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 domingo, 02 de julio de 2006  
Un perito dice que Lino y Pepo no tienen perfil de delincuentes seriales

Ariel Etcheverry / La Capital

Los perfiles psicológicos de Lino y Alberto Pepo Bertuzzi, acusados de dos hechos atribuidos al Loco de la Escopeta, no son compatibles con el comportamiento de un delincuente serial. Una pericia judicial reveló que no se detectaron causas psicológicas que los ubiquen en una tendencia sistemática a la realización de actos violentos. Esas conclusiones están incorporadas en el expediente que tiene a los hermanos sometidos a juicio por el ataque a un ómnibus de la línea 107 ocurrido el 23 de mayo pasado a pedido del juez de la causa, Alfredo Ivaldi Artacho.

A todo esto, los abogados defensores de los Bertuzzi, Adrián Ruiz y José Ferrara, pidieron que ese informe sea anexado al otro expediente que tiene a Lino como presunto autor del homicidio de la niña Florencia Rubino, el episodio más grave de la saga del Loco de la Escopeta. Los letrados consideraron que ese trabajo es importante para probar que sus clientes no estuvieron en condiciones psíquicas de perpetrar los ataques que se les imputan.

El estudio, que fue elaborado por el psicólogo forense de Tribunales Jorge Degano, se centralizó en despejar dudas sobre once puntos planteados por el juez de instrucción. Según fuentes cercanas al expediente, la pericia se realizó en base a entrevistas que el profesional mantuvo con Lino y Alberto. Con este último habló en el instituto psiquiátrico en el que se encuentra internado. Las cuestiones más importantes sobre las que fue consultado Degano fueron las personalidades de los hermanos, si son capaces de comprender la criminalidad de los actos o distinguir actos ilícitos, si revelan peligrosidad para ellos mismos o terceras personas y si se detectan signos o perfiles en sus comportamientos compatibles con hechos como los atribuidos al Loco de la Escopeta, entre otros puntos.

Con respecto al ataque al colectivo de la línea 107 producido el 23 de mayo de 2005 sobre el viaducto Avellaneda, le preguntaron al psicólogo si detectó signos en sus personalidades compatibles con la producción de un atentado de ese tipo. El profesional manifestó que los Bertuzzi "no presentan, tanto individualmente como en la dupla subjetiva que conforman, un perfil específico que oriente a presumir la producción de actos violentos". Pero al mismo tiempo formuló una salvedad: "Ello no quita que, en ocasiones muy especiales, a partir de la tendencia de ambos a disociar aspectos de la realidad, puedan verse involucrados en la realización de los mismos".

Enseguida a Degano le preguntaron si hay datos en las personalidades que sean compatibles para la "perpetración de hechos en forma serial con similar modalidad a la del escopetero o Loco de la Escopeta". A lo que respondió: "No es posible determinar causalidad psíquica de una tendencia sistemática a la realización de actos violentos como los investigados en la causa judicial".

Otra de las dudas que se plantearon en el pedido de informes fue si durante las entrevistas se detectaron antecedentes que permitieran explicar la supuesta comisión del hecho en cabeza de uno o ambos imputados. "No ha sido posible detectar situaciones que permitan confirmar explicativamente los episodios investigados".


Los padres, los hijos
Más allá de los puntos vinculados al atentado del 23 de mayo de 2005, el informe brinda una semblanza de los Bertuzzi en el ámbito familiar y define los posicionamientos de quienes fueron los hermanos más chicos de la familia. "Los padres, actualmente fallecidos, mantenían una unidad formal en la relación familiar, siendo el padre una persona desafectivizada para con los hijos, con comportamientos altamente severos y con aspectos de crueldad. La madre tenia un lugar secundario no estando a la altura de la figura dominante del padre, quien ejercía una conducción despótica de la familia".

Según Degano, la relación con los ascendientes de familia estaba "desdibujada, ya que los Bertuzzi no mantenían ningún vínculo familiar continuado. Los hijos no conocían a los abuelos y las referencias de los mismos eran escasas y fragmentadas". Para el profesional, esta situación hacía emerger "una relación familiar insular, donde toda referencia terminaba en los mismos bordes del grupo, sin continuidad ni, consecuentemente, posibilidad de apelación más allá del padre".

En el caso de Lino y Alberto, una vez adultos, "no existía la diversión pública, ni las actividades distractivas, ni la relación con amigos aun del orden que sea, ni la presencia sistemática de relación con mujeres. Sus vidas transcurrían en el marco de su vivienda y el trabajo de reparto como únicos espacios de habitabilidad posible".
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