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 viernes, 10 de septiembre de 2004

Punto de vista
Elogio del público si es perezoso

Fernando Toloza / La Capital

La crítica de espectáculos está cada día más entusiasmada en observar y denostar la actitud del público. Se le exige al espectador que sea entusiasta, que esté a la altura de las circunstancias, que no sea frío. El reclamo parece en sintonía con los shows de café concert, por decirlo con un nombre antiguo, que piden -y muchas veces se arman con- la participación de la gente. La actitud de reclamar es positiva si se piensa que un espectáculo se construye también con la recepción, con la actividad del que mira pero...

En "Elogio de la pereza" Bertrand Russell decía que los entretenimientos como el cine (aún no se sabía demasiado de la TV cuando el donjuanesco filósofo escribió el ensayo mencionado) respondían, en alguna medida, a la extenuación que generaba la sociedad en sus integrantes. Como la sociedad explotaba a sus miembros en forma desmedida, después tenía que ofrecerles una posibilidad de disfrute quieto, apacible, porque ya estaban cansados y también, por si algo de energía quedaba, para que no la gasten.

La crítica, como Russell, resta importancia al hecho de que quizá el público no quiera ser entusiasta, no quiera ser efusivo, y no sólo porque esté cansado sino porque ejerce su derecho a participar como quiere del show. ¿Por qué hay que moverse al son de un "conductor"? Si se quiere, perfecto. Si no, también. El espectáculo humano del público siempre es tentador, ¿pero por qué amonestarlo por cómo se porta?, ¿por qué no conformarse con esa creación siempre renovada que son la platea y la popular?

El modelo de exigencia parece devenido de una claque. ¿Por qué tanta actividad? ¿Por qué no tener derecho a distraerse, a ser perezoso, a no aplaudir siempre de pie y a los gritos? Cuestiones de la pasión, que tiene sus propias razones, su tiempo para manifestarse. Que alguien se quede aparte, no salte poseído o se ría a carcajadas, no significa que desconozca la pasión, o mejor, la emoción estética. ¿Quién puede medir el grado de emoción que despierta un show? Lo ideal, como comentarista de espectáculos, sería hablar nada más que en primera persona. Y que el resto tenga eso en claro: es sólo una persona la que habla.

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