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 domingo, 28 de agosto de 2005  
Con coraje. Rosario tiene al menos ocho firmas administradas por sus operarios
Las empresas recuperadas ganan cada vez más espacios
Fueron a la quiebra pero sus empleados las revivieron mediante cooperativas. Hoy hasta piensan en exportar

Isolda Baraldi - Diego Veiga / La Capital

El puntapié inicial lo dio la carrocera DIC. La empresa recuperada, que podría transformarse en la primera de la provincia en conseguir la expropiación definitiva de sus instalaciones, anunció esta semana que "en breve" podría lanzar su propia producción. Así, los trabajadores nucleados en una cooperativa demostraron que podían preservar sus fuentes de trabajo. Su experiencia no es solitaria. Al menos otras siete firmas de Rosario están siendo reposicionadas por sus empleados después de la quiebra y a algunos les va tan bien que tomaron más personal, duplicaron su producción y tienen "claras perspectivas" de exportar y llevar además sus productos al interior del país. La clave: "No perder la dignidad y no bajar los brazos".

Por estos días, las fábricas de pastas Mil Hojas y Merlat vuelven a tener presencia en el mercado, Herramientas Unión está "con mucho trabajo" y ya tomó a estudiantes de oficios, el bar Nubacoop de la Terminal de Omnibus duplicó el personal y trabaja casi las 24 horas; y las metalúrgicas ex Fader y ex Cimetal (hoy Ruedas Rosario) acaban de comprar maquinaria por 240 mil pesos y tienen la intención de abastecer a distintas autopartistas del país.

A ellos se suma el ex supermercado Tigre, hoy Centro Cultural La Toma, que además de emprendimiento económico se convirtió en un espacio político y social.

"En la provincia hay otras empresas productivas a las que les está yendo muy bien. El próximo paso es trasladarnos al parque industrial que está diseñado en la zona oeste (avenida Las Palmeras al fondo)", afirmó José Abelli, dirigente del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER).

En la fábrica Mil Hojas trabajan a full y hasta generaron trabajo indirecto. "Tenemos un montón de proveedores que trabajan con nuestra mercadería, que llega hasta el sur de Córdoba, algunas localidades de Buenos Aires y por supuesto todo el Gran Rosario", indicó Omar Cáceres desde la firma.

La empresa llegó a tener 52 empleados y si bien aún no alcanzaron esa cifra, a los 15 cooperativistas ya se agregaron otros 10 contratados que tienen posibilidades de quedar efectivos.

Según comentó Cáceres, los salarios de los trabajadores van de los 750 a los 850 pesos, lo que supera el convenio del gremio del sector. "Ahora no tenemos problemas, nos va bien, nuestro producto está en el mercado y tenemos posibilidades de expandirnos", afirmó.

Un panorama similar se vive en la fábrica Herramientas Unión. Esta metalúrgica, especializada en herramientas de corte y piezas exclusivas por encargue, está "con mucho trabajo", precisó Omar Pucciano.

La empresa tiene ocho socios y ahora, por medio de un convenio "todo legal", han tomado a cinco estudiantes de una escuela técnica. "Fabricamos cuchillas, fresas, brochas, machos, en fin, todo tipo de herramientas, incluso las que nos hacen por encargo", explicó el hombre.

Con muchos años de oficio sobre las espaldas y la perspectiva de comenzar a producir con los ex metalúrgicos de Cimetal y Fader, Herramientas Unión alquiló un galpón contiguo al actual para seguir creciendo.

"Las perspectivas son importantes, estamos comprando nuevas máquinas y vamos a seguir invirtiendo en esta rama, porque hay autopartes interesadas en comprarnos la producción", agregó.


Resistir en la Terminal
La historia de los ex empleados del bar de la Terminal de Omnibus, que el 23 de octubre de 2001 cerró sus puertas, está signada por la resistencia. Una historia que se repite en cada uno de los casos de empresas recuperadas.

Estuvieron 14 meses dentro del local librando una batalla legal, conformaron una cooperativa y plantearon hacerse cargo del bar. Una jueza les dio tres meses de prueba y les alcanzó para demostrar que el negocio era redituable.

"Con nuestro propio dinero cambiamos pisos, techo, mobiliario y empezamos de nuevo", recordó José Serrano, uno de los cinco ex empleados que conformaron la cooperativa, al tiempo que sostiene que el bar es hoy "uno de los más lindos de la Terminal".

"Está andando muy bien, estamos sorprendidos y la verdad es que ahora ganamos más plata que antes", aseguró. Y las pruebas están a la vista: ya tomaron once empleados y hasta se animan a pronosticar que "hay perspectivas de incorporar más personal".

Serrano admitió que en este proceso los favoreció la "reactivación de la Terminal. En 2001 no viajaba nadie y las plataformas estaban desiertas, hoy todo es distinto y por suerte ya hay 16 familias que pueden seguir viviendo de este negocio", remarcó.

La cooperativa logró quedarse con la concesión del bar en la Terminal hasta 2008 y esquivar el fantasma de la desocupación, que casi termina con sus ilusiones cuatro años atrás.

Una historia similar vivieron los 15 empleados de Pastas Merlat. "En diciembre de 2003 fuimos a trabajar y cuando terminamos, el patrón nos dijo que no abriría más porque había quebrado", recordó Rubén Lengruber, por esos días empleado de la firma y hoy tesorero de la cooperativa "Resurgir", que logró darle continuidad a la empresa.

Se quedaron meses atrincherados en la fábrica hasta que pudieron plantearle al síndico su idea de formar una cooperativa y seguir con la producción.

El 1º de mayo de 2005, 11 de aquellos 15 empleados que tenía la empresa comenzaron a trabajar como cooperativa. "Arrancamos con dos bolsas de harina que pedimos prestadas y pusimos entre todos algunos pesos", aseguró Lengruber.

A ese empujón inicial se sumó un crédito de 12 mil pesos que otorgó el Fondo de Emprendimientos Productivos de la Municipalidad. Alquilaron un local en Moreno 77, donde venden su producción, y a tres meses de autogerenciarse ya lograron cobrar salarios más altos que los que percibían antes de la quiebra.

"No ganamos mucho, apenas 600 pesos por mes, pero ya es más de lo que ganábamos antes", aseguró Lengruber, al tiempo que remarcó que formar la cooperativa "era la única salida. Esto nos permitió seguir teniendo dignidad".

Claro que para competir en el mercado, lo ideal sería poder cambiar las maquinarias. Es por eso que Lengruber apuesta a que el gobierno les extienda un crédito que les permita actualizar su equipamiento. "Nuestra producción es artesanal, y hoy para competir necesitás máquinas más modernas. La única forma que tenemos para obtenerlas es que el gobierno nos de un crédito blando", remarcó.


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Mil Hojas volvió a las góndolas con sus tradicionales productos.

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