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sábado,
08 de
octubre de
2005 |
Tercera salvada
Para Juan Carlos Fernández, la cuestión de la seguridad de los taxista se resolvería con la colocación en cada unidad de un blindex que "aisle" al chofer de la parte trasera. Según su opinión, con la implementación de ese dispositivo los peones tendrían "unos segundos de ventaja" como para defenderse. Estar otra vez en una situación de riesgo, al chofer le trajo los malos recuerdos de dos experiencias anteriores.
La más lejana en el tiempo ocurrió en 2003, cuando trabajaba para una empresa de radiotaxis. Un día alguien pidió un presupuesto para un viaje a Correa, a unos 50 kilómetros al oeste de Rosario. Ese servicio le tocó a Fernández, quien recuerda perfectamente las caras de los dos hombre y la mujer que llevó como pasajeros. El periplo transcurrió con normalidad hasta unos kilómetros después de Roldán. En eso uno de los varones desenfundó un arma y ordenó: "Pará en la banquina y metete en el baúl". El tachero acató la orden y cuando pudo salir de esa incómoda situación, se dio cuenta de que estaba en la ciudad cordobesa de Villa María.
Cuando le exhibieron álbumes con fotos de gente con prontuario abierto, allí Fernández reconoció a la mujer y a uno de los hombres. Figuraban como evadidos de la alcaidía de Mujeres de Rosario y de la Cárcel de Coronda. El otro episodio fue un tanto más grave. Un asaltante lo sorprendió en Donado y Mendoza y como obtuvo resistencia, no dudó en tajearle el tórax y el brazo izquierdo.
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