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 miércoles, 11 de febrero de 2004

Colón al 3700
Un pibe de 7 años herido en medio de una balacera

Son las 2 de la tarde y Brian acaba de llegar del dispensario donde le curaron una herida de bala. Camina cabizbajo y apenas levanta la vista para indicarle al fotógrafo donde le dispararon. Parece triste y no puede disimular el miedo que lo invadió desde que el lunes a la noche fue alcanzado por un tiro mientras dos bandas de jóvenes dirimían sus diferencias en una esquina de la zona sur de la ciudad. El nene, de 7 años, no puede entender que salvó su vida de milagro porque el proyectil le rozó la región costal.

Brian Leonel González vive con sus tres hermanos y sus abuelos en una humilde vivienda de material de Colón 3778. Cerca de las 21 del lunes jugaba con unos amigos al fútbol en un descampado de Biedma y Colón, a media cuadra de su casa, cuando se desató una de las habituales balaceras que deben padecer los habitantes del barrio San Martín. Dos grupos de muchachos decidieron saldar sus desavenencias a los tiros. "Tiraban a mansalva y no les importaba que hubiera mucha gente en la calle", explicó Angel González, el abuelo de Brian, de 49 años.

El chico no se dio cuenta de que un proyectil lo había lastimado y creyó que se trataba de un juego pirotécnico. Caminó hasta su casa y apenas llegó le dijo a sus hermanos que "le había pegado una chispa" porque confundió el proyectil con un "cohete".

Ya para entonces los contendientes se habían esfumado y su abuelo lo subió a su auto y lo llevó al Hospital de Niños, donde media hora después lo atendieron. Brian todavía no se había percatado de lo que había ocurrido. Dos horas más tarde, mientras esperaba el resultado de "unos análisis" comprendió que lo habían baleado y estalló en llanto. "Se asustó mucho y tuvimos que tranquilizarlo", comentó González.


Indefensos
El hombre aseguró que los muchachos que asolan la barriada viven en la zona. "La policía dice que los tiene identificados y a veces los llevan detenidos por averiguación de antecedentes. Algunos de ellos viven en el pasaje Villar y Esmeralda", señaló el hombre.

Brian está vestido con una remera, unas bermudas y ojotas de color amarillo. Acaba de arribar del centro Pasteur, ubicado a unas cuatro cuadras de su casa, y sus hermanos de 4, 3 y 2 años clavan sus ojos en este pibe tímido. Lo miran como si fuera un héroe sin entender que el nene estuvo a punto de perder la vida.

En el patio de tierra de la casa de Colón al 3700, González se queja de que estos episodios violentos ocurran con tanta frecuencia. "El sábado y el domingo anduvieron a los tiros en la esquina de 24 de Septiembre y Colón. Tenés que tirarte al suelo como en la guerra para que no te den un balazo. Parece que es un milagro que todavía no mataron a nadie", se lamenta.

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Brian muestra la herida que le provocó la bala.

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