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 domingo, 07 de octubre de 2007  
Cómo se vive en una plataforma gasífera submarina
Están en alta mar, a 150 kilómetros de la costa, y conviven con el peligro

Anett Indyka / DPA

El mar se ve muy lejos, cuando el helicóptero se posa casi imperceptiblemente. De pronto, como de la nada, aparece una torre de metal al lado de la ventanilla de la aeronave. El sitio de aterrizaje poco convencional está a unos 100 metros de altura. Pertenece a la plataforma submarina de gas natural Sleipner A, ubicada a unos 150 kilómetros de la costa de Stavanger, Noruega.

Esta enorme fábrica de acero descansa sobre cuatro enormes pilares de hormigón a 40 metros por encima del Mar del Norte. Un coloso que cuenta con alojamiento, oficinas, tubos y calderas y, en su centro, una torre de perforación.

Si se pudiera mirar el lecho del mar del Norte entre Noruega y Gran Bretaña, se vería una congestión de perforaciones y ductos. La organización ambientalista Greenpeace, que critica la extracción de petróleo porque contamina el mar, indica que existen unas 450 plataformas de gas y petróleo en esa región.

Los poliductos se extienden por el lecho marino en todas las direcciones.

Desde que se empañó la imagen de Rusia como suministrador seguro de combustibles, se incrementó el interés en el gas del mar del Norte.

“¿Peligroso? ¿Que si el trabajo es peligroso? ¡No, no!”, dice riendo Nülo Erdal. Este noruego de 46 años, con la piel tostada por el sol, dirige la perforación actual. El núcleo de perforación se introduce a 2.700 metros en el lecho marino. Luego se extiende de manera horizontal. De forma radial, el suelo es perforado para buscar gas. Erdal dice que son varios miles de metros, a veces más de 7.000, a veces más de 9.000.

Lleva entre tres y cuatro meses lograr que del pozo de sondeo fluya gas, indica el hombre que desde 1996 trabaja frente a la costa.

Si uno cierra los ojos, podría olvidar totalmente que se encuentra sobre una isla artificial en el mar. No se siente ninguna vibración u oscilación que indique que es un sitio de trabajo inusual.

El jefe de la plataforma Helge Stokke advierte a los visitantes: “El gas natural no tienen olor y no puede ser percibido por los seres humanos. Las indicaciones del personal se deben respetar estrictamente”, añade.

Los turistas no tienen ninguna oportunidad de poner un pie sobre una plataforma de perforación. “Eso perturbaría fuertemente el trabajo”, explica por su parte Berit Slaattelid de la empresa Statoil. Este consorcio noruego, que pertenece mayoritariamente al Estado, opera unas 20 plataformas.

Hasta unas 240 personas trabajan en la plataforma de perforación, que tiene una superficie de más de 8.000 metros cuadrados. La mayoría es originaria de Noruega, pero también hay empleados de Suecia y Dinamarca. Las conversaciones de trabajo son en inglés.

Trabajan mujeres. Alrededor del 10 por ciento del personal son mujeres, indica Stokke. No hay problemas. “Ellas se sienten bien”, sostiene el gerente. Seis de las mujeres trabajan en la producción, un área de dominio de los hombres.

Los empleados trabajan en turnos de 12 horas, dos semanas seguidas. Luego tienen cuatro semanas libres en tierra firme. “El ritmo es bueno para la familia”, opinó uno de ellos.

El alojamiento es más bien austero. Hay habitaciones individuales con una cama y un rincón para el aseo, pero también las hay con dos camas. “Entonces uno puede dormir, mientras la otra persona trabaja”, indicó Stokke. Televisión, aparatos para hacer gimnasia y una sala con un cine ofrecen un poco de esparcimiento entre los turnos laborales.

Mientras que el personal en la plataforma llega en general en helicóptero, los víveres y otros materiales son transportados por barco. En el viaje de regreso, los barcos se llevan materiales usados y basura, que es separada.

En Sleipner A se extrae gas desde 1993. Alrededor de 22,5 millones de metros cúbicos de gas limpio se obtienen diariamente de las actuales 19 fuentes alrededor de la plataforma.

También de otras plataformas fluye gas hacia Sleipner, donde es mezclado y luego enviado a Gran Bretaña, Alemania y Bélgica.

La particularidad de la Sleipner es que es la primera plataforma que bombea de nuevo hacia el interior de la tierra el dióxido de carbono que es separado del gas natural, minimizando la contaminación ambiental.
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La plataforma de gas natural Sleipner A, situada a 150 km. de la costa de Noruega.

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