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 sábado, 22 de julio de 2006  
Crimen y misterio. Investigan la muerte violenta de Romina Castañeda en una vivienda de barrio Azcuénaga
Dos puñaladas en el pecho, el penoso desenlace para una mujer sin rumbo
Tenía 23 años, carecía de ocupación y domicilio fijo. Quedó tendida en la puerta de una casa. Ignoran el autor

Leo Graciarena / La Capital

El día del amigo mataron a una mujer de 23 años de dos puntazos en el pecho. De eso todos los vecinos hablaban ayer en Teniente Agneta al 2200, en barrio Azcuénaga, contando la historia en absoluta reserva. La mujer cayó mortalmente herida el miércoles a las 23 sobre la vereda. Estaba en la casa de Gomito, un hombre de entre 45 y 50 años, que no tiene una ocupación formal y sobrevive ofreciendo praliné en la peatonal o vendiéndole a los camioneros en Puerto San Martín. A Gomito, dicen en la cuadra, le gusta el trago. Pero nadie en el barrio creía que fuera él quien hirió a la joven mujer. "Es que estaba muy mal rodeado", explicó un vecino. Del lugar se llevaron a la muchacha casi muerta y el paso por el Hospital Clemente Alvarez sólo sirvió para oficializar su muerte.

La que narran los vecinos de la zona de Teniente Agneta y pasaje Asunción es la historia de un hombre solo, aporreado por el alcohol, sin trabajo fijo y rodeado de malas influencias. "Gomito puede ser borracho, pero no es un boludo que va a matar a una mina", explicó un hombre que, como todo el barrio, rehusó dar su nombre. "Lo que pasa es que al loco le gusta el escabio y la mala junta se le pega. Muchas veces le dije: «Dejá de traer esa gente» y él me contestaba: «Pero se me enganchan y no los puedo echar»", explicó el vecino. "Te pongo la firma que Gomito no fue", dijo.

Se refería al crimen de Romina Noelia Castañeda, de 23 años y sin domicilio fijo, que cayó mortalmente herida de dos puntazos en el pecho en la puerta de la casa de Gomito, en Agneta 2246. Por la tarde personal de la Brigada de Homicidios ubicó a unos tíos de Romina. "Dieron un relato triste, dijeron que la chica tiene una vida de abandono, adicción a drogas, lejos de la familia desde chica, sin domicilio fijo", reportó Daniel Corbellini, el jefe de esa dependencia.

"Las huellas de sangre vienen desde adentro de la casa", explicó una señora. "Pero yo no vi nada porque a esa hora estaba llorando con la parte del baile del programa de Tinelli. Me di cuenta que algo pasaba porque escuché los patrulleros", explicó la mujer. Eran aproximadamente las 23.

"Fui uno de los primeros en llegar y me encontré con el cuerpo de la mina tirado casi sobre la vereda. Lo único que me decía era: «Ayudame, ayudame». Y se desvaneció", resumió un hombre del barrio de unos 40 años. "La ambulancia del Sies demoró 25 minutos en llegar y estuvo un rato largo antes de llevarla. Parece que la querían revivir", contó otra mujer que paseaba a su hija en el cochecito mientras hacía los mandados. Murió en el Heca poco después de la 1.30.

Gomito -apodo que heredó de su padre, también de apellido Gómez- vive justo en la esquina de Agneta y Asunción. A una cuadra del Fonavi de calle Cerrito. La vivienda muestra su fachada herida por la humedad y la dejadez. Gomito se quedó ahí tras la muerte de su padre hace una década. Cuentan los vecinos que no tiene luz. Por la ventanita de una puerta de chapa lateral podía verse en el fondo una camisa y un pantalón colgados en un precario tendedero. Y restos de lo que pudo ser un humilde asado, con un par de cajas de vinos y porrones tirados. "Lo vi ayer a eso de las 14 (por el jueves) y ya estaba en pedo", contó un vecino.

La síntesis sobre lo que se dice en el barrio de Gomito es que es borracho, pero incapaz de matar. "Pero en la casa había mucho movimiento. Por ahí venía gente por temporada y después no se la veía más. El año pasado estuvo una mujer con muchos chiquitos viviendo ahí", explicó una comerciante. Y allí salta en escena la "mala junta", como lo califican los vecinos. "El domingo 9 de julio llegaron a la casa dos personas. Una mujer rubia teñida, que parecía un varón y andaba siempre con una vincha, y un hombre robusto de pelo largo hasta los hombros", comentó otro vecino. "Ambos venían de Buenos Aires", explicó.


Agresión y huida
Esas dos personas estaban ayer viviendo en lo de Gomito. "Fui a comprar un porrón como a las 22.30 y cuando pasé escuché que Gomito gritaba: «No quiero que estén más acá, váyanse» y a la media hora apareció la chica agonizando en la vereda", confió el vecino que asistió a la víctima. Hubo un lapso de tiempo, que nadie en el barrio pudo precisar, en el que Gomito y los que estaban con él se desbandaron. "¿Mataron a la rubia?", preguntó un joven. Y una mujer le explicó: "No. Era otra piba".

"Lo que se comenta -dijo una vecina- es que Gomito y el otro muchacho se fueron y tomaron un colectivo". Sea como sea, la puerta que dejó tras de sí la víctima antes de caer agonizante estaba cerrada con llave. Gomito tuvo que saltar el cuerpo para huir o lo hizo por la puerta de chapa lateral.

Antes de contemplarla sin aliento sobre la vereda, ninguno de los vecinos del barrio había visto a Romina Noelia Castañeda. Un teléfono anotado en un pequeño papel que tenía entre sus escasas pertenencias abrió la puerta a la poca información que se reunió de la mujer. No tenía domicilio fijo y hasta hace unos seis meses había vivido en pareja con un hombre en la villa Santa Lucía. La investigación es comandada por el juez de Instrucción Osvaldo Barbero y trabajan en el caso la brigada de Homicidios y la seccional 14ª.
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Una patrulla en Agneta 2246, donde encontraron agonizante a Romina.


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