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 miércoles, 27 de diciembre de 2006  
Al patíbulo. El dictador iraquí fue condenado por exterminar una aldea shiita, uno de sus muchos crímenes de lesa humanidad
Saddam será ejecutado en la horca dentro de los próximos 30 días
Un tribunal de apelaciones rechazó su recurso y fijó el plazo máximo para cumplir con la condena a muerte

Bagdad. - Un tribunal de apelaciones iraquí confirmó la condena a muerte de primera instancia contra el ex dictador iraquí Saddam Hussein al rechazar la apelación de la defensa. Saddam enfrentará la horca en un plazo máximo de 30 días, según lo establece la ley iraquí.

El pasado 5 de noviembre, el tribunal especial que juzga los crímenes del derrocado régimen condenó a Saddam a morir junto a dos de sus jerarcas por ordenar el asesinato de 148 habitantes de la pequeña aldea shiíta de Dujail, en 1982. Quienes no resultaron asesinados en ese momento por los esbirros de Saddam murieron luego por cientos en un campo de concentración en las afueras de Bagdad. Dujail fue además bombardeada por orden de Saddam y sus campos de palmeras incendiados. Muy pocos habitantes sobrevivieron, y sus testimonios resultaron fundamentales para condenar al tirano.


Otro proceso por genocidio
Actualmente está en marcha un segundo proceso contra Saddam, por genocidio contra los kurdos. En este caso Saddam ordenó, en 1988, el uso masivo de gases tóxicos, con los que se exterminaron aldeas enteras del norte kurdo de Irak.

Como era de prever, los abogados defensores de Saddam no se mostraron sorprendidos por la decisión del tribunal de apelación. "Se trata de tribunales políticos que no tienen nada que ver con la legalidad, pues han sido establecidos por invasores", denunció en Ammán, la capital de Jordania, Jalil al Duleimi, jefe del equipo defensor de Saddam. Ni la condena a muerte ni su confirmación por parte del tribunal de apelación han llegado por sorpresa, indicó. "La condena es expresión de la justicia de los vencedores", dijo Al Duleimi.

El abogado, sin embargo, no negó los gravísimos cargos de "crímenes de lesa humanidad" por la masacre de Dujail, que el propio Saddam se encargó de ratificar al ser interrogado por los jueces. Para él se trató solamente de un acto de represión legítimo, dado que poco antes había sufrido allí un atentado contra su vida.


Numerosos crímenes
Ahora Saddam entró en la cuenta regresiva: desde hoy, en cualquier momento en los próximos días lo pueden llevar a la horca. Aunque el proceso que lo condenó a muerte fue objetado no sólo por sus defensores, ya que organismos de derechos humanos señalaron las debilidades y falta de garantías del juicio, no hay duda alguna de la culpabilidad de Saddam, tanto en la masacre de Dujail como en el genocidio de los kurdos.

También existen evidencias abrumadoras de las masacres que ordenó en 1991, al ser derrotado en la primera guerra del Golfo. En la esperanza de recibir apoyo de la coalición que expulsó a su ejército de Kuwait, que había invadido el año anterior, las comunidades shiítas y kurdas de Irak, pero también numerosos sunitas, se alzaron en aquel momento contra la dictadura de Saddam. La represión que desató el presidente iraquí fue feroz y se cree que murieron asesinadas cientos de miles de personas. Las mejores divisiones del ejército de Saddam, la Guardia Republicana, atacaron con tanques y artillería ciudades shiítas en el sur del país. Aún hoy, casi no pasa semana en la que no se encuentren nuevas fosas comunes de víctimas de las masacres de 1991.

Doce años después, el hasta ese momento poder absoluto de Saddam se derrumbó cuanto los tanques de EEUU entraron en Bagdad, en la segunda guerra del Golfo ordenada por George W. Bush. Tras su huida de Bagdad, fue capturado en diciembre de 2003 por soldados que lo encontraron escondido en un agujero cerca de su ciudad natal, Tikrit.

El juicio que ahora lo puso en condiciones de subir al patíbulo comenzó en octubre de 2005. Ante una sesión televisada en los tribunales y reclamando tener un lugar en la historia, Saddam dijo a la corte en julio, durante una de sus típicas diatribas, que en su calidad de oficial militar merecía ser fusilado, no ahorcado. El tribunal contestó que ese procedimiento no está contemplado por el código penal iraquí.

Saddam, que significa "el que se enfrenta" en árabe, volvió a los tribunales en agosto para afrontar el juicio por el genocidio kurdo. Este caso aún está en curso y los kurdos desean que se dicte un veredicto antes de que Saddam sea ejecutado.
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En cualquier momento Saddam puede ser conducido a la horca.

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