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 domingo, 22 de abril de 2007  
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Los nichos de Internet gratuita

Eduardo Remolins

¿Quién está dispuesto a pagar por el acceso a Internet? Aparentemente cada vez menos gente.

Las ciudades mas preocupadas por el desarrollo tecnológico (como Rosario), van hacia un modelo de “ciudad digital”, el cual implica, en parte, que sus habitantes puedan tener un acceso universal y gratuito a Internet. ¿Qué lugar queda para el modelo tradicional de proveedor de servicios pagos de acceso a Internet?

El mayor proveedor de acceso del mundo, America OnLine (AOL), parece haberse dado cuenta de esto. De hecho, no hace mucho que sus gerentes anunciaron que su objetivo es convertirse en un proveedor de contenidos de información y entretenimiento, obteniendo sus ingresos en forma cada vez mayor de la publicidad y dejando de lado gradualmente las suscripciones.

Del algún modo la realidad le esta dando la razón: sus ingresos por publicidad vienen creciendo al 40%, mientras que el número de suscriptores se reduce.

La respuesta natural de esta compañía (y de muchas otras de su tipo), ha sido ofrecer servicios gratuitos a los clientes. Cuentas de correo electrónico, software y otros servicios online, todo para que la gente siga pagando por acceder a Internet y, sobre todo, siga viendo los anuncios publicitarios que tienden a convertirse en la principal fuente ingreso de la compañía.

En Rosario, lo que en el corto plazo puede parecer un tímido intento de ofrecer conectividad en ciertos lugares públicos como la peatonal Córdoba o algunos parques, a mediano plazo amenaza con convertirse en otra revolución más del mundo tecnológico: el acceso gratuito y universal.

Los proveedores locales de acceso a Internet (como los del resto del mundo), tienen frente a sí un desafio enorme, aunque anunciado: en el futuro pocos pagarán por navegar en la web. Eso si, las formas de obtener dinero seguirán existiendo, aunque haya que aprender de nuevo las reglas del negocio. Lo que parece una ventana que se cierra (la reducción en el número de personas que pagan por navegar) puede ser visto también como otras ventanas que se abren (el creciente negocio de los contenidos de información o entretenimiento, por ejemplo). Todo cambia. Nada se detiene. Mucho menos la economía digital.



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