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 martes, 07 de febrero de 2006  
Enfermarse por ser pobre (parte II). Hongos, piojos y sarna, compañías muy desagradables
“Para parar estas afecciones hacen falta servicios sanitarios”
Una especialista dice que el hacinamiento y la falta de higiene complotan contra la erradicación definitiva

Clarisa Ercolano / La Capital

Micosis, pediculosis y escabiosis (conocida vulgarmente como sarna) son enfermedades causadas por agentes parasitarios. Si se detectan a tiempo y se tratan adecuadamente no ocasionan mayores problemas, pero si el diagnóstico es tardío y el tratamiento no se realiza o no se cumple correctamente empiezan a aparecer las reacciones alérgicas en la piel, las sobreinfecciones provocadas por la misma persona al rascarse y el inevitable contagio al grupo conviviente. “Un pequeño que vive en una casilla con todos sus hermanos y tiene por ejemplo sarna, terminará contagiando a todos su hermanos“, explica la doctora Mónica Recarte, dermatóloga a cargo del servicio de consultas del Hospital Carrasco.

  “Del total de consultas que se realizan en el hospital, un porcentaje del 30 al 40 por ciento se efectúan por enfermedades como micosis y escabiosis generadas por hongos o bacterias”, advierte la profesional que aclara que sobre todo, cuando hay falta de higiene y hacinamiento, son más difíciles de detectar y de controlar.

  Recarte cree propicio aclarar que, muchas veces, las personas de escasos recursos no pueden higienizarse porque no tienen con qué hacerlo, “no sólo carecen de elementos básicos como jabón y champú sino que muchas veces no tienen baños y ni siquiera agua”.

  “Si vivís revolviendo la basura y descalzo, hay muchas puertas de entrada para favorecer este tipo de afecciones que se hacen fuertes además cuando encuentran huéspedes con déficit vitamínico, relacionado directamente con la malnutrición y la desnutrición”, explica la médica.

  Las infecciones por bacterias pueden originar lesiones crónicas o secundarias que avancen y lleguen a la cronicidad. “Esto no es común en las clases medias y altas pero es más frecuente en gente mal nutrida”. Los hongos que no se tratan también originan consecuencias desagradables, al igual que la escabiosis o sarna, “si no cortan la cadena de contagio, al rascarse tanto, generan más posibilidades de contagiarse otras afecciones”, indica Recarte.

  Muchas veces pobreza material no es igual a pobreza intelectual; la médica señala que las madres, ante la detección de algún síntoma, consultan de inmediato. Pero en muchos casos hay chicos de diez años que ya llegan solos hasta el hospital y con cuadros avanzados.

  “Para parar esto es necesario mayor higiene, buenos servicios sanitarios porque la mayoría se baña en un balde común, muchas veces con la misma agua porque no tienen otra cosa”, asegura la dermatóloga.

  Recarte y un grupo de alumnos de la Universidad Abierta Interamericana iniciarán este año un trabajo de investigación donde van a comparar dos grupos de chicos de la misma edad, uno de una escuela periférica y otro de una escuela del centro para confeccionar un índice de este tipo de enfermedades, contemplando niveles socio-culturales y económicos.

  “Todas son curables y se solucionan en menos de tres días pero es preciso el tratamiento y el seguimiento, a veces cuesta, a las madres no les alcanza la plata para volver al control”, finalizó.


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