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 sábado, 28 de agosto de 2004

La reflexión tiene lugar en el aula

Ernesto Sábato afirma que "el ser humano aprende en la medida en que participa del descubrimiento y la invención, que debe tener libertad para opinar, para equivocarse, para rectificarse, para ensayar métodos y caminos, para explorar". Con este espíritu año a año se mueve el trabajo docente que acompaña a las ferias de ciencias y el trabajo en taller, que funciona como un espacio abierto a la cotidiano y a los contenidos que responden a los intereses propios del alumno.

El aula-taller es el sostén de trabajo de esta idea. Se trata de un espacio físico concreto, donde se realizan las actividades propias del aprendizaje, pero además es un espacio social donde los alumnos aprenden a compartir y a aprender de sus propios compañeros. Es decir, un aula-taller es un ámbito donde resulta agradable estar y hacer cosas, un espacio que permite la participación activa de todos, donde cada uno construye sus conocimientos en interacción con los demás. Es facilitador de la autonomía y la autoestima.

En un aula-taller, comunes en los talleres de ciencias, el medio que rodea al niño no queda afuera, funciona como otro ámbito educativo. El trabajo que surge es el que promueve la puesta en marcha de una investigación, cuyo primer paso es delimitar uno o varios problemas vinculados con alguna temática interesante, a efectos de que el alumno se enfrente a situaciones conflictivas.

Esto permite a los docentes analizar las representaciones que tienen en relación con los contenidos abordados, especialmente cuando ellos intentan explicitar sus concepciones y reflexionar sobre ellas para avanzar en el aprendizaje.

Otro momento prevé la posibilidad de plantear hipótesis de trabajo, donde se valoriza el intercambio oral y la intervención constante del docente para promover cambios en el pensamiento de los niños. Se trabajan tanto la aplicación de conceptos y conocimientos como la elaboración de explicaciones a partir de la intuición. En particular, es destacable cómo los niños utilizan la imaginación para tratar de comprender la problemática planteada. Luego vendrá la búsqueda de información, donde es clave la figura del docente como orientador. Ellos rastrearán libros y diferentes tipos de texto, incluida la PC e Internet. En esta tarea de indagación el estímulo a la observación se vuelve clave.

Aquí el aula también puede, y debe seguramente, transformarse en un laboratorio para el desarrollo de actividades experimentales creando un espacio abierto a la experiencia controlada. Esto permite al docente un seguimiento de los experimentos, o en algunos casos, proponer aquellos no previstos cuando surja la necesidad a partir de un tema, a partir del planteo de un problema o de otras actividades que se vayan desarrollando.

Entonces el alumno no se limita sólo a manipular materiales, observar, mezclar, medir, completar cuadros, sino que trabaja con sus marcos interpretativos, desde los cuales construye los nuevos significados. En estas circunstancias el docente interviene en los hechos y las actividades movilizando el funcionamiento intelectual del niño.

En el trabajo del taller de ciencias, lo cotidiano, que normalmente por costumbre o comodidad siempre es dejado de lado, se vuelve siempre, un objeto de aprendizaje. Por eso es preciso promover la interacción entre los contenidos científicos y la capacidad de los alumnos de abordarlos, en función de su desarrollo intelectual y sus representaciones. Hay que intentar entonces provocar en ellos continuas reflexiones sobre su forma de abordar los conceptos; abocarse a actividades concretas y variadas para sacudirles el polvo a "viejos" contenidos. Y trabajar en cada encuentro con la convicción de que la verdadera educación tiene que hacerse no sólo para lograr la eficacia técnica sino también para formar hombres y mujeres íntegros.

Flavia Pascualini

Claudia Romagnoli

Alejandra Romagnoli

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