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sábado,
08 de
octubre de
2005 |
La destacada de la semana
La "inserción" del discapacitado
En este milenio que nos toca vivir, se sostiene la inserción del discapacitado en la sociedad. En esa que ciertos sectores gustan denominar "normal". Me preocupa no sólo la clase de sociedad en la cual pretenden que ingresemos, sino también el concepto de inserción. Siempre parecen girar las situaciones en torno a las mayorías, como si fueran los números grandes los que indican la verdad o dan la razón. Desde esta óptica quieren insertarnos a nosotros, a la minoría con diferencias o discapacidades físicas y/o mentales, dentro de su realidad. ¿Por qué no se insertan ellos en nuestro mundo? ¿Por qué no tratan de ver la realidad desde nuestro lugar, cambiar de vereda? Por otro lado, quisiera saber si alguien se tomó el trabajo de averiguar, preguntar, inquirir sobre nuestro deseo de inserción. ¿Por qué asumen que no estamos insertos? Porque el reconocimiento desplazaría el discurso del amo. Aunque no lo quieran ver hace años que nosotros nos hemos integrado, soportando las más de las veces el miedo, la lástima y hasta el asco en el rostro de la mayoría social, sabiendo que no sólo no entienden cómo se vive con una discapacidad, sino también teniendo que aceptar que la mayoría de las personas "comunes" ni siquiera intentan salvar la brecha y empezar a respetarnos. No queremos que se nos integre como un acto de grandeza suprema para que el resto de la sociedad lave sus culpas en aras de la caridad. El único gesto que se demanda a quienes están en situaciones de poder y decisión es la creación de leyes justas, promulgación de decretos que permitan una igualdad de oportunidades y la constancia para que esas leyes y decretos se cumplan. No somos nosotros quienes debemos ser integrados, es la sociedad la que debe abrirse y acercarse, salir de su postura narcisista y reflejarse en otro espejo, "el del diferente". El miedo a lo diferente provoca la creación de fronteras, límites y barreras para mantener del lado de "afuera" a los "anormales". Ya no se nos institucionaliza, no se nos recluye, pero sin embargo siguen aislándonos, creando escalones, tapiales, muros desde los cuales nos ven pasar, siempre desde la vereda de enfrente. Propongo que nos encontremos en el medio, que aprendamos a convivir, aceptando nuestras diferencias para poder descubrir nuestras similitudes y crear, entonces, una sociedad que respete a todos los individuos, que no discrimine ni rotule por prejuicios, miedos o folclore basados en la ignorancia.
Rosana Alcobé
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