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 miércoles, 01 de noviembre de 2006  
De profesión, coleccionista

Un pueblo que mantiene un cine desde la década del 30 con cinco o seis proyecciones al año, demuestra que gusta de las utopías. Como Nelso Merlini, un coleccionista de antigüedades, cuyas piezas son guardadas celosamente en su casa y que no escatima esfuerzos para indagar a cuanto visitante se le acerca.

Merlini se pasea con su esposa mientras toman mate en el poco espacio que les queda, debido a que dos piezas completas, incluidas las paredes y otros espacios, están repletos de relojes, armas, cajas musicales, cajitas de púas y muebles, entre otros elementos de más de cien años.

"Empecé con armas antiguas porque es lo que realmente me atrae, a pesar de que no las uso", relata con una sonrisa Merlini, un empresario del mueble ya retirado de la actividad, que suele dar explicaciones a las delegaciones escolares que lo visitan. "Para que se dé una idea de esta pasión, el primer arma la compré en 1963 y desde entonces no paré", comentó a LaCapital.

Es cierto, Merlini comenzó con una colección de armas, pero a poco de andar en ese camino siguió con relojes que él mismo reparó y luego continuó con otros objetos, siempre con la mirada cómplice de su esposa que, al igual que él se enorgullece del hobbie que los hace sumamente conocidos en el pueblo.

"Tengo en claro que construí mi propio lugar, pero tanto es el amor que le tengo a estos objetos que no me es fácil desprenderme a pesar de las ofertas que me hacen. Hay días en que no tengo un peso pero igual no vendo nada", confió este hombre que tiene importantes conocimientos en la historia de las armas.

Añadió que sueña con tener un salón para poder exponer todo lo que posee con mayor comodidad para los visitantes. "Cuando veo algo que me gusta lo compro y lo traigo. El mayor problema es la limpieza, pero también en eso ponemos pasión", comentó este hombre de 66 años que ha hecho de su casa un museo propio.
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