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 sábado, 22 de julio de 2006  
candi
Charlas en el Café del Bajo
-Un día, un buen día, se me ocurrió escribir un artículo que llevara por título "La unión de los buenos". Me dije: como título de un comentario periodístico es un rotundo fracaso, nada más "des-atrapante", nada más ridículo, además, en una cultura en donde algunas cuestiones mueven a risa.

-¿No encontró otro título más cautivante? ¡"La unión de los buenos"!, que cursilería.

-Ciertamente sí. La verdad es que el artículo en cuestión jamás lo escribí. Pero hoy, en medio de tantos pesares que tienen a mal traer a la psiquis y al espíritu de la humanidad, como consecuencia de las trapisondas de los malos, a esta columna le pondré por título ese que no vivió para encabezar mi reflexión: "La unión de los buenos".

-Comencemos por definir quienes son los buenos.

-Magnífica pregunta: ¿Qué es ser bueno? ¿Quiénes son los buenos? En mi opinión un ser bueno es aquel que aún cometiendo un acto malo reflexiona sobre el mismo y se arrepiente. Cuanto más rápido es el arrepentimiento y cuanto más intenso, mayor es el grado de bondad. Un ser bueno es aquel que se la pasa pensando de qué forma puede colaborar para un orden más justo. Fíjese que hasta ahora pongo en el plano de los buenos a aquellos que sólo tienen intenciones, pero no accionan lisa y llanamente.

-Muy complaciente.

-Un ser bueno es aquel que es tolerante, afable, que está dispuesto siempre a dar de lo que posee sin pensar en el retorno. Puede dar bienes espirituales o bienes materiales. Cuando el hombre, el ser humano no sólo tiene arrepentimientos e intenciones, sino que produce escaso daño y acciona directamente de manera altruista, estamos en presencia de un ser muy bueno que, según creo, está en los umbrales de la casa de los justos o de los santos.

-Bien. Sigo sus palabras con interés.

-He pensado mucho en la escena que sigue: cierto día, en algún lugar del mundo, estos buenos se unen y orientados de algún modo por los más buenos, por los aspirantes a justos e iluminados por los grandes maestros espirituales que tuvo la humanidad, dicen: "¡Unámonos y terminemos con el mal!".

-Sería maravilloso.

-De manera que los buenos negros, los buenos blancos, los buenos cristianos, los buenos judíos, los buenos musulmanes, los buenos ateos, los buenos de izquierda, los buenos de derecha, los buenos empresarios, los buenos obreros, los buenos profesionales..., en fin, los buenos de todos los signos en un magnífico encuentro dicen de pronto: "Antes que nada queremos el bien, de modo que aún cuando pertenecemos a determinados y específicos signos políticos, religiosos o sociales, no podemos tolerar las injusticias que se cometen".

-Sería algo excepcional que modificaría el orden mundial en pocos días.

-Días pasados, Pepe Eliaschev, el reconocido periodista argentino, de paso por Rosario dijo algo muy profundo a propósito de una exhortación mía.

-Usted dijo, al fin de la conferencia que dio Eliaschev, en el transcurso del acto con que se conmemoró un nuevo aniversario del ataque a la Amia: "Que venga pronto el Mesías".

-Sí, y Eliaschev dijo algo profundísimo que no sé si todos alcanzaron a comprender: "El Mesías está en nosotros".

-Tampoco estoy seguro de que todos hayan comprendido qué quiso decir usted con eso de..."¡que venga pronto el Mesías!". Sería bueno que mañana lo aclarara. Pero termine con la idea de hoy.

-Eliaschev tiene razón. Es hora de cambiar todo esto que abruma y aflige, es hora de dejar libre al Mesías que cada bueno lleva en su interior y que se diga: ¡Basta, basta de estar agrediéndose los buenos, que son la mayoría, la inmensa mayoría de la humanidad! Es hora de comenzar a luchar contra el verdadero enemigo: ese mal que a veces se disfraza de ser humano. Sólo se disfraza, porque la imagen de Dios no puede ser burlada. Mañana seguiré.

Candi II

candi@lacapital.com.ar




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