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 domingo, 21 de octubre de 2007  
“La trata de personas en el país es una vergüenza”
La psicóloga Eva Giberti lamenta que no exista una ley para federalizar ese delito

Silvia Lo Presti / La Capital

Alejada de los postulados que sustentaron la Escuela para Padres donde aconsejaba qué hacer con los niños, a la licenciada en psicología Eva Giberti la desvelan otras problemáticas. Es que su pregón constante por la defensa de los derechos femeninos la llevan hoy a ocuparse por las distintas violencias que tienen en las mujeres y los niños a sus principales destinatarios. Por eso, desde el lugar que ocupa desde hace un año como coordinadora del programa nacional Las Víctimas contra Las Violencias dependiente del Ministerio del Interior afirma sin titubear que las adolescentes y niñas víctimas de trata de personas en el país “son una vergüenza nacional”. Crítica con los diputados y los jueces que según opina “se lavan las manos”, Giberti arremete contra un sistema que avala la descalificación de la mujer y que justifica la violencia de género.

   “No tenemos ley que condene los delitos proxenetismo, rufianería y trata de personas para la explotación sexual porque falta la aprobación en Diputados (ya tiene media sanción de Senadores) y como no la hay los jueces se lavan las manos aunque los magistrados bien podrían ajustarse al Código Penal”, dijo la psicóloga a La Capital en una charla previa a una jornada de homenaje al Día del Psicólogo organizada por la Secretaría de Extensión Universitaria de esa facultad.

   Recientemente, el presidente de la Nación firmó un decreto para la erradicación de la trata de personas y asistencia a las víctimas. “El tema no existía en la Argentina y hoy es un cáncer que atraviesa el país, de norte a sur, con paraguayas, dominicanas y niñas y adolescentes argentinas enviadas a España o surtiendo los prostíbulos de todo el país”, sentencia Giberti.

   En el marco de la prevención que contempla el programa nacional se acaba de imprimir un libro en colaboración con el Ministerio de Educación y Unicef para ser distribuido entre las docentes del país. “Primero para informar y luego para que puedan hablar con los chicos, porque si hay trata de personas es porque existen clientes hombres”, enfatiza la psicóloga.

   Violencia familiar, abuso sexual, niñas en situación de prostitución, tráfico de chicos y mujeres violadas representan para Giberti la materialización del poder patriarcal que considera a las mujeres y los niños como víctimas de la inhumanidad de un sistema que prioriza el tecnicismo burocrático por sobre la responsabilidad moral. “Hoy en el mundo surge con fuerza una nueva lectura ética desde la filosofía política que modifica el concepto de víctima, entendiéndola no sólo como la persona que es golpeada, sino que recibe un trato inhumano. La pérdida del sentido de la humanidad está asociada al incremento de la violencia”, agrega.

Víctimas y victimarios. En cuanto a si aumentó o no la violencia adolescente, la especialista afirma que según las estadísticas policiales de la delincuencia juvenil son más los chicos víctimas de la policía. “Lo que aumenta la violencia es el desconcierto y los adolescentes terminan siendo chivos expiatorios”.

   “El mayor porcentaje de víctimas de la violencia corresponde a las mujeres y le siguen los niños”, confirma, por eso recomienda trabajar desde la escuela primaria “para ir limando los bordes y los núcleos del patriarcado que se instala en la cabeza de los chicos desde muy temprano”.

   Sin embargo, la psicóloga opina que esta actitud está cambiando en algunos sectores sociales y eso genera fenómenos de desconcierto desde lo masculino “porque las mujeres no retroceden ni obedecen, al contrario, además de ganar el mismo dinero o más, a partir de lo cual algunos hombres se atreven a querer una compañera en situación de paridad y no de subordinación”.

   Conocida por los padres de los niños nacidos entre los años 1959 y 1973, para quienes escribió junto a su marido Florencio Escardó los textos de la Escuela para Padres, hoy reniega de aquella “doctrina”.

“Cambiaría todo, no lo llamaría escuela y dejaría que los padres reflexionen en lugar de limitarse únicamente a recibir consejos.

“Hoy los padres de adolescentes vienen a mí en busca de alivio y acompañamiento porque se enfrentan a hijos demandantes e hipercríticos.

“Los padres no están convencidos de su autoridad, tienen muchas expectativas truncas y miedo, evidentemente, a perder el trabajo”, dice finalmente Giberti.
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A Eva Giberti hoy le quita el sueño la violencia contra mujeres y niños.


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