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domingo,
21 de
octubre de
2007 |
Las marcas grabadas en la piel
“¿Soy adoptada?” le preguntó hace casi dos años Stella Maris Córdoba —de 53 años— a una prima después de que falleció su papá. La respuesta cambió su vida y descubrió que todos lo sabían menos ella.
Supo que la habían dejado en la Casa Cuna de Santa Fe con tan sólo un mes. Viajó hacia allí y la directora le mostró un enorme libro con hojas amarillas. Las letras caligráficas, estampadas en tinta, arrojaron luz a su pasado.
Mientras relata a La Capital su historia abre una fotocopia del antiguo libro en el que se lee que el 15 de febrero de 1954 habría sido su fecha de nacimiento, según una certificación del médico forense. El 21 de marzo, a las 18.15, fue dejada en el hogar. En ese mismo renglón figuran los nombres de Domingo Córdoba y María Romero de Córdoba, sus padres adoptivos, y la fecha, 9 de mayo del mismo año, en que la retiraron del hogar santafesino.
Después de 50 años. Stella Maris esperó 53 años para preguntar. Hace 15 que murió su mamá y casi dos que falleció su padre. Creció creyéndose rosarina, de hecho sus papeles así lo afirman, tanto el DNI como la partida de nacimiento certifican que nació en Rosario el 9 de mayo de 1954 (día en que la retiraron del hogar de Santa Fe). Ahora, docente, cuando sus alumnos le preguntan dónde nació, se queda sin respuesta.
“Me asaltaba la duda porque veía que mis padres eran muy grandes. Cuando hacía cálculos mi mamá me habría tenido a los 45 y mi papá a los 48. Era mucho para ser hija única”, relata. “Creo que ellos nunca me dijeron nada para protegerme, porque me querían mucho”.
“¿Para qué querés saber?”, le preguntan todavía sus familiares. “Necesito reconstruir mi historia, saber cuál fue la circunstancia por la cual me dejaron en el hogar”, responde.
Tiene dos marcas en los pies. Una tía le contó que se las había hecho su madre biológica para reconocerla. También le dijeron que una de las monjas se escribía con su mamá, pero nunca vio esas cartas.
“Son historias que me fabrico en el aire y estoy cansada de tener fantasías. Quisiera saber la verdad”, suspira.
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