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 sábado, 14 de octubre de 2006  
Pena por matar de un martillazo a un comerciante
Fue en un corralón de V.G.Gálvez. Ratificaron la condena de 15 años al autor, que ahora tiene 24 años

La Cámara Penal confirmó la sentencia contra un joven que, a los 21 años, mató de un martillazo en la cabeza a un comerciante de Villa Gobernador Gálvez. La defensora del muchacho, quien vivía en barrio Triángulo de Rosario y ahora tiene 24, había apelado el fallo. No consiguió que no responsabilizaran por el hecho a su cliente pero sí una leve modificación de la pena: dada la falta de antecedentes condenatorios, se la acortaron a 15 años de los 20 que le había impuesto el juez de sentencia, dada la falta de antecedentes condenatorios. El cargo es robo seguido de muerte.

Juan Jorge Furbatti, de 75 años, tenía un corralón de venta de materiales para la construcción y en 50 años de actividad se había ganado el conocimiento de los vecinos de esa ciudad. Pero el 20 de octubre de 2003, un par de muchachos ingresaron al comercio con fines de robo. Para asegurarse el hecho, uno de ellos tomó un martillo del negocio y le asestó un violento golpe en la cabeza a don Juan, quien murió tras 45 días de agonía.

Antes del deceso de Furbatti, la policía había detenido a los presuntos autores del atraco, identificados como Carlos Alberto Imperial y Roberto Mario V. El juez de Sentencia Ernesto Genesio condenó al primero de ellos a 20 años de prisión y absolvió al otro por falta de pruebas.

Aquel día primaveral de 2003 dos muchachos llegaron al corralón de Furbatti y se mostraron interesados en unos serruchos. Don Juan les exhibió lo que pedían y los recién llegados lo asaltaron. Uno de ellos acabó empuñando el martillo con el que le hundieron el cráneo. Con 40 pesos en su poder, los maleantes huyeron del local, lo que fue advertido por testigos que resultaron cruciales a la hora de identificarlos. Un vendedor ambulante que pasó por el lugar ingresó al comercio y encontró el cuerpo sangrante de don Juan. Entonces le avisó al hijo de Furbatti, que trabajaba frente al corralón.

Este muchacho acudió a los medios y, con un discurso muy apelativo, logró que varios vecinos se animaran a contar lo ocurrido. Fue crucial una mujer que pasó frente al comercio de Furbatti al momento en que los ladrones huían. La vecina dijo que "casi se chocó con dos muchachos que salían en forma apresurada (del local), uno de los cuales les llamó la atención porque se sacó la remera y se envolvió la mano izquierda, notando que tenía mucha sangre", en tanto el otro "le gritaba que se apurara".

Esa mujer fue decisiva al apuntar, tras reconocerlo por un dragón que tenía tatuado en la espalda, a uno de los detenidos en una rueda de identificación. Dijo simplemente que en el momento del asalto tenía el cabello largo. En la ronda de presos, el pelo lucía mucho más corto. Otros testimonios revelaron que a los ladrones los apodaban Tito y Chito y una llamada anónima develó donde se escondían. Así la policía llegó a Imperial y Velázquez, a quienes les secuestraron prendas de vestir como la descriptas por los ocasionales testigos de su huida. Ambos hombres fueron procesados por la jueza de Instrucción Carina Lurati como coautores del homicidio. Sin embargo, el juez de sentencia Ernesto Genesio solo tuvo certeza para condenar a Carlos Alberto Imperial (alias Chito) como uno de los autores del hecho. No alcanzaron las pruebas para imponer pena a Roberto V. (Tito).

Con el voto inicial del vocal Otto Crippa, la Sala III de la Cámara Penal desestimó los argumentos de la defensa de Imperial, que había objetado la validez de la declaración de la testigo que lo imputó en rueda de presos, y ratificó por unanimidad la condena aunque la rebajó cinco años por la falta de antecedentes condenatorios de Imperial.
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