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 sábado, 04 de diciembre de 2004  
Para no educar a estudiantes amnésicos
El lugar de la memoria y la identidad en la formación de los chicos y los jóvenes

Enmarcados en el plan "Más historia en las aulas", pretendemos poner a debate el espacio que ocupa nuestra historia en la educación y formación de nuestros jóvenes

El fabuloso encuentro de la Lengua y de las Lenguas permitió ver en la ciudadanía rosarina, un interés poco común por la identidad cultural. La mayoría de los discursos oficiales, comenzando por Carlos Fuentes hasta el del Gobernador santafesino Jorge Obeid, fueron pensados para evocar la "memoria histórica" de los pueblos hispanoamericanos.

Contradictoriamente, transmitir saberes que refieran a nuestra propia historia, trabajar con los contenidos que hacen referencia a valores y acciones democráticas se ha complejizado aún más. A partir de los 90 fueron considerados conocimientos poco útiles para algunos e innecesarios para otros.

Sin embargo, algo perceptible en los últimos tiempos, es la sensación de un comienzo de reconocimiento, en distintos ámbitos, que la historia y su enseñanza son importantes. En especial, el conocimiento de la historia local en relación con la nacional y global.

Reeditar la memoria en nuestros alumnos permite que los mismos sientan que son parte de un eslabón ancestral compartidos por otros de su misma región y que aquellos que los antecedieron son parte del mismo suelo que pisan.

Permite significar responsabilidades y compromisos éticos con la sociedad que somos parte. Construir un sentimiento común donde los "mayores" tenemos la obligación de abrir las puertas de nuestra cultura a los "nuevos" como nos diría Hannah Arendt.

La historia en tanto construcción humana en un tiempo pasado y un espacio determinado en relación, es una de las áreas de gran impronta desde donde plasmar principios identitarios.

Reeditar la memoria supone poner en acción operaciones intelectuales que posibilitan la creatividad y la superación de supuestos naturalizados por distintas generaciones y muchas veces erróneos de lo que aconteció.


El derecho
Conocemos la norma constitucional del artículo 14 que consagra el derecho de enseñar y aprender. Sin pretensión de análisis jurídico nos interesa entonces reflexionar en torno a la relación derechos, ciudadanía y aprender-enseñar historia.

Distintas pueden ser las cuestiones para abordar esta relación propuesta. Sin desconocer los cuestionamientos que pesan sobre la escuela moderna y el rol docente, nos interesa repensar lo aprendido por aquellos que quedaron sesgados en su formación: los alumnos.

¿Por qué creemos muchos docentes que nuestros jóvenes tienen derecho a conocer su historia? Nos referimos a la construcción común de un pasado que nos constituye, que nos pertenece. Un pasado que nos significa como Nación, como ciudad, como barrio, como región en un mundo global; que nos permite conocer, apropiarnos de aquellos rasgos culturales que nos identifican, posibilitando resignificar los conceptos a cuestionar.

¿Qué aprenden? ¿Cuánto aprenden? ¿Cómo lo aprenden? Cada institución escolar con todos sus docentes reinventó modos de sostener espacios para la mejor y más completa educación de sus alumnos. Pese a los grandes esfuerzos, hoy se observan importantes baches. Es necesario un acompañamiento ministerial con modificaciones acordes a las demandas de toda la comunidad educativa, que superen el voluntarismo docente al que quedó librada la enseñanza de nuestro pasado.

La cuestión va por ríos aún más profundos: la ignorancia, el desconocimiento de la historia nacional, ni qué decir de la regional o local. El derecho a la educación se funda en el espíritu de igualdad y libertad.

¿Cómo podemos forjar en nuestros aprendices principios y prácticas democráticas, si como maestros no tenemos la posibilidad concreta de profundizar nuestro trabajo conjunto, con relación al pasado, derecho de todos? En las asimetrías ya existentes, ¿estamos formando ciudadanos de primera y de segunda, tal vez de tercera?

La situación tras los años llegó al punto insólito: son ahora los alumnos los que comenzaron a demandar en las escuelas la necesidad de conocer su pasado. Aparecieron casos donde frente a la inexistencia de la materia historia en el polimodal (según la terminalidad) tuvo que incluirse un tiempo para satisfacer su demanda.

La historia, en tanto pasado nos remite a la memoria. La necesitamos para vivir nuestro presente, para conocernos, comprendernos y poder explicarnos. No implica una homogenización de pensamiento, por lo contrario en el trayecto venturoso que conlleva todo trabajo histórico, desmitificamos, buscamos la verdad, nos encontramos diversos, nos encontramos con los otros, trabajamos sobre nuestra memoria individual y colectiva. Reflexionar sobre la importancia que el pasado tiene en nuestra vida actual excede temáticas cómo la crisis del 2001.

La historia nos permite hacer de la crisis una oportunidad, al superar el sin sentido, la desintegración (significación occidental del concepto crisis) cuando apelamos a la memoria reflexiva y crítica. Cuando le damos uso.

Si la memoria puede verse como aquello que guarda, ¿por qué nos obligan al olvido? ¿por qué educar amnésicos?

Tenemos el derecho a interrogarnos y a enseñar a interrogar a nuestros alumnos, a tener tiempo real para lograr aprendizajes. La clase es un encuentro humano donde "damos clases". Un diálogo donde confluyen distintos sistemas de representación. Pero, ¿cómo significar el presente o interpretarlo sin pasado?

Tenemos el derecho como ciudadanos a redefinir nuestro presente, a sentirnos parte de él, a buscar un sentido, una identidad a partir de la cual integrarnos con otros. También a transmitir aquello que para nuestra cultura es valioso a las nuevas generaciones.

¿Por qué? Porque aquellos que se empeñan en comprender se implican-se comprometen, pueden tomar decisiones libres y aspirar a cambios.

¿Para qué? Para construir una sociedad mejor, más digna, más equitativa. Para esto necesitamos también del conocimiento de nuestra historia.

(*)Profesora y licenciada en historia. Miembro del Cicso-UNR y del Instituto de Historia de la UCA. Docente en nivel medio y universitario. ([email protected])
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