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 domingo, 27 de mayo de 2007  
Cuatro años
Natalio Botana: "La crisis terminó con los partidos"
El catedrático dijo que se asiste a la reproducción del orden conservador en clave populista

Mauricio Maronna / La Capital

"Poder y hegemonía", es el título de su último libro, que presentó a sala llena en la Fundación Libertad. Luego, se prestó a una entrevista exclusiva con La Capital.

-Extraño país éste, que hace seis años pedía "que se vayan todos" y ahora decidió "mantener a todos".

-Hay una novedad porque de la crisis se salió muy rápido. Le confieso que cuando publiqué "La República vacilante" el panorama era muy negro. Esta es una de las novedades: la salida rápida de la crisis. La economía, sobre todo, funcionó enormemente. La crisis de 2001-2002 era una convergencia de varios desastres: fiscal, monetario y de representación. De la fiscal se salió de una manera novedosa, con 5 años consecutivos de superávit; no analicemos los impuestos distorsivos. Desde lo monetario, no hubo repudio a la moneda, como muchos economistas liberales clásicos pronosticaban, previendo una salida a la ecuatoriana, dolarizando la economía. El meollo es que Argentina todavía no superó la crisis de representación.

-¿Cómo lo evalúa a la luz de los cuatro años de Kirchner?

-Es de una gravedad que seguiremos padeciendo. Argentina destruyó su sistema de partidos. El "que se vayan todos" tiene un significado perverso: sin darnos cuenta, no hay más partidos. Esto se ve claramente en el PJ y en la UCR. Ni hablar de los partidos menores. Sobre ese vacío se construyó una nueva situación hegemónica. El kirchnerismo o Frente para la Victoria es una reproducción del orden conservador en la clave de una política clientelística.

-Guido Di Tella dijo alguna vez: "Los peronistas somos lo que los tiempos quieren que seamos". En definitiva, el justicialismo es el poder, pero todos los presidentes han tenido una tentación hegemónica. Ahora la novedad es la pasmosa debilidad opositora.

-Es una gran verdad. Hay una pequeña teoría de la hegemonía, palabra que viene desde los tiempos de Aristóteles, quien tenía una visión curiosa sobre eso. Decía que la hegemonía era supremacía que podría hacer impacto en una determinada forma de gobierno, clase social o cuando una institución se imposta sobre el sistema político y sobresale de las otras. Joaquín V. González señalaba que la Constitución real de la Argentina es el poder. Acá los cuerpos legislativos no tienen peso, los Ejecutivos dominan el escenario. Ni hablar de las grandes satrapías del conurbano bonaerense, con esos intendentes que dominan distritos que equivalen a muchas provincias del país. Todos los presidentes, quien más quien menos, buscan consolidar lo que Maquiavelo llamó principado republicano.

-Pero toda hegemonía mal resuelta prepara su propia venganza...

-Claro, la característica de las hegemonías argentinas es que no duran, aun las más sangrientas y salvajes, como las dictaduras. Esto es un signo de interrogación muy grande. Para los demócratas la noticia feliz es que la democracia haya durado 25 años, en 2008 vamos a celebrar un cuarto de siglo. Pero en ese tiempo ya hubo dos intentos de consolidación hegemónica: uno fracasó estrepitosamente con Carlos Menem, disfrazado de neoliberalismo; el otro es el intento que se encuentra en marcha en este momento.

-También Alfonsín se entusiasmó con un fantasioso Tercer Movimiento Histórico.

-Sí, pero creo que en ese sentido Raúl Alfonsín tiene muy claras nociones de lo que es el republicanismo.

-La oposición es otra gran debilidad de la coyuntura.

-Hay dos tipos de oposición. Chesterton dice que las cosas se ven bien cuando las aguas están calmas, pero también él es el maestro de la paradoja, y la paradoja argentina es que todos quieren ser hegemónicos pero no pueden. Parece un chiste del Negro Olmedo. "El Negro quiere pero no puede...", decía.

-O no lo dejan...

-O no lo dejan, es verdad. Acá está planteada la paradoja de la hegemonía. El gran legado social de la crisis de 2001-2002 es que no ha desaparecido el poder de la calle. Entonces distingo entre la oposición legal, que se hace en los partidos, en el Congreso; y la otra, la contestación social, que tiene un ritmo mucho más voraz que la oposición legal. Organizar un partido desde la sociedad civil demanda tiempo y esfuerzo, armar una movilización es mucho más rápido. Los movimientos de contestación social se basan en un interés. El mejor ejemplo es Entre Ríos, donde los asambleístas tienen un único interés: desalojar a la pastera. Ahí la capacidad de acción es muy fuerte, pero no se trata de una rareza argentina.

-En Francia está sucediendo algo similar.

-Exacto. Nicolas Sarkozy tuvo un triunfo espectacular, el 53% de los votos, y a la hora en que se conocieron los resultados comenzaron a incendiar automóviles en los suburbios y en el centro de París. En Italia, antes de Berlusconi, hubo una protesta por el precio de los combustibles. El primer ministro recibió a los manifestantes, quienes le dijeron que ellos representaban al pueblo. Entonces (Giuliano) Amato, viejo republicano, les dice: "El representante del pueblo soy yo, que he sido electo por medio de un Parlamento elegido por sufragio universal". Los manifestantes se largaron a reír a carcajadas... Y he aquí la gran pregunta: ¿Quién representa hoy al pueblo con una sociedad tan fragmentada? La representación oscila entre el poder de la calle e instituciones muy desprestigiadas. Con esto le digo que en Argentina, con mucha más fuerza, la crisis de representación no se encuentra saldada.

-El ensayista Nicolas Shumway dice que todo gobernante necesita de ficciones para gobernar. En Argentina las ficciones se reproducen administración tras administración. Del uno a uno a la devaluación asimétrica...

-Argentina no tiene estrategia de Estado, pero hay que tener cuidado en el análisis del contexto internacional. No sé si tienen razón los agoreros que pronostican una bonanza de corto plazo, aunque el país todavía no tiene un desarrollo sustentable. Y esto es algo muy difícil de explicarle a un electorado sumergido, que viene de padecer el bloqueo de sus bienes. Después de una horrenda crisis, aparecieron cinco años de extraordinario crecimiento económico. Es una gran oportunidad para forjar el largo plazo.
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Botana dijo que las hegemonías argentinas duran poco.


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