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 sábado, 18 de junio de 2005  
¡Alerta, hombres de bien: actuemos!

Ya salía esta carta (en otros términos), cuando al releerla comprendí que era otro el mensaje que quería enviar. Sí, repito, por lo importante e inamovible, la respuesta de una indiscutible autoridad en la materia: Jean Rostand, premio Nobel de Biología dice: "Vida existe desde el instante en que el óvulo es fecundado por el espermatozoide". Pero después, seguía yo con: "Vida, matar, homicidio, asesinato, agravantes, aborto, filicidio, apología del delito, aberrante, despenalización, etcétera. Todas verdades, pero, ¿por qué y para qué escribo?, me pregunté, ¿para quienes niegan o dudan la existencia de vida en el embrión? ¡No! Ya que esto es sólo cuestión de ignorancia. Hay algo que realmente es grave: la postura de quienes aun reconociendo la existencia de vida, no les importa que sea eliminada con tal de lograr sus "fines"; el no por famoso, menos inhumano: "el fin justifica los medios", no importa que el niño no sea culpable, ni ataque a nadie, ni sea completamente indefenso, ni tratarse del propio hijo. Oirán, pero no lo entenderán, y por más que miren, no verán. Porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver ni oír, ni de comprender con su corazón; se han petrificado sus corazones, y esto sí, es lo que quería decir, primero a mí y luego a todos los hombres de bien, a todos los corazones con amor: con nuestro ejemplo de vida y con las palabras que Dios ponga en nuestras bocas. ¡Actuemos!, sin prisa y sin pausa, como las estrellas. ¡Luchemos!, dejemos la quietud que nos caracteriza y hagamos algo, "gritemos aterrados", si es necesario, pero que nos oigan, que por una vez al menos los hijos de este mundo no sean más astutos que los hijos de la luz y así podremos lograr con la ayuda de Dios la conversión de esos corazones para que vean la verdad. Que no nos asuste la falta de éxito presente, Dios nos asegura una gran cosecha, pero... ¡Movámonos! para que no se lleve a cabo esta nueva forma de Holocausto. Mientras tanto, digamos lo que seguramente dirán las víctimas en su santa inocencia, repitiendo lo que dijera la "gran víctima", con todo amor: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".

Mauricio A.J. Cortines

DNI 5.983.663


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