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 domingo, 22 de abril de 2007  
En el medio de un silencio

Buscando la manera de hablar con ustedes de la poesía de Beatriz Vallejos, me encontré en el medio de un silencio. Pero ese silencio era una voz. Esa voz decía: “secreto”. Decía: “misterio”. Decía: “hermanos”, “niña”, “pájaro”. Y cada palabra sonaba como si fuera pronunciada por primera vez.

La voz cantaba. Pero más aún, revelaba. Se alzaba como una mano sutilísima capaz de sopesar lo intangible y tocar el corazón secreto de la luz.

Me mostró naranjas iluminadas por la sombra de las hojas. Me mostró el antepasado sioux sentado en su verde pradera. Me mostró el lugar de entrada al atardecer. Un Rincón detrás de un cerco de flores.

Mientras cantaba, iba cada vez más lejos. Era el río y el curso del poema. Pero no estaba en el paisaje, era el paisaje. En esa voz venía el mundo. O volvía al principio de su inocencia.Paradojas de la gracia. Sólo si aceptamos quedarnos sin palabras recibimos la donación del poema. Leí entonces:

Esa tarde, el cielo

quietura en nacimiento

esa hora de entrancia

ese suspenso.

Y sentí que su canto calladito, abierto, vibrando con la sonoridad imposible de aquel “aplauso japonés de una sola mano”, me recordaba eso siempre tan difícil de guardar en la memoria, todo lo que aún es nuevo en nosotros. La mirada que se entrega a la intemperie, y muestra así, en su reverso, el capullo fresco de la vida.

Porque sólo lo simple es verdaderamente misterioso.

Y quedarse sin palabras ante los poemas de Beatriz, no es, lo podrán ver, perder el sentido. Es, por el contrario, tener la oportunidad de volver a ganarlo.




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