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 sábado, 01 de julio de 2006  
Procesan a dos jóvenes por el robo y posterior asesinato de un carnicero
Les atribuyen haberlo matado para asegurar el resultado del robo. Figura que, si hay condena, prevé perpetua

Los dos muchachos detenidos acusados por el crimen del carnicero Carlos Fabio tras un robo a su negocio, ocurrido el 15 de abril pasado, fueron procesados por robo calificado seguido de homicidio y portación ilegal de arma por la jueza de instrucción que interviene en el caso. La resolución fue conocida ayer en los Tribunales provinciales a raíz de que los jóvenes imputados fueron convocados al juzgado que tramita el expediente para ser notificados de la medida judicial, aunque sólo concurrió uno de ellos.

El resonante crimen ocurrió cerca de las 10.30 del 15 de abril pasado cuando Fabio, de 30 años, regresaba en auto a su negocio de Ayacucho y Uriburu. Llevaba con él a su hija de un año y medio. En ese momento, dentro del local se encontraban su mujer, Mariela Berlocchi, y algunos empleados que estaban siendo asaltados por dos delincuentes armados.

Los ladrones se apoderaron de la caja registradora y salieron corriendo del lugar. Desde el auto, Fabio los vio huir y decidió perseguirlos en su vehículo, en el que aún estaba su hija. A unos cincuenta metros, uno de los maleantes tropezó y cayó al suelo. El carnicero bajó del auto para atraparlo, pero en ese momento recibió un disparo en el abdomen que le provocó la muerte.

Dos días después de ocurrido el hecho se entregó en la seccional 11ª Héctor Castañeda, de 20 años, acompañado por su padre. Según una fuente policial, lo hizo luego de "enterarse por el diario" de que la policía lo estaba buscando por el crimen del carnicero.

El muchacho, en la comisaría 11ª, según había indicado un vocero de la investigación policial, supuestamente reconoció su participación en el asalto que terminó con la muerte de Fabio.

Poco después, el joven desconoció ante la jueza de Instrucción Mónica Lamperti, que investiga el caso, lo que había declarado ante la policía en el momento de entregarse, y manifestó que "estaba tan empastillado que no se acordaba de nada, ni siquiera de haber entrado a la carnicería", según había dicho a La Capital una fuente judicial. Luego por consejo de su abogado, Francisco León, decidió no contestar preguntas. Héctor no tenía antecedentes penales pero su familia sí admitió que tenía una fuerte dependencia adictiva con psicofármacos.


El otro detenido
El 28 de abril fue apresado Juan Marcelo Montenegro, de 21 años, mientras caminaba por Larrea y Maradona. En la casa de éste último -situada en Garibaldi al 200- fue hallada la escopeta calibre 16 que supuestamente fue utilizada para matar a Fabio. Al ser indagados por la jueza Lamperti, los dos negaron su participación en el suceso y luego se abstuvieron de declarar.

El 11 de mayo pasado, la magistrada supervisó una rueda de reconocimiento con cuatro testigos del suceso y el resultado del procedimiento "fue positivo", es decir que los sospechosos fueron identificados como quienes entraron al local a robar y luego, al menos uno de ellos, ejecutó al comerciante.

Fuentes de la investigación señalaron que la jueza utilizó al figura de homicidio criminis causa para definir la figura penal contra los acusados. Esto alude al acto de cometer otro delito para encubrir uno previo, en este caso el robo anterior. La pena que puede caberle, si se llega a una sentencia condenatoria, es la prisión perpetua.

El abogado defensor de Castañeda, Francisco León, había objetado la medida al considerar que "no estuvieron dadas las garantías que establece el Código Procesal Penal". En ese sentido contó que el preso sometido a rueda de reconocimiento debe ser ubicado frente a los testigos junto a reclusos de similares características físicas. "Había notables diferencias entre mi cliente y los otros tres internos. Creo que los reconocimientos pudieron ser inducidos, por eso pedí suspenderlos, pero no se me permitió", sostuvo.

Este homicidio generó, cinco días después, una masiva marcha de vecinos que se manifestaron en reclamo de reforzamiento del patrullaje en la zona por los episodios de inseguridad. Al mismo tiempo, el párroco de la zona, Osvaldo Bufarini, daba cuenta del estragado relieve social del barrio. "En la zona de la parroquia vemos chicos marginados que no van a la escuela y que consumen droga". Para esos chicos excluidos y sin un horizonte, el sacerdote pidió "equipos de profesionales que atiendan las distintas problemáticas, especialmente de los chicos con adicciones. Aquí es muy común escuchar y ver que los pibes se empastillan y son víctimas de la droga", dijo. Trazando líneas entre miseria y delito, aunque sin decir que quienes cometan ilícitos no deban ser castigados, Bufarini sostuvo que "detrás de toda muerte hay una situación de marginalidad. Los chicos aquí roban como medio de vida".
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Los vecinos se movilizaron varias veces después del asesinato.



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