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 domingo, 23 de julio de 2006  
La carta del señor K

Mauricio Maronna / La Capital

Silencio que no es silencio. La estudiada mesura con que Néstor Kirchner se desenvolvió en la cumbre del Mercosur explica las razones de su éxito.

Frente al obsesivo (y empalagoso) apego a los adjetivos del venezolano Hugo Chávez y la insólita Fidelmanía que se forma cada vez que el jefe del Estado cubano desembarca en territorio argentino, Kirchner guardó en algún lugar su dialéctica explosiva, la estrategia confrontativa y esa adicción por ganar siempre el centro de la escena recurriendo a la ampulosidad gestual.

No hay caso. Ciertos analistas, a la hora de descifrar políticamente a Kirchner, apelan a sus mismos arrebatos. Y, esta vez, se han vuelto a equivocar. Quienes preveían que el anciano líder pasaría una vez más sin sobresaltos por estos lares debieron cambiar de opinión en menos de 24 horas.

El caso de Hilda Molina, una médica cubana, abuela de dos argentinos a los que jamás pudo ver en persona porque el régimen castrista le impide salir del país, resulta indigerible para los mismos diputados, senadores, gobernadores que se desviven por tener a mano un autógrafo de Fidel cada vez que pasa a pocos metros.

La misma franja de la sociedad que es capaz de sentarse a escuchar horas y horas los cada vez menos sustanciosos monólogos del comandante repudia también la situación. Esta vez, ninguno de los canales de cable soportó mantener en el aire sin interrupciones el discurso de Fidel en el campus universitario. El encantamiento no fue el mismo que el que produjo en su última visita, cuando hasta los vecinos de La Recoleta se dejaron llevar por los senderos verbales del mítico líder cubano en las escalinatas de una facultad.

Kirchner tenía para Castro una sorpresa en forma de reclamo: en una carta le dijo que espera una pronta y positiva respuesta para que deje salir de Cuba a Molina. "Como usted bien conoce es de mi mayor interés posibilitar el reencuentro entre la doctora y su familia residente en nuestro país", expresó de puño y letra el santacruceño.

Pocas cosas molestan más a la diplomacia cubana que le marquen el deber ser. Durante la gestión del canciller Rafael Bielsa también se la instó a buscar una solución y Cuba congeló el diálogo. Acertarle con el cascabel al gato resulta tan difícil como aceptar que Castro ponga sus barbas en remojo. Y no por una cuestión de pilosidad.

Durante las deliberaciones, mientras Kirchner lucía adormecido por el palabrerío de su colega caribeño, éste se golpeó el pecho al atribuirle a la isla una contundente supremacía en materia de conquistas sociales. Fue la única vez que el volcán K entró en erupción: "Debo aclararle al señor presidente de Cuba que el índice de mortalidad infantil en mi país no es el que usted dijo. Ahora estamos en 13.5 por mil". Ahí Castro jugueteó con sus manos y le devolvió la estocada. "Pues, chico, puedes bajarlo todavía más", casi ordenó. El bravío hombre del sur ensayó una sonrisa forzada, se mordió los labios y no dijo más nada.

Pragmático como buen peronista y atento a los vientos que soplan en la región, Kirchner buscará de ahora en más que esa carta no se transforme en un telegrama de despido de la relación bilateral. Aparecerán ciertos dinosaurios del periodismo invitando a otros dinosaurios de la política para que el caso Molina termine aburriendo en los programas periodísticos de trasnoche.

La frialdad de Kirchner con Castro (apenas mantuvieron un par de conversaciones, pero jamás a solas) no tuvo la misma coordenada con Hugo Chávez, ícono del populismo con chequera. El venezolano también aburre al presidente argentino (en verdad, ¿habrá alguien que no se aburra de su demagogia elevada al paroxismo?), pero frente al paupérrimo nivel de inversiones de países del Primer Mundo que llegan a la Argentina, el gobierno no parece tener otro norte que no esté representado por el encantador de serpientes bolivariano. El Gasoducto del Sur, la compra de bonos y otros emprendimientos difíciles de decodificar convierten a Chávez en un héroe accidental imprescindible por las circunstancias internacionales.

Pero a la hora de los hechos, Kirchner no titubeó. En la cena de homenaje realizada el jueves, se sentó junto a Michelle Bachelet y Tabaré Vázquez, símbolos de previsibilidad.

La mejor noticia de esta nueva cumbre fue, precisamente, el regreso a la cordura en la relación con Uruguay. El camino del diálogo para intentar destrabar un conflicto sesgado por la estupidez de la condición humana se constituyó en una esperanza, aunque no haya estado contemplada la cuestión en el documento final. Texto que, como casi siempre en este tipo de reuniones, de tan alambicado y abstracto terminó constituyéndose en una nadería.

Una vez que se clausuró la cumbre, Kirchner regresó a la Capital Federal: nada quiso saber de los discursos de Fidel y Chávez en el predio universitario. El país vivió a puro discurso durante días. Los superpoderes y los decretos de necesidad y urgencia (DNU) terminaron con la senadora Cristina Kirchner en reposo, disfónica y con un fuerte estado gripal. Que nadie crea que la situación operará como un bálsamo en la campaña permanente.

Hasta minutos antes del encuentro en Córdoba, el jefe del Estado pasó el mediomundo y logró capturar a varios ejemplares. Los radicales disidentes, fundamentalmente bonaerenses, avalaron los DNU, Luis Juez terminó por acercarse a la concertación made in K y el ARI es un sálvese quién pueda, con Fernando Melillo también cuasi borocotizado.

En Santa Fe, mientras tanto, el centro del escenario volvió a ser ocupado por Carlos Reutemann. Cuando casi todos creían que el Lole estaba encerrado en sus silencios, este diario publicó el domingo pasado casi todo lo que lucubra en su intimidad.

Los reutemistas entraron en pánico, consumieron baterías de celular y trataron de saber algo más sobre el hombre que volvió a decir "no".

El miércoles, desde Llambi Campbell, el senador parecía haberse sacado una nueva mochila y buscó despejar las dudas que quedaron flotando. ¿Puede una caricatura, por más humillante que sea, sacar de la cancha a un político tiene ambiciones de poder? ¿La respuesta a Kirchner fue definitiva? ¿Es verdad que, el domingo mismo, al atardecer, fue convocado para una reunión en Balcarce 50? ¿Por qué el enojo con Jorge Obeid?

"Qué bárbaro este Tata Martino, nos pegó un baile de novela. ¿Usted se dio cuenta de que los paraguayos jugaron como Italia?", trató, infructuosamente, de desviar los interrogantes hacia River-Libertad.

"Algunos dicen que me «victimizo» porque sí. Pueden parecerles pavadas a los que no lo sufren en carne propia. Pero veo que acá me esmerilan propios y extraños", comentó a un interlocutor.

Reutemann montó en cólera cuando, días atrás, el titular del Instituto Nacional del Agua (INA), Carlos Paoli, fue recibido por altos funcionarios de la Gobernación. "Estaba furioso porque este hombre fue quien debía haber alertado sobre el crecimiento del Salado en 2003. Y no es que solamente no lo hizo, sino que después lo acusó poco menos que de la catástrofe", cuentan en las cercanías del ex gobernador.

"Ahí tiene, no solamente no me defiende el gobierno provincial, sino que los que se dicen reutemistas en la Legislatura o en el partido están dormidos o se hacen los distraídos. Por eso digo que a mí me falta una Cristina... A ese hombre (por el funcionario del INA) lo menos que tendría que haber hecho el peronismo es declararlo persona no grata. Pero no pasa nada", dice.

Esta semana habrá reuniones en Buenos Aires con altísimos funcionarios del gobierno. "¿Si me van a pedir que vuelva a ser candidato? Pero ya dije que no... La señora vicegobernadora María Eugenia Bielsa sostiene que el justicialismo tiene muchos postulantes en condiciones de ganar, bienvenidos", se planta.

El senador está al tanto de lo que considera "operaciones" mediáticas. "Se lo dijo cara a cara al jefe de Gabinete (Alberto Fernández) cuando rechazó la candidatura", revelaron a La Capital. Lole destaca que, más allá de las diferencias, Obeid "está haciendo una buena gestión" y se molesta con quienes lo "promocionan" para una eventual fórmula presidencial. "Al último que van a ir a buscar es a mí", masculla con nihilismo.

"Eso del operativo clamor me parece una cosa tan inverosímil. ¿Por qué no hacen ese «clamor» cuando me difaman?", se pregunta.

En el socialismo la negativa de Reutemann cayó como maná del cielo. "La verdad, nos elevó la autoestima. No queremos que sea el competidor de Binner. Que no se ponga la campera roja ni la gris", dijo el viernes a este diario un funcionario municipal mientras se deleitaba, melómano él, escuchando buena música en una disquería del microcentro.

En paralelo, Hermes Binner recorre la provincia, Agustín Rossi manda a pintar paredes en cercanías de la Casa Gris que lo promocionan como candidato a gobernador y Rafael Bielsa diseña una recorrida por el sur santafesino para seguir monitoreando sus posibilidades.

El microclima político empieza a jugar sus cartas, consume adrenalina y forma corrientes de apoyo a uno u otro sector. Mientras, indiferente, el resto de la sociedad apenas balconea una carrera a la que le faltan demasiadas vueltas.
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