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 sábado, 28 de octubre de 2006  
¿Quién controla la seguridad en Central?
Radiografía de los responsables de la agresión al periodista de Ovacion el jueves en el Gigante

Existen personas que añoran el pasado a pesar de no haber sido protagonistas. Epocas oscuras en las que la prepotencia, el maltrato y la imposición de la autoridad a cualquier costo eran corrientes. Quizás sean tendencias de transmisión familiar que se tornan irresistibles con el tiempo. No cualquiera puede estar al frente de la seguridad de un lugar. Menos aún de un club como Rosario Central, institución que expone a estos personajes a renovar permanentemente sus credenciales por la enorme cantidad de gente con la que deben tratar.

El jueves fue agredido por un nefasto personaje de la seguridad canalla un cronista de Ovacion que sólo cometía el pecado de querer ingresar a los vestuarios tras el empate entre Tiro Federal y Chacarita por la B Nacional.

El 26 de abril del año pasado le tocó a un fotógrafo de La Capital cuando jugaron Argentino y Central Córdoba por la B Metropolitana. Por entonces, Pablo Scarabino había prometido ponerse al frente de la situación y juró que no se repetiría.

El encargado de seguridad de Central es Juan Bautista Peretta. Un hombre que se forjó un provechoso pasar en su época de comisario. Una situación reglamentariamente opaca de su trayectoria quedó marcada el 7 de agosto de 2000. Esa es la fecha de constitución de Futuro Empresa de Seguridad SRL. Peretta figura como uno de los tres integrantes de esa sociedad en el Registro Público de Comercio, según consignaron fuentes oficiales.


Funciones incompatibles
Lo significativo es que al momento de integrar como socio fundador esa empresa de seguridad particular, Peretta era miembro activo de la policía santafesina. Una doble función que está expresamente prohibida por la normativa de la fuerza.

En el acta de constitución de Futuro SRL, cuya dirección es Mitre 846 tercer piso oficina 302, consta que Peretta estuvo asociado con Raúl Roberto Urraco y Guillermo Alejandro Lima. Este último socio era también el titular de la empresa de transporte de cargas CTD. En la sede de esa firma, el 2 de septiembre de 2001, José Luis González fue asesinado en un confuso episodio. González, de 28 años, era un vigilador privado que, por entonces, revistaba en la empresa Futuro. La muerte de González es un hecho que aún permanece en penumbras. Este diario no tiene constancia de que nunca se haya imputado a nadie por su asesinato.

Allegados al mundo de la seguridad privada señalan que en la plantilla de empleados de Futuro SRL se contaban personas de trayectoria reñida con la conducta que se espera de un prestador de ese servicio. Se menciona al Chupete Tévez, sindicado como agente de Inteligencia del Ejército durante la dictadura, apostado en la sede canalla de calle Mitre. También a un individuo llamado Hugo Cardozo, apuntado como ex servicio de Inteligencia.

Es obvio que este tipo de personajes son incorregibles. No tienen arreglo. Lo que también está claro es que se cuidan de que nada suceda cuando están cumpliendo funciones en eventos en los que participa Central. Los muchachos despuntan el vicio en partidos de baja concurrencia y repercusión.

Hechas las especificaciones del caso, queda una sola reflexión por hacer. Central debe desprenderse de esta clase de sujetos que sólo sirven para ensuciar la imagen de la institución. Por más que se trate de una tradición familiar.
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