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 domingo, 17 de junio de 2007  
Para beber: alcohol y cigarros

Gabriela Gasparini

Creo que me he metido en camisa de once varas. Este maridaje entre alcohol y cigarros al que habíamos apostado como una dupla perfecta es un tema en el que hay tanto por explorar que me pareció que era el momento de dar mi primer paso en lo que atañe a esta pareja tan especial. Reconozco que estoy haciendo este recorrido a tientas, y no porque el humo no me deje ver.

Hace tiempo al finalizar una degustación de vinos uno de los presentes encendió un cigarro, la señorita que lo acompañaba no esperó para quitárselo de las manos y comenzar a dar bocanadas. Un caballero sentado a mi lado no dudó en comentar: “Qué inquietante que es una mujer con un habano en la boca”. No respondí. Creí intuir qué era lo que veía mi vecino en esa imagen (prefiero alusiones más sutiles). Ahí comenzó esta historia.

Siendo hoy el Día del Padre decidí internarme en el camino del maridaje puros-bebidas para acercarles sólo unas pistas que lleven a nuestros sentidos por paisajes de aromas y sabores, y cuyo destino sea el placer que brinda el juego de la degustación. Como pasa siempre cuando se trata del gusto las opiniones son variadas, nadie tiene la última palabra, cada uno hace su elección.

Aunque no parezca, cigarros y vinos tienen varias cosas en común. Ambos son protagonistas de un boom. Los puros saltaron al estrellato allá por los años 90 cuando se pusieron de moda de la mano de personajes del espectáculo estadounidense, y rápidamente fueron adoptados en otras latitudes; y los vinos empezaron a copar tímidamente la escena por la misma época y dieron el gran salto hace unos años. En ambos es importante el concepto del terroir, porque es en esas tierras especiales donde crecen las mejores plantas que son cuidadas con esmero para que den sus mejores frutos. Tanto las uvas como las hojas se seleccionan a mano si el objetivo final es un producto de calidad superior.

Igual que cuando hablamos de comidas, aquí también se busca un equilibrio entre los participantes del maridaje, es decir que ninguno opaque a otro. Y no es fácil, hay matrimonios que están concertados de antemano. Es el caso del ron añejo, el cognac, el whisky de malta, el oporto y el jerez. Hay otras yuntas que se descartan de cuajo como las bebidas que tengan gas, los espumantes dulces y cualquier trago que se sirva muy frío porque perjudicaría el sabor de los puros.

Si los puros son suaves irán mejor con licores de baja graduación alcohólica. ¿Qué pasa cuando en la copa tenemos nuestro tinto preferido? La cosa está muy reñida. En un rincón, los detractores de esta unión opinan que son dos personalidades muy fuertes, que no son fáciles de combinar y que el puro siempre mata al vino. Por otro lado, están quienes a pesar de inclinarse por los destilados para acompañar el humo, piensan que es posible un tipo de unión donde se tengan en cuenta aromas y sabores. Por ejemplo, tintos con tabacos maduros que presenten una intensidad similar a la de los puros, y al revés están los que creen que un vino muy complejo bien podría anular la sensación del humo. Pero para estar seguros no hay otra que tomar y fumar.

¿Y qué pasa con una buena cerveza? Parece que hay todo un mundo por descubrir. Las cervezas comunes han quedado relegadas a un mercado que quiere beber sin concentrarse en el acto de descubrir una sensación en cada trago. En cambio, las de elaboración artesanal o una cerveza con una marcada personalidad dada por los ingredientes y el método de fabricación, son las consumidas por quienes disfrutan al encontrar en un sorbo un mundo de nuevos matices. Ahí es donde se situaron los fumadores de cigarros que aseguran que una Guinnes por sus características van bien con habanos sin demasiados matices.

A la hora de las reglas no hay que perder de vista la que señala que cuando más delicada es la cerveza, más pequeño debe ser el cigarro. Pero esto da para largo y deberíamos profundizar, evaluar el tipo de hoja que envuelve al tabaco y, a partir de ahí, elegir la cerveza. Lo veremos otro domingo. Eso sí, parece que como glamoroso nada iguala al dúo formado por un buen espumante y un Cohiba.

Feliz Día del Padre para todos, y sobre todo para mi papá.



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