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 domingo, 07 de octubre de 2007  
Rofman: “No hay claras definiciones sobre el modelo económico”

Alejandro Rofman es uno de los mentores del Plan Fénix, un conjunto de propuestas surgidas a fines 2000 de la mano de un grupo de economistas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, orientadas a lograr la reconstrucción de la Argentina en el marco del crecimiento con equidad.

Docente e investigador y militante político, hizo un repaso de las propuestas enunciadas por los candidatos presidenciales de la oposición y señaló una serie de contradicciones que surgen de un análisis detallado del discurso y las ideas presentadas.

—¿Cómo analiza las propuestas económicas que enuncian los candidatos, fundamentalmente de la oposición?

—En general, las propuestas programáticas omiten algo fundamental y es el modelo de país al cual se aspira avanzar en los próximos años, con una visión de mediano y largo plazo. Sobre todo, son un conjunto de medidas aisladas que no constituyen un programa integral, que en mucnos casos se contradicen entre sí. Por ejemplo, una candidata dice “vamos a bajar las retenciones a las exportaciones de carnes y lácteos y gradualmente en granos” y después impulsa programas de apoyo a ancianos y niños.

Entonces la pregunta es de dónde saca esos fondos. Esto es producto de que no se estructura un proyecto global, se carece de un marco de referencia. En el Plan Fénix partimos al revés. Tenemos un modelo global de país y después buscamos medidas que se compatibilicen con ese objetivo. Incluso tenemos una estimación cuantitativa de los recursos, tasa de inversión con relación al crecimiento del PBI y de las necesidades sociales para impulsar la eliminación de la indigencia y la pobreza en el corto plazo. Hay que compatibilizar objetivos con decisiones que tienen costos y beneficios cuantificados. Me parece que eso es lo que más hace falta.

—¿En qué otros aspectos hay contradicciones?

—Por ejemplo, se confunde la capacidad propia que tiene un instrumento fundamental como es el rol del Banco Central (BCRA) en una economía en desarrollo. Porque por un lado se dice que se impulsará al desarrollo y por otro la propuesta asegura que se le garantizará la autonomía al BCRA. Esas dos cosas no se compadecen. No se puede hacer política económica sin política monetaria y cambiaria. Y si se deja librado al BCRA al mercado quedará en manos del sector rentístico financiero que busca llenar sus bolsillos y no le importa el financiamiento al sector productivo.

Falta un proyecto global y de articulación de políticas económicas, de lo contrario no se logran los objetivos que se pretenden. Por otra parte, también se habla de la distribución del ingreso y en la misma plataforma se agrega que se deje trabajar libremente al campo sin medidas arbitrarias e intervenciones a los procesos productivos.

Hoy el problema del campo no es la rentabilidad sino el rol de los pequeños productores que no ven derramar sobre ellos los beneficios que captan los grandes y medianos empresarios, por la estructura de la propiedad de la tierra o los mecanismos de comercialización diferencial que existen.

Entidades como FAA plantean cuáles son las barreras y las fallas estructurales que impiden que un segmento mayoritario de productores que no manejan al sector accedan a niveles de ingresos para capitalizarse. Si se deja trabajar libremente al campo, se va a aumentar la distribución regresiva del ingreso.

—Algunos candidatos sugieren que para parar la inflación hay que enfriar la economía, ¿qué opina?

—Eso sería volver a los negros años del ajuste. Todos recordaremos lo que pasó en el 2001, cuando un ministro hoy candidato a presidente quizo imponer un ajuste sobre otro ajuste y tuvo que renunciar porque la sociedad lo repudió. No se baja la inflación ahorcando al que come, sino dándole recursos. Con una cosa simple: la economía argentina produce alimentos necesarios para satisfacer por encima de lo que demanda la población. El tema es que muchas empresas exportan y retraen el consumo interno, y crean dificultades en cuanto a la valorización de los productos en el mercado interno. Hay que modificar la distribución de los recursos, la capacidad de la sociedad de estratos bajos de acceder a esos bienes y no limitarle el ingreso o deprimir la producción subiendo las tasas de interés. Eso sería volver al pasado más negro. Son las mismas consignas del enfoque trágico de la posición monetarista y ortodoxa que se abandonaron por fortuna en 2002. Aunque aún hoy hay fuertes baches sociales, lo que hacen falta son recursos e intervención del Estado y para los consumidores control de los costos de los intermediarios que son los que producen desfasaje en los recursos. Además, no permitir que se igualen los precios internos con los externos por los alimentos exportados. Por eso, las retenciones son indispensables e incluso hace falta aumentarlas con el fenomenal incremento de precios que hubo en granos y oleginosas que hubo en los últimos meses.

—Hay sectores que aseguran que si se aumentan las retenciones terminan perjudicándose las economías del interior, de los pueblos, que no se verán beneficiadas por el efecto derrame.

—Es relativo, porque gran parte de lo que se produce en el campo no lo produce el productor, sino los intermediarios financieros. Se calcula que el 60% de la producción está en manos no de propietarios de tierra, sino arrendatarios o empresarios que tienen una inversion temporaria. Segundo, esa crítica tiene que ver más que con la capacidad del pequeño productor de hacer valer sus precios como corresponde en el mercado. Hoy existen deformaciones en los sistemas de comercialización. Por eso hay que impulsar la cooperativización de la compra-venta de insumos y productos, y defender la presencia del productor en el mercado.
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