar conciencia que "hoy lo urgente, es el largo plazo". Cuando una dificultad en el aprendizaje se manifiesta, generalmente es el docente el que da la voz de alerta: "¡Aquí sucede algo!".

Para muchos papás resulta incomprensible e inadmisible que su hijo/a que normalmente es tan ágil mentalmente, no logre cubrir las expectativas básicas que se requieren para permanecer en el aula. Adjudican, sin mediar razón, que la problemática se encuentra instalada en la escuela, o bien que son lo docentes quienes no valoran a su hijo/a y no respetan sus tiempos de aprendizaje. También habrá quienes distribuyen culpas que se depositan alternativamente en el niño/a y en sus padres, quienes suelen tener opiniones absolutamente dispares respecto a su vástago.

Es importante que los padres escuchen a los docentes y consulten con profesionales especializados y de su confianza, tanto del ámbito de la salud como de la educación.

Al llegar el niño/a a la consulta es necesario hacer una exhaustiva tarea psicodiagnóstica, multi e interdisciplinaria; esto permitirá conocer con mayor certeza las causas que operan para que esa dificultad se haya hecho manifiesta. Así será posible establecer estrategias metodológicas tendientes a revertir la situación en bien de quien aprende, y para una mayor tranquilidad de padres y docentes.

Es muy factible que cada uno de los implicados esté cercano a las causas que se pueden observar objetivamente, tales como el bajo rendimiento escolar o los trastornos de la conducta. Lo cierto es que con seguridad, parte de esa inquietud o depresión tienen origen en una causa real que habrá que investigar.

Ahora bien, ¿por qué es tan notoria esa diferencia entre lo que ocurre en casa y lo que acontece en la escuela? Una respuesta posible es que los contenidos escolares, a diferencia de la información que se transmite en el hecho comunicacional diario, requiere de una atención sostenida que excede la posibilidad de un niño que se encuentra transitando procesos como los descriptos.

El rendimiento escolar insuficiente puede revertirse. Para comenzar, papá, mamá y los docentes deberán primero valorar las cualidades positivas de su hijo alumno y así, en forma conjunta, elaborar la estrategia más conveniente teniendo como punto de partida el respeto y el amor que merece cada persona, cualquiera sea su singularidad.

El derecho a la educación es innegable, como también la obligación de que se lleve a cabo en las mejores condiciones posibles, lo que es responsabilidad de todos los actores sociales implicados en el hecho educativo.

La igualdad de derechos sigue siendo actualmente letra muerta, y más aún cuando el sujeto de la educación padece algún tipo de corrimiento de la norma, por eso es tan importante el abordaje educativo terapéutico ni bien aparecen los primeros síntomas.

Silvia Susana Bárbara, psicopedagoga directora del Centro de Pedagogía y Terapéutica de la Diversidad

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