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 domingo, 20 de febrero de 2005  
Panorama político
La presión de las "narcovalijas"

Hugo E. Grimaldi

Apenas volvió José Pampuro de su viaje oficial a España, hace algo más de una semana, el presidente de la Nación le hizo un comentario más que preciso sobre el bochorno del narcotráfico en Ezeiza. Néstor Kirchner le planteó con detalles el gravísimo hecho que había ocurrido en setiembre y que cinco meses después estaba en veremos, mientras el jefe de Ezeiza todavía continuaba en funciones y la Fuerza Aérea seguía sin informar a la superioridad.

Tantas precisiones descolocaron al ministro, ya que en temas militares el superior "comunica" y es el subalterno el que "informa", pero en este caso, el singular camino de la noticia, de arriba para abajo, le demostró a Pampuro que las internas que se disputan los controles aduaneros habían soplado en los oídos del presidente.

Tres días después, fruto de las mismas internas, la noticia de las narcovalijas estaba instalada en la primera plana de los diarios y empezaron a desatarse los demonios. Como en el caso Cromañón, a los aspectos judiciales se le agregaron de inmediato los condimentos de las responsabilidades políticas y hasta económicas, vía subsidios, derivadas de las flaquezas, de los compromisos del gobierno con los gremios y de la horripilante administración del Estado.

Entonces comenzaron a escucharse las justificaciones, los desaires, los reacomodamientos y hasta algunos episodios sugestivos y no menores. Por ejemplo, la aparición fulminante del titular de la Aduana, Ricardo Echegaray, quien no dejó títere con cabeza y disparó contra todo el mundo para mostrar la necesidad de volver a tener presencia aduanera en el control de las salidas de equipajes. Considerando su pasado patagónico y por ser un hombre de carrera en la repartición no es de extrañar que logre finalmente su objetivo.

En tanto, el juez Liporace, quien se caracterizó siempre por su bajísimo perfil, salió a hablar por cuanto micrófono tuvo a mano, debido a que -dicen fuentes de Tribunales- ahora quiere mostrarse como muy activo en una causa tan pesada, ya que tiene un requerimiento del Consejo de la Magistratura.

De su juzgado salieron la historia de la quinta valija, los supuestos mail cruzados entre los Beltrame padre e hijo, los detalles de las actividades de los detenidos y -lo más grave- la referencia pública de que Juan Maggio -el titular de SW- había sido el testigo de identidad reservada que hizo la denuncia en el juzgado, cuando ni siquiera desde España se había informado de la existencia de la droga, situación que se formalizó recién en diciembre.

Desde ya que el ministro de Defensa tampoco la pasó del todo bien, ni en la conferencia de prensa donde ratificó a la cúpula de la Fuerza Aérea que derivó en el desplazamiento del muy poco hábil jefe de la Policía Aeronáutica, ni con el paso en falso de la designación de su sucesor, corregido por el presidente dos horas después con el nombramiento de un interventor civil.

En rigor de verdad, Pampuro fue el primero que dio la cara, el primero en ser sopapeado por la oposición y el más defendido desde la Casa Rosada no sólo por provenir del riñón de Eduardo Duhalde, sino porque le dio pruebas al presidente de manejar los episodios traumáticos de las purgas militares y del traspaso de la Esma con fidelidad y tacto.

Pero también desde lo ideológico volvieron a ponerse sobre el tapete las causas de las debilidades del Estado, que fueron desde las culpas al "dejar hacer" de los 90 hasta reconocer en el problema una orquestada burocracia de superposición de tareas para que se terminen de diluir, al fin, las responsabilidades. La mezcla entre el Estado y los privados (la PAN, Aeropuertos 2000, las empresas aéreas, Migraciones, la Aduana, etc.) en este caso resulta agobiante y muy apropiada para que entre todos se pasen la pelota.

Kirchner se brotó, por ejemplo, cuando supo -aunque en el resto del mundo se utiliza el mismo sistema- que son empresas privadas las que escanean el contenido de las valijas en los aeropuertos. Fue en este punto, en el que el presidente se sintió con la oreja mojada, ya que él cree en la necesidad de imponer un Estado fuerte y sobreprotector y lo sucedido en Ezeiza -si no se hacía nada- le estaba demostrando a la opinión pública exactamente lo contrario.

Con su entrenado olfato para hacer lo que la gente demanda, seguramente no quiso que quedaran dudas de su intervención personal en el tema y claramente sobreactuó su autoridad, con el pase a retiro de más de una decena de oficiales de la Fuerza Aérea, algunos sin arte ni parte en la cuestión. Es seguro también que Kirchner ordenará que el control y los resabios de la PAN -quizás con estructuras de Gendarmería- pasen a depender del ministro Aníbal Fernández.

Para ratificar esa intuición, durante la semana, el presidente había accedido a una encuesta privada que marca una línea ascendente en la consideración pública de su gestión, tras la profunda caída que tuvo su mínimo en agosto (44,3 puntos) con la violencia frente a la Legislatura porteña, pero que venía en picada desde los episodios de marzo en la Esma, la marcha de Blumberg y la impericia evidenciada en el manejo de la crisis energética.

Según el análisis de las cifras, la recuperación actual, a 63,7 puntos, se produjo debido a media docena de hechos en los que estuvo presente la firmeza del Ejecutivo (deuda, privatizadas, desempleo, inseguridad, etc.) y que han provocado -así le escribieron los encuestadores en el informe- "evidente satisfacción en la opinión pública".

En materia de estar en todos los detalles con el máximo de dureza y aunque se superponga con la tarea de sus ministros, Kirchner también avanzó en la semana contra la advertencia que hizo el Departamento de Estado a los turistas de los Estados Unidos, en relación con la Argentina.

Esta vez el mal trago lo pasó Rafael Bielsa, quien debió sentarse, francamente disminuido en su investidura, junto al secretario de Turismo, a explicar lo inexplicable. Se le escuchó decir y se lo observó bastante incómodo, cómo son las estadísticas las que mandan en cuestiones de seguridad y que un "cero ocho por mil" es irrelevante en esa materia, claro está cuando se observa el problema desde este lado del mostrador.

Los episodios con Pampuro y con Bielsa no fueron los únicos que involucraron a ministros durante la semana, ya que se acercan los tiempos de recambios obligados en el gabinete, si alguno de ellos se presenta como candidato a diputado. En varias carteras se abrió ya la pelea por la sucesión; en Justicia, el diputado Ricardo Falú picó en punta para reemplazar a Horacio Rosatti; subsisten las dudas sobre la presencia del canciller en las listas porteñas, y se habla también de Daniel Filmus, en el mismo distrito.

La encuesta que le llegó a Kirchner también abunda en el desconocimiento que tiene la gente sobre casi todos los miembros del gabinete y en la imagen positiva de cada uno de ellos. El único que le hace sombra al presidente en ambos rubros es Roberto Lavagna.
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