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 domingo, 24 de diciembre de 2006  
candi
Charlas en el Café del Bajo
-Es el atardecer, el crepúsculo y he comenzado a escribir esta columna que será mi preludio de la Nochebuena, mi víspera de la Navidad. ¡Tantas cosas por decir y tan pocas palabras! Por estas horas hay ausencias que se sienten, y mucho. Hay un vacío que no es desolador, es cierto, pero es nostálgico y tal vez, sólo tal vez, apenas doloroso. No reniego de el, no lo maldigo, no me quejo. Ese vacío me enseñó muchas cosas. La primera de ellas, acaso la más relevante, es el comprender el dolor del otro, imaginarlo. Si es que se puede, sentirlo como si fuera propio. Hay un instante crepuscular nostálgico, más no me quejo ¿No sería un lamentable pecado, una soberbia ofensa a Dios y a la misma vida la queja por apenas una nostalgia, un sutil dolor? Claro, porque mientras un mundo al que pertenezco, al que pertenecemos lector, esta noche transcurrirá en la celebración, otro mundo mucho más melancólico que el nuestro, mucho más angustiante andará por el profundo dolor. El nuestro, después de todo, no es tanto.

-Perdónenme, siento mucho recordarlo. Se que mis palabras no suenan como el choque de los cristales, ni ascienden hacia la euforia y el alborozo como las burbujas del champaña. ¿He sido inoportuno con mi recuerdo? Tal vez sí, lo reconozco. Pero tal vez alguien repare en la mucha tristeza que también hay este día y se pregunte para sí: ¿al fin y al cabo no soy un bendecido? Y tal vez la mera comparación con otras realidades muestre que, después de todo, nuestras nostalgias son fútiles e inadecuados sentimientos.

-Es posible que el mirar en nuestro rededor, por estas horas, nos ayude a valorar un poco más lo que tenemos y lo que somos. Y es posible también que, al aguzar la vista entre nuestra posesión y la del prójimo, no sólo dimensionemos nuestra pertenencia, sino que advirtamos que aún de lo mucho que tenemos podemos dar al otro. Tal vea a veces no podamos tanto, es cierto, tal vez a veces supongamos, sólo supongamos que estamos en el mundo de la celebración.

-Verdaderos, sublimes, exquisitos regalos: una oración, un gesto, una caricia, una sonrisa, un pensamiento, una palabra, una acción que podríamos dar, que podríamos recibir. Recibir a veces es bueno, y si se recibe si n haber pedido es aún mucho mejor.

-Y allí, amigos míos, encontramos la exacta Navidad. Es el atardecer, es el crepúsculo y va mediando esta columna que es mi preludio de la Nochebuena, mi víspera de la Navidad. Hay un rasgo de nostalgia en las palabras, un sabor a sinsabor y, sin embargo, en este mismo atardecer que se desvanece de a poco, que muere allá en el horizonte, sutilmente, delicadamente, se va levantado de a poco esa luz, ese otro nacimiento: dice el poeta colombiano Guillermo Valencia que hay un instante en el crepúsculo. "Mi ser florece en esa hora/ de misterioso florecer;/ llevo un crepúsculo en el alma,/ de ensoñadora placidez;/ en él revientan los renuevos/ de la ilusión primaveral,/y en él me embriago con aromas/ de algún jardín que hay ¡más allá!".

-Creo que estos momentos del atardecer previo a la Nochebuena, algunas nostalgias, no son definitivas, ni pueden ser definitorias.¡Quién sabe! Creo que algunas preocupaciones, ciertas dificultades que parecen ensombrecer nuestro momento, no son sino vanos espectros. ¡Ojalá! ¡¿Acaso no vemos el verdadero dolor, ese más agudo que danza sobre el otro?! Sí, y entonces advierto que hay un crepúsculo en mi alma, pero no es sino por la luz que en el prójimo se está desvaneciendo; o por mi propia luz que se termina, no lo sé ¡Y mientras descubrimos todas la sombras que por allí se ciernen, resaltan los dones que nos adornan. Ellos mismos nos alientan a decir que hay un jardín no tan allá en el que revientan los renuevos de la ilusión primaveral.

-Y no es una imagen sin verdadera realidad, es la esperanza viva de ese otro nacimiento. Navidad, un instante de reflexión, una introspección. Navidad, una oración, un pensamiento, un ruego. Navidad, un jardín que a veces se encuentra más allá y otras veces no tan allá. Navidad, un nacimiento, otra vida, un dolor, un llanto primero y la luz después. Esa luz que se ve a lo lejos entre tanta sombra en el camino. Ese jardín florido que se ve desde este otoño, esa esperanza.

Candi II

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