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 sábado, 20 de septiembre de 2003

La visita. Gobernador e intendente no disimulan en público sus diferencias
Reutemann y Binner, una relación fría y sin retorno

Walter Palena / La Capital

Pasado el fragor de la campaña y con los resultados a la vista de la realidad, el gobernador Carlos Reutemann y el intendente Hermes Binner no hacen nada para disimular en público la pésima relación que mantienen desde hace tiempo.

Como ocurrió tres meses atrás en el acto del Día de la Bandera, el presidente Néstor Kirchner ofició de equilibrista entre los dos políticos más votados en las elecciones santafesinas, aunque para ello deba fingir públicamente sus preferencias. Pese al juramento que hacen algunos peronistas, no quedó del todo claro cuál fue el papel que cumplió el santacruceño en los comicios del 7 de septiembre.

"El alemán (por Reutemann) nunca le va a perdonar (a Binner) que lo haya difamado con las denuncias de fraude", repetía ayer a La Capital un diputado rosarino en el hall de la sede local de la Gobernación cuando el acto había concluido y la comitiva oficial se dirigía al aeropuerto.

El encono de Reutemann hacia Binner ya trasciende lo meramente político y se ubica en el terreno personal, con ribetes que rozan el infantilismo. La Capital pudo conocer un episodio que patentiza esa relación sin retorno. Diez minutos antes de que aterrizara el Tango 01, Binner llegó al aeropuerto acompañado por Antonio Bonfatti y Juan Carlos Zabalza. El intendente y sus laderos, como marca el protocolo, se quedaron esperando el arribo del presidente a un costado de la pista.

Pero una hora antes, un francotirador de la Policía Aeronáutica, apostado en la terraza, seguía con su mira telescópica los movimientos de un Chevrolet Vectra color gris que rondaba por un barrio lindero al aeropuerto y amagaba dirigirse a la pista, pero enseguida retrocedía y volvía a su rutina giratoria.

"Hay un auto sospechoso", le comunicó con su handy el francotirador a otro policía que custodiaba el ingreso al aeropuerto. Cuando el avión presidencial asomó por el horizonte de Fisherton, el Vectra enfiló directamente hacia la puerta de ingreso. "¡Ojo que ahí viene el auto!", volvió a alertar el policía, pero, para sorpresa del vigilante de la entrada, su conductor era un cara conocida: Reutemann.

El gobernador no quiso encontrarse con el intendente, y cuando se toparon se dispensaron un frío saludo. En el acto en la Gobernación, Kirchner se dirigió a Reutemann y Binner con la palabra "amigos". El devenir de la historia dirá quién de los tres es el más sincero.

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El presidente hizo medido equilibrio.

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