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 domingo, 11 de febrero de 2007  
candi
Charlas en el Café del Bajo
-"Cada tanto, creo que cada diez años, sucedía una suerte de milagro. Sí, podría decirse que eran aquellas emociones verdaderos milagros porque lo sacaban del molde del mundo tal como lo conocía y aceptaba (venerando podría decirse ese orden mundano) y lo arrojaban a profundas meditaciones sobre el verdadero propósito de vida".

-Ya veo, ya veo, un cuentito para una reflexión.

-"Solía suceder también que algunas circunstancias específicas lo comprometían con análisis profundos de la vida humana. Aquel domingo, un domingo como el de hoy, sólo que de un febrero lejano, se levantó temprano. Recorrió la casa, miró detenidamente cada cosa que en ella había, inspeccionó su auto último modelo y reflexionó sobre los ahorros que había logrado acumular en los últimos años. Al cabo de un rato se levantaron su esposa y sus hijos y él, desde el jardín del lujoso chalet que tenía en el barrio privado, los observó andando despreocupadamente por el amplio living que ella, arquitecta, había decorado exquisitamente siguiendo un perfil retro que recordaba los años sesenta. No podía faltar, claro está, la foto de Elvis montado en una legendaria Harley y otra de Kennedy abrazando a su hijo John, lo que ponía en evidencia cuál era el perfil ideológico de su esposa. Sí, de ella, porque él, ciertamente, hacía tiempo que sólo tenía intereses. Se sintió satisfecho y dejó que en su rostro se dibujara una sonrisa".

-¡Ah Candi, una Harley! Imagine, amigo, una Harley aerografiada con la leyenda: "Only God and me". Una Harley, una ruta, un amanecer y todo por delante. Pero siga, siga.

-"Entró a la casa, se apoltronó en el sillón y comenzó a leer el diario. A medida que iba repasando los títulos, su rostro se fue mudando y de aquella sonrisa complaciente pasó a un gesto de preocupación. Es evidente que las noticias de aquel domingo le mostraban otro escenario, crítico, del que él seguramente no podría huir, sólo era cuestión de tiempo. Pensó que tal vez podría salvarse, pero levantó la vista y al ver a sus hijos una pregunta, que provino quien sabe de qué remoto lugar de su cerebro o de su corazón, se incrustó en su profundo "yo"" como una saeta: ¿y ellos? Entonces comenzó la segunda reflexión sobre su vida y la de los demás, uno de aquellos profundos análisis que tuvo, por primera vez, cuando a los veinticinco años atropelló irresponsablemente con el auto de su padre a aquella mujer embarazada que se salvó de milagro. Arrojó el diario a un costado y recordó entonces lo que hacía muchos años un profesor de la universidad solía repetir con frecuencia; un consejo napoleónico: "«Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar un medio que preserve a las venideras de la avaricia o inhabilidad de la presente»". Se levantó de su asiento, tomó el teléfono y le llamó a su socio y presidente de la Cámara de... "«Debemos comprender de una vez -le dijo sin siquiera anticipar a su pensamiento un buenos días- que nuestros hijos no tendrán un futuro asegurado sino aseguramos un presente digno para todos los habitantes de...»" Su esposa, boquiabierta, lo miraba mientras los chicos, contrariando la orden de la madre, salían a la calle peligrosamente".

Candi II

-"Cada tanto, creo que cada diez años, sucedía una suerte de milagro. Sí, podría decirse que eran aquellas emociones verdaderos milagros porque lo sacaban del molde del mundo tal como lo conocía y aceptaba (venerando podría decirse ese orden mundano) y lo arrojaban a profundas meditaciones sobre el verdadero propósito de vida".

-Ya veo, ya veo, un cuentito para una reflexión.

-"Solía suceder también que algunas circunstancias específicas lo comprometían con análisis profundos de la vida humana. Aquel domingo, un domingo como el de hoy, sólo que de un febrero lejano, se levantó temprano. Recorrió la casa, miró detenidamente cada cosa que en ella había, inspeccionó su auto último modelo y reflexionó sobre los ahorros que había logrado acumular en los últimos años. Al cabo de un rato se levantaron su esposa y sus hijos y él, desde el jardín del lujoso chalet que tenía en el barrio privado, los observó andando despreocupadamente por el amplio living que ella, arquitecta, había decorado exquisitamente siguiendo un perfil retro que recordaba los años sesenta. No podía faltar, claro está, la foto de Elvis montado en una legendaria Harley y otra de Kennedy abrazando a su hijo John, lo que ponía en evidencia cuál era el perfil ideológico de su esposa. Sí, de ella, porque él, ciertamente, hacía tiempo que sólo tenía intereses. Se sintió satisfecho y dejó que en su rostro se dibujara una sonrisa".

-¡Ah Candi, una Harley! Imagine, amigo, una Harley aerografiada con la leyenda: "Only God and me". Una Harley, una ruta, un amanecer y todo por delante. Pero siga, siga.

-"Entró a la casa, se apoltronó en el sillón y comenzó a leer el diario. A medida que iba repasando los títulos, su rostro se fue mudando y de aquella sonrisa complaciente pasó a un gesto de preocupación. Es evidente que las noticias de aquel domingo le mostraban otro escenario, crítico, del que él seguramente no podría huir, sólo era cuestión de tiempo. Pensó que tal vez podría salvarse, pero levantó la vista y al ver a sus hijos una pregunta, que provino quien sabe de qué remoto lugar de su cerebro o de su corazón, se incrustó en su profundo "yo"" como una saeta: ¿y ellos? Entonces comenzó la segunda reflexión sobre su vida y la de los demás, uno de aquellos profundos análisis que tuvo, por primera vez, cuando a los veinticinco años atropelló irresponsablemente con el auto de su padre a aquella mujer embarazada que se salvó de milagro. Arrojó el diario a un costado y recordó entonces lo que hacía muchos años un profesor de la universidad solía repetir con frecuencia; un consejo napoleónico: "«Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar un medio que preserve a las venideras de la avaricia o inhabilidad de la presente»". Se levantó de su asiento, tomó el teléfono y le llamó a su socio y presidente de la Cámara de... "«Debemos comprender de una vez -le dijo sin siquiera anticipar a su pensamiento un buenos días- que nuestros hijos no tendrán un futuro asegurado sino aseguramos un presente digno para todos los habitantes de...»" Su esposa, boquiabierta, lo miraba mientras los chicos, contrariando la orden de la madre, salían a la calle peligrosamente".

Candi II



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