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 domingo, 02 de julio de 2006  
Panorama político
Jugueteos en Santa Fe

Mauricio Maronna / La Capital

Los justicialistas extrañan la ley de lemas como los futboleros la mano de Dios del 86. Ahora que las potenciales candidaturas brotan como hongos después de la lluvia, cada puesta en escena genera escalofríos en los pequeños bandos en los que se divide el partido de gobierno.

  “No tengo la menor idea de lo que está pasando con el tema político en Santa Fe. ¿No me diga que Rafael Bielsa quiere ser candidato? Recién me entero”, dicen que dijo el senador Carlos Reutemann el martes de la semana pasada, luego de un extenso viaje al exterior.

  Unas horas después, el miércoles, el barbado legislador nacional por Capital Federal le presentaba sus saludos fuera de protocolo al Lole, justo en el momento en que su despacho se convertía en la sede de una tertulia política con dirigentes santafesinos. “Si quiere ser candidato recorra la provincia, camine, charle con la gente. Por ahí, lo acompaño en algunos departamentos en los que sea bienvenido”, aseguran que lo acicateó el hombre de Llambi Campbell.

  Tras una lectura lineal del discurso del senador podría concluirse que lo único que le importa es el trabajo en la comisión de Relaciones Exteriores que preside, y que su candidatura a gobernador quedó más lejos de la realidad que una publicidad de Rexona mostrando cuánto transpira Juan Román Riquelme la camiseta. Sin embargo, ya no es una revelación decir que, bendición presidencial mediante, el senador podría sumar kilometraje a fin de año en búsqueda de un tercer mandato. Sin un explícito respaldo K, ni el anunciado operativo clamor hará mover la aguja del velocímetro.

  “No sé por qué no reeligen a (Jorge) Obeid que anda tan bien en la gestión”, juguetea Reutemann ante algunos de sus visitantes en el Palacio del Congreso, al tanto de que Néstor Kirchner propicia la reelección de los gobernadores, pero desentendiéndose de que en Santa Fe (sabiamente, aunque sea una rareza nacional) la Constitución bloquea esa posibilidad.

  Como una corroboración de los singulares pliegues de las internas en la bota, un día después (el jueves, para que el lector no se pierda por los arrabales del almanaque), la senadora Roxana Latorre salió casi a fulminar la postulación virtual de Bielsa, recordando la cuestión de la residencia, el escandalete que detonó cuando el canciller devino en diputado electo, luego cuasi embajador en Francia y, recientemente, autonominado para disputar la Jefatura de Gobierno porteña. Algo que antes había mencionado Agustín Rossi para tomar distancia de quien lo vino a apoyar en la tarea proselitista del 2005.

  “Lo único que falta es que se candidatee Maxi Rodríguez”, ironizó el jefe del bloque oficialista en la Cámara baja. Lejos de tomárselo con humor, sus allegados disparaban todo tipo de artillería contra el especialista en informática jurídica.

  Los mundiales de fútbol operan en la política como un potente anestésico, menos en la provincia de Santa Fe. La UCR, el ARI, los socialistas, el peronismo y hasta el PDP no se olvidaron de mover los tableros mientras la euforia y el exitismo hacían parecer que en todas las cabezas había un gol. El nuevo sistema electoral, que obliga a dirimir en comicios internos abiertos, obligatorios y simultáneos las candidaturas a gobernador y vice, concejal, diputado y senador provincial, intendente y presidente de comuna acelera los tiempos de tal forma que el vértigo termina enviando a sus protagonistas a una ciénaga de la que casi siempre es imposible salir sin mancharse.

  “El peronismo santafesino hizo todo al revés: con la ley de lemas tenía el sistema perfecto para que Reutemann, Bielsa, Rossi, (Héctor) Cavallero y todos esos nombres de siempre terminen sumando para el Frente para la Victoria y retener la provincia sin problemas. ¿Para qué lo derogaron?”, se preguntó un funcionario del gabinete nacional que pasó por Rosario. No parecía muy entusiasmado por la calidad institucional ni la reforma política, dos asignaturas pendientes del gobierno K.

  “Mire, lo que más le molesta al presidente por estas horas no es ni la aparición de (Roberto) Lavagna ni las críticas por el pedido de superpoderes. Lo saca de quicio llegar a Santa Cruz y observar en algún periódico al ex gobernador Sergio Acevedo dando clases en una humilde escuelita de Pico Truncado”, comenta a La Capital una fuente que se preocupa de que su identidad sea preservada.

  Ante la incredulidad del cronista, el informante sigue con su atractivo relato: “Al Negro (por el ex mandatario) le ofrecen embajadas, consulados, secretarías, pero él nada. Es muy fuerte esa imagen para quienes creen que todo se compra y se vende. Ojo, el final de la película puede ser distinto: algunos valdrán mucho, pero casi todos tienen precio”.

  Bien vale disgregar lo que sucede en Santa Cruz: al fin, el terruño del presidente es una buena hoja de ruta para entender cierta lógica del poder central. “Es verdad que a Kirchner le costó menos tiempo imponer su estilo en el ámbito nacional que en el pago chico. Ahí, por ejemplo, la máxima preocupación pasa por la renegociación de los contratos petroleros. Sigan de cerca quién va a ser el candidato: ¿o no les sorprende que se mencione el nombre de un ministro tan influyente como Julio De Vido en la grilla para la Gobernación?”, sigue la fuente, que se entusiasma ofreciendo datos sobre un funcionario de Acevedo que ahora vende café, o dando detalles sobre la importancia de la mesa reservada al jefe del Estado en el hotel Santa Cruz, “la cocina donde se preparan los platos más jugados”.

  Las historias son apasionantes, pero hay que regresar a los capítulos de la política santafesina. Paso a paso, el socialismo va tejiendo una estrategia de acercamiento con el ARI. Rubén Giustiniani es, hoy por hoy, el dirigente del PS preferido por Elisa Carrió, la líder de un partido que tiene explosiones internas recurrentes en la provincia, pero que casi estalla nacionalmente en el recinto de la Cámara de Diputados cuando sus integrantes no se pusieron de acuerdo a la hora de fijar una posición común respecto de la ley de anticoncepción quirúrgica.

  En verdad, y más allá de las encuestas surrealistas, Lavagna se convierte paso a paso (y sin haberse aún lanzado) en el opositor que, al menos, puede provocar cosquillas en la humanidad del presidente.

  Y cuando el río está revuelto todos los políticos salen a pescar con distintas redes. El presidente tratando de atrapar gobernadores radicales, temerosos de quedarse sin chequera nacional; el duhaldismo y la UCR apelando al ex ministro de Economía para no terminar sepultados por la topadora K; Mauricio Macri replanteando día a día su estrategia y poniendo nervioso a Ricardo López Murphy por su indefinición.

  La cúpula del radicalismo santafesino sueña con que a fines de agosto la convención nacional decida en Rosario el apoyo formal a Lavagna y, con esa carta, condicionar al PS, cuyo gran elector, Hermes Binner, surfea la ola y se planta en su objetivo minimalista de “pensar en celeste y blanco”. Una consigna que, como la gelatina, se digiere fácilmente.

  Con la pólvora mojada por el paso del tiempo (y sin que a ningún independiente se le altere el pulso o descargue adrenalina) el PDP inaugura hoy el camino de las internas partidarias. Si gana Lisandro Mana (delfín de Alberto Natale) los demócratas progresistas continuarán bosquejando su intento de unir a las fuerzas de centroderecha. Si el vencedor es Carlos Favario, el partido de Lisandro de la Torre irá en búsqueda de un acercamiento con el socialismo y los radicales.

  Mientras, el gobernador Obeid comienza a internalizar que el repunte de su gestión de poco servirá si, en diciembre de 2007, le tiene que colocar la banda a Binner. Por eso, y aunque no lo admita, desea que al final del camino el presidente Kirchner deje de coquetear con el socialismo y anuncie con bombos y platillos que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista. Y si es Reutemann, mejor.

  Aunque nada es imposible, lograr con otros nombres (y sin ley de lemas) que el justicialismo festeje las bodas de plata en el poder será mucho más difícil que convertirle un penal a Lehmann.


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Carlos Reutemann, Rafael Bielsa y Agustín Rossi.


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