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 domingo, 18 de febrero de 2007  
Yo creo: "Festivales eran los de antes"

José Luis Cavazza / Escenario

A los festivales de rock los inventaron los hippies en los 60. Para ellos eran colosales happening. Aire libre, cuerpos libres de ropas, amor libre y droga libre. Y rock. El de Monterrey fue el primero, en 1967. Le siguió el Hyde Park londinense, en el 69, que fue bastante atípico al ser gratuito y porque las estrellas fueron los Rolling Stones, que dedicaron su actuación a la memoria de Brian Jones muerto unos días antes. Mick Jagger apareció en el escenario con faldita y leyó a modo de requiem una poesía de Keats y luego soltaron unas palomas. Hasta ellos parecían hippies. El festival de Altamont, también en el 69, organizado por los Stones fue la página negra en la historia de los grandes festivales, tal cual el Festival de la Solidaridad del 82 en Buenos Aires durante la guerra de Malvinas lo fue respecto a la historia del rock argentino. En Altamont, los malvados Hells Angels fueron contratados por la organización como servicio de seguridad y por eso no extrañó demasiado la muerte de un muchacho negro durante el festival. Se sabe, Woodstock y la isla de Wight fueron los macro-happening más recordados. En los 70 ya no quedaban festivales de rock con estas características. Es cierto, tampoco quedaban muchos hippies en el mundo. En Argentina, en cambio, en los 70 se largaron los B.A. Rock organizados por la revista Pelo, con todo el mundo enfrascado en el cliché de amor y paz, menos Billy Bond y la Pesada del Rock. Luego apareció la película "Hasta que se ponga el sol", con Spinetta corriendo en cueros por el escenario y... chau festivales, aunque hoy haya más festivales que recitales de rock. De todos modos, la convocatoria parte no ya desde la búsqueda de una forma de vida distinta sino desde una marca de bebida o sólo porque estamos en el verano o porque se acaba el verano. Así son ahora los festivales de rock. Así es el rock hoy. Como dijo una vez Frank Zappa: "El rock es un componente imprescindible de la sociedad contemporánea: es funcional, saludable y artísticamente válido. Y también es un gran negocio".
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