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 domingo, 21 de agosto de 2005  
Lecturas
El retorno de Kundera

Carlos Roberto Morán / La Capital

El escritor checo-francés Milan Kundera está de regreso. Lo hace con "El telón", un prolongado análisis sobre el porqué y el para qué de la novela en la historia humana. O, en todo caso, en la historia de Occidente. "Un telón mágico, tejido de leyendas, colgaba ante el mundo. Cervantes envió de viaje a Don Quijote y rasgó el telón. El mundo se abrió ante el caballero andante en toda la desnudez cómica de su prosa", reflexiona.

Se trata de la novela, tal como hoy se la entiende. La novela que, a juicio del autor de "La insoportable levedad del ser" nace con Cervantes y se prolonga hasta (casi) nuestros días, a través de la cual el arte se expresa y desenvuelve libremente sin tener que rendir cuentas.

Así, como ejemplo, afirma que en "Tom Jones", Henry Fielding se sitúa en su propia "provincia" literaria defendiéndose contra "esos funcionarios de la literatura" que -a su entender- son los críticos y genera algo distinto: "Apela a una libertad que nadie puede limitar y cuya evolución será una perpetua sorpresa". Es lo que le interesa destacar y remarcar sobre el género.

Kundera, que en los últimos años escribe sólo en francés, ha planteado en obra la heterodoxia del relato. No puede sorprender entonces que considere al derrotero de la novela a partir de los grandes heterodoxos que abrieron puertas, desde Rabelais hasta Gombrowicz. Incluso llega a relativizar a la propia historia de Europa y en cambio le otorga una perspectiva intemporal al arte: "Lo que quedará de Europa no es su historia repetitiva que en sí misma no representa valor alguno, lo único que tiene alguna posibilidad de quedar es la historia de las artes".

Sus tajantes afirmaciones generaron polémica en Francia, pero quien conozca al autor de "La broma" no se sorprenderá por esa actitud, dado que Kundera siempre ha sido así: impertinente, franco, agresivo, dueño de afirmaciones subjetivas que hasta pueden resultar caprichosas. Hoy, residiendo en París y a los 76 años, su estilo "protestón" se ha afianzado y sus afirmaciones tienden a la confrontación. En un libro anterior, "El arte de la novela" (1986), sostenía que el novelista, a través de sus personajes, "examina hasta el límite algunos de los grandes temas de la existencia", una forma de calificarla, de establecer su preeminencia respecto de otras artes salvo, quizás, la música.

Para Kundera, acierta el crítico Jordi Galves, la novela es algo más que un género puesto que "constituye una ética, un compromiso espiritual de primer orden". El narrador hace centro y eje de sus reflexiones en cuanto refiere a Europa y también a las pequeñas naciones, como su hoy República Checa que pueden llegar a desaparecer en el ámbito de la Europa unida. También devela un cierto descreimiento respecto del "momento" histórico que vivimos, esta posmodernidad que aparece ajena a los grandes acontecimientos.

La Europa de los tiempos modernos, a la que se siente tan afín, podía ubicar un acontecimiento político al lado mismo de una novela y un texto de filosofía, tal como -recuerda- lo expresara Schlegel a fines del siglo XVIII. Pero, se dice, es difícil que alguien hubiera dicho lo mismo treinta años atrás respecto de un libro de Heidegger y una película de Fellini. "¿Y hoy en día? ¿Quién se atrevería a conceder la misma importancia a una obra de cultura que, por ejemplo, la desaparición del comunismo en Europa?", se pregunta con escepticismo.

En su decimocuarto libro, cuando ha dejado de ser la gran novedad en librerías -como lo fuera en los años 80- Kundera persiste fiel a sí mismo, controversial, pero siempre vital.
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