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 domingo, 20 de febrero de 2005  
El escritorio y el sillón de la maestra se expondrán en la Biblioteca Argentina
La familia Cossetini donó los libros, documentos, cartas y muebles de Leticia
Su patrimonio pedagógico irá a un instituto del Conicet, donde también está el legado de su hermana Olga

Se vendió la casa de Leticia Cossetini y sus descendientes ya comenzaron a donar su legado. Una pila de documentos pedagógicos y cartas irán a la sede local del Conicet, más precisamente al Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación (Irice), donde se conserva también el patrimonio de su hermana Olga y ya está en marcha el plan de digitalizar todo para su mayor preservación. Su escritorio, taburete y sillón hamaca tanto como algunas fotos, tapices y objetos se expondrán en la Biblioteca Argentina. Y todos sus libros tendrán cuatro destinos: unos cien textos ya se enviaron a la biblioteca de la Escuela Nº69 Gabriel Carrasco, de Alberdi. Es que fue allí donde ambas hermanas desplegaron la innovadora experiencia de la Escuela Serena entre 1935 y 1950; una iniciativa por la que Olga fue cesanteada durante el gobierno peronista de ese último año. Un caudal similar de textos se enviarán a una biblioteca popular del barrio, la Juan Bautista Alberdi Alberdi; otro tanto irá a la Pocho Lepratti y los libros de arte, a la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto. Así, seguirá viva en Rosario la historia de esta docente y ciudadana ilustre, quien a poco de cumplir 100 años falleció el 11 de diciembre del año pasado.

Una de las herederas de Leticia, su sobrina Celia, más conocida como Chela para familiares y amigos, fue la encargada de la venta de propiedad ubicada en Chiclana 345 (se vendió hace dos días) y de preparar la mudanza.

En las últimas semanas la mujer nadó entre papeles, fotos y recuerdos. Entre ellos los pagos del crédito que las hermanas habían contraido en el 37 cuando el arquitecto Hilarión Hernández Larguía diseñó y comenzó a construir la casa. "Encontré un recibo de 15 mil pesos del 4 de mayo del 51, junto a la orden que les hizo el gobierno en el 50 de que abandonen la casa que ocupaban en la escuela Carrasco. Ambos papeles estaban dobladitos en una cartuchera de cuero. Típico del orden obsesivo de Olga porque Leticia como buena artista era desordenada", dijo Celia a La Capital.

Tanto esta sobrina como su hermano Gastón (hijos de un hermano de Olga y Leticia) decidieron que el patrimonio de Leticia sea aprovechado por la gente de la ciudad, lugar donde ellas vivieron, trabajaron y murieron. Los ayudará y asesorará en la distribución de la herencia Amanda Paccotti, maestra y ex alumna de las Cossetini, cuando cursó su primer y segundo grados, de lso que aún tiene recuerdos: "En esa época destinábamos a la semana para leer en la biblioteca. Corríamos a leer porque estas maestras nos transmitían ese placer", dijo Paccotti.

Así, documentos, cartas, mobiliarios y textos ya tienen destino asegurado.


Cien libros a la Carrasco
Hace pocos días llegaron a la escuela de Alberdi tres paquetes con unos cien libros y una carta de Leticia. "La nota es de su puño y letra, donde reconoce haberse conmovido por los regalos que le hicimos el 19 de mayo de 2003 en su cumpleaños número cien, la enmarcaremos, y a los libros los colocaremos en un rincón especial de la biblioteca donde está el patrimonio de las Cossetini", anunció la directora, Adriana Mendoza.

Con estos textos, la biblioteca de la escuela superará el caudal de 10 mil volúmenes. En el legado de Leticia se encuentran entre otros textos, "Pedagogía de la perversidad", un libro escrito por Olga en 1947; la edición de 1944, ilustrada completamente por niños de "El gallo pinto" , un cuento del titiritero Javier Villafañe; "Les impressioniste", de 1950, completamente escrito en francés y con láminas a color de artistas como Manet y Gaugin y uno de Charles Chaplin. Y también hay lecturas más domésticas como "La cocina fácil de Choli Berreteaga", de 1979, que da cuenta de que en materia de actividad las Cossetini no sólo se dedicaban a lo escolar.

El libro luce en su primera página la siguiente dedicatoria de una amiga: "Queridas cocineras. Me pregunto si la perfección es perfectible. Si lo es seguramente estas recetas les darán una mano. Delia".

Otro será el destino de un cúmulo de cartas, recortes periodísticos y libros pedagógicos de Leticia. Esta docuementación irá al Irice. Su director, Néstor Roselli, dijo estar muy de acuerdo con la decisión porque así aumentará el legado Cossetini. Es que la entidad ya posee patrimonio de Olga (entre otras cosas 175 cuadernos de clase y 100 cartones con acuarelas de los alumnos que reproducen observaciones hechas en el microscopio).

"Queremos digitalizar todo este material y encarar con él un centro de actividades académicas, investigación y formación al mejor estilo del Centro Jean Piaget en Ginebra. No queremos que esto se transforme en un depósito", remarcó Roselli. Y el anunció fue aplaudido hasta por seguidores extranjeros de las Cossetini (ver aparte).

También el profesor Rubén Naranjo se refirió a la herencia. Específicamente a la que se destinará a la Biblioteca Argentina. "Con la directora del lugar buscaremos un lugar apropiado donde instalar y mostrar al público el rincón de estudio que usaron por años Olga y Leticia", señaló.

El sillón hamaca era un objeto preciado por Leticia. Allí desplegaba un tapiz hecho con sus propias mano. Se ubicaba junto al luminoso ventanal del living de la casa, un inmueble de tres habitaciones y un jardín donde las flores eran cuidadas también por ella.

"Hasta sus 98 años se arrodillaba conmigo y removía la tierra, la energía de esta mujer era increíble", recordó Celia, su sobrina, quien en estos días se encontró con fotos de ambas hermanas. Olga manejando un Fort T, un veraneo en La Pedrera (Uruguay) cuando ella tenía apenas 17 años y de sus años de jugadoras de tenis.

Toda una muestra de que las Cossetini, eran mujeres adelantadas a su época: solteras, amantes del cine, la música clásica, la literatura y los viajes. Se codearon con personalidades de la talla de Juan Ramón Giménez (autor de Platero y Yo) y Gabriela Mistral (chilena, premio Nobel de literatura 1945) y sacaron a los alumnos del salón para formarlos bajo los lineamientos pedagógicos de la Escuela Nueva (una enseñanza a través de la acción). Eso le valió a Olga la cesantía por parte del ministro de Educación de la provincia, Raúl Capella. A pesar de todo eso, tanto Olga como Leticia reconocieron siempre haber sido felices. Es que según le dijo Leticia a este diario en el 97, siempre siguieron una enseñanza de su padre. "El mundo es la vida, vívanlo".
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Los alumnos de la Carrasco ya disfrutan de libros que pertenecieron a Leticia.

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