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 sábado, 27 de diciembre de 2003

Editorial
Pirotecnia: un paso adelante

La realización de las tradicionales fiestas de fin de año no se erige en el país únicamente como el pretexto ideal para la reunión familiar alrededor de una mesa bien regada y servida, sino también para excesos injustificables en el marco de la celebración popular, tales como el uso inadecuado de la pirotecnia. Así, resulta bien conocido que gran parte del flujo informativo de la Navidad o del primer día de un año que comienza se vincula inevitablemente en la Argentina con los heridos, lesionados o mutilados por la manipulación de petardos. Esta Nochebuena, sin embargo, Rosario dio pruebas de madurez en ese sentido, ya que las cifras de afectados por dichos artefactos resultaron sensiblemente menores que las de otras ciudades.

El hecho resulta auspicioso, sobre todo si se recuerda la facilidad con que se puede adquirir en la ciudad material pirotécnico cuya utilización reviste indudable peligrosidad, fundamentalmente para los menores. Y marca un paso adelante en la imprescindible erradicación de un hábito social pernicioso, que se extiende a lo largo y lo ancho de toda la geografía latinoamericana.

En tal sentido, debe remarcarse que sólo a partir de la repulsa masiva de la gente es que se llegará a concretar tan deseable objetivo. Porque ninguna medida de coerción logrará, por más estricta que su aplicación fuera, sustituir en ese aspecto a la cultura de la ciudadanía.

En una sociedad que lamentablemente contempla como normal el empleo de artefactos pirotécnicos de elevado poder en las marchas de protesta de cualquier signo -recuérdese que una de las funestas consecuencias que arrostró este vicio fue nada menos que el incendio que devastó el Museo de Ciencias Naturales y la Facultad de Derecho-, el que la ciudad exhibiera anteanoche una fisonomía mucho más tranquila que lo habitual, además de que se percibiera una cantidad mucho menor de explosiones que en pasadas Nochebuenas, amerita extenderse en el elogio.

Muchas veces se ha aludido en esta columna a la necesidad de que la sociedad civil se fortalezca, aprendiendo y defendiendo hábitos de convivencia respetuosa. Ojalá la saludable tendencia observada el miércoles por la noche se confirme y se profundice el próximo 31 de diciembre. Sería una bienvenida muestra de madurez, en un momento histórico que la necesita más que nunca.

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