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 domingo, 02 de octubre de 2005  
"Las claves para evitar el crimen las tienen los propios ciudadanos"
El experto canadiense sostiene que de nada sirve endurecer las penas o brindarle más recursos a la policía para combatir el delito. Y apuesta al trabajo con las organizaciones comunitarias de base en cada barrio

María Laura Cicerchia / La Capital

"Las claves para evitar el crimen las tienen los propios ciudadanos", dice Patrice Allard, experto canadiense en seguridad urbana. El lunes disertó en Rosario acerca de su experiencia en prevención del delito en la ciudad de Montreal, donde los mismos vecinos son quienes diseñan estrategias para afrontar la inseguridad. Desde esta perspectiva, para el licenciado en Comunicación de la Universidad de Québec poco aportan el endurecimiento de las penas o el suministro de recursos a la policía. "La criminalidad es como un iceberg. Si corto el extremo sin atacar sus causas, el iceberg vuelve a crecer", ejemplificó.

Allard asegura que las estrategias contra el delito que aplican desde hace 20 años en el otro extremo del continente pueden ser transferidas a estas tierras. Sin caer en mecanicismos, sostiene que ambos territorios comparten algo: la capacidad de la gente para encontrar salidas eficaces a la violencia urbana. Aunque las realidades sean dispares y los ilícitos que preocupan a los canadienses parezcan aquí inofensivos.

El lunes pasado Allard participó de una charla en el Centro Cultural del Parque de España donde detalló el plan de prevención del delito que coordina en Montreal. Allí dirige un programa llamado Tándem, estructurado sobre la base de la participación comunitaria. El modelo reconoce en Rosario dos experiencias afines: la Guardia Urbana Municipal (cuyos agentes fueron capacitados por Allard el martes) y el proyecto Comunidades Justas y Seguras dirigido por Enrique Font.

El programa canadiense nació en 1982 ante el incremento de robos a domicilios en ausencia de sus dueños, lo que aquí se denomina escruche. "La respuesta policial no iba a ser suficiente o posible. Además, lo que se necesitaba era involucrar a la ciudadanía en el abordaje del problema. En ese momento la policía no era un actor capaz de movilizarla", expone el especialista. Desde entonces los números fueron alentadores: los robos domésticos decrecieron un 50%.

A partir de 2003 se incorporaron a Montreal otros municipios y se rediagramó la intervención. Los planes de trabajo comenzaron a diseñarse en cada distrito codo a codo con una organización comunitaria. Entre otras acciones, los voluntarios visitan casas para establecer su vulnerabilidad y proponer mejoras. También confeccionan registros para evitar la reventa de cosas robadas; simulan infracciones de tránsito a quienes dejan el auto abierto y capacitan a comerciantes para actuar en emergencias.

El rasgo común a cada actividad es el diálogo y el intercambio. Así, trabajan en escuelas cuestiones de vandalismo y relaciones de género. O promueven contactos entre jóvenes y ancianos para quebrar la barrera generacional.

-¿Cómo se pueden recuperar las propuestas de Tándem desde Rosario, teniendo en cuenta el alto nivel de pobreza y exclusión y los indicadores de corrupción de la policía?

-No podría anticipar cómo se daría el proceso en la práctica, pero sí que el modelo puede adaptarse. Las organizaciones comunitarias provienen del territorio involucrado y saben lo que necesitan. Al ser movilizadas con un rol de dirección, esto les permite pensar también la solución. Lo importante es que la población no se sienta abandonada por las autoridades. Los ciudadanos tienen la capacidad de encontrar soluciones, aunque a veces para lograrlo necesitan del apoyo de expertos. Si los involucramos en la confección del diagnóstico, la experiencia será más eficaz porque conocen sus conflictos, sus defectos y sus fortalezas.

-En la Argentina la sensación de inseguridad ha alentado intervenciones represivas, agravamiento de las penas y la reforma del Código Penal. ¿Cuál es su impresión al respecto?

-Reforzar la ley es una respuesta fácil. La solución penal es simple en apariencia, pero no aborda el problema. El otro camino es hablar con la gente, ir al lugar, ver qué le pasa. Es más difícil, de construcción y a largo plazo; pero más duradero y estable. Una buena manera de encontrar soluciones es ponerse en contacto con la sociedad e ir construyendo de abajo hacia arriba, a partir de sus necesidades y problemas. Eso generalmente permite ver que la criminalidad es la expresión de otra cosa. El espacio de la corte, del tribunal, no es el lugar donde se establecen vínculos ni diálogos.

-¿Cuáles son esas "otras cosas" que en general expresa el delito?

-El delito es sin dudas un camino que produce ingresos y dinero. También produce una autoafirmación en las personas, reconocimiento y pertenencia a un grupo. Pero lo que más expresa es pobreza y exlcusión. En algunos casos es una especie de revuelta contra la exclusión. Esto no implica negar que hay una criminalidad económica y poderosa, pero la visible es la de las bandas en la calle, la urbana y callejera. En la calle aparece mucho esta necesidad de pertenecer a algo, a una pseudofamilia, un estilo, una imagen.

-Otra propuesta que suele formularse es la de dotar de más recursos y móviles a la policía. ¿En qué medida esto es un verdadero aporte?

-Esta alternativa, en lugar de mejorar, empeora el problema. Con un control permanente la gente estará más irritada. Porque la criminalidad es como un iceberg. Si se corta la punta con represión, nunca se atacará la base. Hace unos años en Montreal la policía descabezó a los que manejaban la prostitución y las drogas. En cuestión de tiempo ese espacio vacío se llenó por bandas callejeras desorganizadas y ahora tienen un nuevo problema. Uno puede pensar la criminalidad como un iceberg que tiene una parte más visible y un conjunto de causas que no están a la vista. Si corto el extremo, el iceberg vuelve a aflorar. Pensar en una solución seria es trabajar en la parte que no se ve.
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Patrice Allard trabaja desde hace veinte años junto a los vecinos de Montreal para prevenir el delito.

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