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 domingo, 25 de febrero de 2007  
[Primera persona] Mauro Millán
Regreso a la tierra ancestral
La comunidad mapuche de Chubut volvió a un predio que disputa al grupo Benetton

Por Osvaldo Aguiire / La Capital

“Desde que nuestro pueblo fue usurpado territorialmente, los terratenientes han gozado de impunidad, de resguardo de sus bienes, de su «propiedad privada». ¿La nieve es propiedad privada? ¿el viento es propiedad privada? ¿El río es propiedad privada?”. Los interrogantes se plantean en la “Proclama mapuche por la recuperación del predio Santa Rosa”. El sitio, en el noroeste de Chubut, aparece en los dominios de la Compañía de Tierras del Sud Argentino (CTSA), empresa del grupo Benetton, y ya fue objeto de un litigio que terminó con el desalojo de una familia indígena, la de Atilio Curiñanco y Rosa Nahuelquir. Pero el pasado 14 de febrero unos veinticinco miembros de la comunidad volvieron a instalarse en el lugar, en una acción que “no es ocupación ni protesta, sino un regreso”, como la define Mauro Millán, vocero de la Organización Mapuche Tehuelche 11 de Octubre.

El reclamo mapuche por la restitución de su “territorio ancestral” concierne directamente a Benetton: la casi totalidad de las 900 mil hectáreas que posee en la Argentina se encuentran en la Patagonia. Para “retornar a ser lo que somos: Mapuche, gente de la tierra”, la comunidad está en Santa Rosa, con más fuerza desde que el martes la Justicia de Esquel rechazó una denuncia de usurpación presentada por la CTSA. Desde esa tierra “jamás renunciada, siempre recordada”, Mauro Millán explica las razones de un regreso vital.

—¿Por qué volvieron a instalarse en el predio de Santa Rosa?

—Esta es una decisión enmarcada en dos palabras: verdad histórica. Una verdad histórica que fuimos analizando entre las comunidades a través de parlamentos y de diversos encuentros convocantes. Dijimos que el Estado, a través del gobierno, tiene una actitud de omisión permanente hacia nosotros. Básicamente, lo que está pasando en Chubut es que los problemas de fondo no son discutidos, problemas que tienen que ver, en este caso, con darle una oportunidad a nuestro pueblo para diseñar su propio futuro económico, político, cultural. Cansados de esa omisión, nosotros estamos tomando diversas decisiones colectivas. En ese marco se dio este retorno. Así lo queremos considerar: no es una ocupación, no es una toma, no es una protesta, es un regreso a un predio, a un lugar que está dentro de estas lógicas de la historia, de la verdad histórica. No estoy hablando de 500 años atrás, estoy hablando de cuando el Estado se conformó y usurpó nuestro territorio, de menos de un siglo a esta parte. ¿Todas las situaciones que vivíó el pueblo mapuche van a prescribir? ¿No son crímenes de lesa humanidad? Tenemos que abrir la posibilidad de la discusión. Por eso tenemos la actitud de volver a este lugar y transmitir básicamente esto: nosotros queremos vivir como mapuche, queremos desarrollar nuestra vida comunitariamente.

—¿Cómo se concretaría ese deseo?

—Ahora depende de varios factores: entre ellos, que el Estado provincial y el Estado nacional, a través de sus gobiernos, dejen de tener esa actitud de omisión, que está cargada de intereses. Y la sociedad civil debe intervenir como árbitro en esta discusión. Es lo único que nos puede garantizar que nuestros sueños colectivos se concreten. No queremos ser propietarios de ninguna tierra: queremos ser parte de un espacio donde desarrollar nuestra vida. Sólo eso pedimos. Pero tenemos un Estado que nos niega el acceso a la tierra. No puede ser que existan grupos como Benetton o los terratenientes norteamericanos y argentinos que posean tierras de tamaña magnitud mientras la gente está hacinada en los barrios de las ciudades, viviendo de subsidios.

—¿Qué pasó con la donación de tierras de parte de Benetton?

—Dijeron que Benetton iba a regalar tierras a los mapuche. Mentira, porque nosotros nunca fuimos invitados a esa mesa de caridad. Después dijeron que el gobierno iba a ser el que se iba a encargar. Pero el Estado provincial, a través del gobernador (Mario) Das Neves termina diciendo que esas tierras son infértiles y entonces rechaza la donación. ¿Cómo termina la historia? Termina con que Benetton ensancha su latifundio, con la ayuda sutil del gobierno de Chubut y de los medios de comunicación que magnifican la situación. Y nosotros quedamos como objeto de esta historia mientras Benetton intenta lavar su imagen. No hubo ninguna donación, todo lo que se dio fue un engaño, un engaño también a la sociedad. Nosotros, por otro lado, del alambre para adentro estamos materializando nuestros sueños. Estamos trabajando, levantando nuestras primeras rucas. Ruca es casa. El domingo (pasado) fue maravilloso, se acercó mucha gente a Santa Rosa. De todas partes: de El Bolsón, de Epuyén, de Bariloche, vinieron a solidarizarse con nosotros. Dijimos que no queremos afectar el lugar, no queremos que sufra ningún impacto.

—Es el mismo lugar del litigio entre la familia de Atilio Curiñanco y Rosa Nahuelquir y Benetton.

—Sí. Pero aquí ya no es la historia de una familia mapuche. Es la historia colectiva de quienes conformamos el pueblo mapuche. Rosa y Atilio y su familia, y la familia de los hijos de Rosa y Atilio, son parte de esta historia, pero el conflicto no es sólo de ellos con Benetton. Hoy Benetton se las debe ver con miembros del pueblo mapuche, con la actitud que ha tomado el pueblo mapuche. A la mala experiencia que ha tenido una familia le respondimos comunitariamente. Hay también una cuestión simbólica. Nosotros vamos a vivir en Santa Rosa, así que hay tiempo para que ustedes puedan venir. La ruta 40 es aquí una frontera: de un lado está la comunidad mapuche Santa Rosa-Leleque, donde nadie quiere hacer propiedad de nada. No podemos ser dueños de los elementos de la naturaleza, pero sí podemos convivir con ella. Y del otro lado está la otra historia, la de Benetton, donde hay un solo propietario que se adjudica el derecho de gobernar sobre más de 900 mil hectáreas. Eso es lo que marca la ruta 40 como límite: lógicas totalmente opuestas, no hay un punto en que coincidan.

—¿Cuantas personas integran la comunidad mapuche en Esquel?

—La ciudad tiene 30 mil habitantes y calculamos que alrededor del 60 por ciento tiene un origen mapuche. En la provincia de Chubut, en ciudades como Comodoro Rivadavia, calculamos el mismo porcentaje. Y en el ámbito rural hay unas sesenta comunidades.

—¿Hubo alguna reacción ante la actitud de volver al predio?

—Hubo una denuncia de que habíamos ingresado en banda, rompiendo alambres y tranqueras y con una actitud clandestina. Todo eso fue rechazado por la Justicia. Se hizo presente un fiscal y le demostramos que no teníamos nada que ocultar, le entregamos un acta con la firma de todos los integrantes de la comunidad y constató que nada se había derribado ni roto, que había una actitud de paz. Por el momento vivimos una situación de tranquilidad. Nosotros no vamos a generar ninguna violencia: estamos en nuestro hogar.


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"Estamos en nuestro hogar", afirman los mapuches.

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