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 domingo, 05 de diciembre de 2004  
Editorial
Privilegiar a los barrios

La ciudad vive un momento muy especial. Después de haber sido -durante breves pero inolvidables días- el centro del universo cultural hispanoamericano merced a la exitosa realización del III Congreso Internacional de la Lengua Española, se aproxima al fin del 2004 con la sensación del deber cumplido y la convicción de que los positivos acontecimientos vividos durante el transcurso de este año pueden convertirse en la plataforma de lanzamiento para un mejor futuro.

De ello es consciente la administración municipal y también de que la mayor necesidad la padecen los barrios, tantas veces postergados. Así ha quedado demostrado, al menos, por intermedio del plan de obras que presentó en sociedad el pasado jueves el intendente Miguel Lifschitz. El programa -calificado por el propio Lifschitz como "el más ambicioso en muchísimos años"- incluye proyectos de evidente importancia, tales como el asfalto definitivo en todos los distritos urbanos, la apertura de nuevas calles, el mejoramiento de avenidas y accesos viales y la infraestructura para desagües pluviales.

En momentos de crisis como el presente, uno de los motores que impulsan hacia adelante con mayor fuerza el vehículo de la economía es la obra pública, poderoso antídoto, además, contra el flagelo del desempleo. Entre los anuncios más importantes se encuentran el comienzo, previsto para enero próximo, de la pavimentación en 316 cuadras, la remodelación de bulevar Seguí en el tramo comprendido entre Ovidio Lagos y Circunvalación, el ensanche de calle Junín y la reparación de avenida Uriburu. Pensados para "resolver los problemas estructurales" de la periferia de la urbe, la ejecución de estos proyectos traerá aparejado un fuerte y bienvenido crecimiento de la demanda laboral en la zona.

El tantas veces explícito reclamo de los barrios, cuyos habitantes suelen quejarse de que se privilegia el sector de la ciudad situado "entre los bulevares", se verá satisfecho. Y aunque tanto reste todavía por hacer para que Rosario se convierta en lo que sus potencialidades prometen, las señales son claras: se está en el buen camino. Ojalá que la actividad privada, que también ha levantado cabeza, continúe su expansión de manera simultánea al impulso que se imprime desde la esfera pública, donde parece haberse comprendido definitivamente que la calidad de la gestión se mide en hechos y no en palabras.
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