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 miércoles, 19 de mayo de 2004

Procesaron por homicidio simple al sargento que mató a Graciela Acosta
Una pericia había probado que el tiro que abatió a la militante frente a un súper salió del arma de Luis Quiroz

María Laura Cicerchia / La Capital

Un sargento de la policía santafesina fue procesado como autor material del crimen de la militante del Partido Comunista Graciela Acosta, asesinada en Villa Gobernador Gálvez durante la convulsión social de diciembre de 2001, mientras que dos de sus superiores sospechados de ser los autores intelectuales del homicidio obtuvieron la falta de mérito ante la ausencia de pruebas que avalaran esa sospecha. Al sargento Luis Armando Quiroz, en cambio, lo comprometían dos pruebas lapidarias: una pericia de Gendarmería Nacional demostró que el disparo letal salió de su arma reglamentaria. Y un periodista de LT8 conversó con él en el momento en que disparaba a la multitud que se había agrupado frente al súper La Gallega de esa ciudad. Así, se convirtió en el segundo uniformado de la fuerza enviado a juicio por uno de los siete crímenes de la represión de diciembre.

La resolución que liberó a los dos superiores tras cinco meses de prisión y obligó a permanecer detenido a Quiroz fue firmada el viernes por el juez Barbero. Hasta el momento ni la fiscalía ni las defensas plantearon objeciones a ese escrito, aunque el plazo de ambas partes para apelar aún está vigente. La fiscal Elida Rivoira sólo pidió que se concrete una medida pendiente.

La resolución implicó la inmediata liberación del comisario inspector Ignacio Siffredi y del comisario principal Julio José Abraham. Siffredi era inspector de zona y Abraham responsable de la comisaría 29ª de Villa Gobernador Gálvez cuando estalló la protesta social de diciembre de 2001. Por el lugar jerárquico que ocupaban entonces a los dos los acusaron de haber impartido órdenes o directivas específicas que determinaron la muerte de Graciela Acosta, una militante de 35 años desocupada que estaba a cargo de sus siete hijos. Como ambos estuvieron presentes en el operativo frente al supermercado de San Martín 2447 de esa ciudad, en el tramo urbano de la ruta 9, se presumía que habían creado las condiciones para que hubiera disparos con plomo en el lugar.

Pero esa sospecha no pudo ser comprobada. El comisario Abraham remarcó en su indagatoria su tendencia a resolver en forma pacífica los conflictos sociales. Y dijo que había instruido al personal a su cargo para que no llevaran "balas en las recámaras". Fuentes del juzgado revelaron ayer que la presencia de los dos oficiales en el lugar fue acreditada, pero no se acopió ninguna prueba de que hayan impartido la orden de matar. Tampoco surgió ninguna constancia de que hayan estado junto a Quiroz en el momento de los disparos.

Quiroz quedó involucrado en la muerte de Acosta por una pericia balística de Gendarmería Nacional que comparó las armas de todos el personal de la comisaría 29ª, donde él trabajaba, con los rastros que quedaron en el proyectil que mató a Acosta. El proyectil fue extraído del cuerpo de la mujer por una amiga que estaba con ella cuando la mataron. Mónica Cabrera, una peluquera que también militaba en el PC y en un grupo de desocupados, sostuvo entre sus brazos a la mujer luego de que el impacto la desplomara y le extrajo el proyectil homicida cuando salió por la espalda de Acosta. Cabrera entregó el plomo al juez Barbero, quien no lo mandó a peritar de inmediato porque el proyectil parecía intacto y no estaba deformado.

Pero el posterior cotejo de Gendarmería demostró que la bala había sido disparada por la pistola 9 milímetros número B9-27941 asignada a Quiroz. El resultado de esa pericia llegó al juzgado en diciembre del año pasado, a días de cumplirse el segundo aniversario de la muerte de Graciela Acosta. Esa sola prueba bastó para que el juez considerara acreditada la intervención del sargento en el hecho. Con ese argumento lo procesó por el delito de homicidio simple, que contempla una pena de 8 a 25 años de cárcel.

A esa pericia se sumó el testimonio del periodista de LT8 Marcelo Nocetti, quien en febrero pasado reconoció al sargento en una rueda judicial. Nocetti conocía a Quiroz porque éste cumplía servicios de vigilancia adicional en el hospital donde trabajaba su esposa. El trágico 19 de diciembre de 2001 hubo una sucesión de saqueos en comercios de Villa Gobernador Gálvez que el periodista cubrió para la emisora. Alrededor de las 17, cuando comenzaron los disturbios en La Gallega, Nocetti fue hasta el lugar y transmitió lo que veía desde su celular. Se habían reunido unas 400 personas en reclamo de alimentos y un grupo más pequeño había logrado entrar al súper aunque fue contenido por la policía.

En medio de la convulsión, el periodista escuchó que alguien le hablaba. "Vos sos como Dios. Estás en todas partes", le dijo entonces el policía, a quien no conocía por su apellido sino por su fisonomía. Alrededor, todo era gritos, corridas, disparos y gases lacrimógenos. El locutor preguntó si los proyectiles eran de goma y la respuesta del suboficial lo dejó perplejo: "A estos negros si no es con plomo no los corrés". Tres meses atrás, al ver a Quiroz entre otros hombres en una rueda de reconocimiento, lo señaló en el acto. Por su aporte al esclarecimiento del caso Nocetti no dejó de sufrir amenazas. También fue amenazada Mónica Cabrera, la amiga de la víctima que entregó el plomo presenció el momento en que "un policía de la seccional 29ª" disparaba flanqueado por otros dos uniformados: uno que llevaba un arma de fuego y otro que portaba un bastón.

Cabrera, referente del grupo de desocupados en el que peleaba Acosta para conseguir planes de empleo o alimentos, mantiene la convicción de que el disparo estaba dirigido a ella por su reconocida militancia. Las dos mujeres habían ido hasta el lugar desde el Fonavi Guereño, donde vivían, para buscar a un hijo de 15 años de Acosta que se había perdido. Lo encontraron a 150 metros del súper donde la mujer fue baleada. No pudo sobrellevar la gran pérdida de sangre y murió horas más tarde en el Hospital de Emergencias.

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Un acto recordatorio de Graciela Acosta.

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