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 miércoles, 11 de mayo de 2005  
Denuncian al decano de Derecho por el tráfico de influencias
Estudiantes revelaron maniobras para favorecer a la hija de Silberstein. Detalles de un llamado de su esposa

Un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario denunció ayer por "manejos autoritarios y turbios" al decano de esa casa de estudios, Ricardo Silberstein, y reveló cómo se utilizó su cargo para incluir indebidamente a su hija en la nómina de alumnos habilitados para cursar dos materias de la carrera de abogacía. Según la imputación, que también involucra con un rol protagónico a la esposa del decano, el tráfico de influencias excede a la hija de Silberstein y es una práctica "habitual" en esa facultad.

La grave denuncia de los estudiantes incluye como prueba una serie de escuchas telefónicas que dejan claramente al descubierto la maniobra y también desnuda a sus ejecutores: además de Patricia de Silberstein y de su hija Alejandra, involucra al menos a dos funcionarios de la facultad. Se trata del secretario de Asuntos Estudiantiles, Marcelo Marchionatti, y del subsecretario académico, Emiliano Díaz, quien además, según los estudiantes, es socio del decano en su bufete de abogados.

El propio Díaz admite en una conversación telefónica con la esposa del decano, a cuya grabación tuvo acceso La Capital, que el tráfico de influencias es habitual en la Facultad de Derecho. Es más: confiesa que él mismo, cuando era estudiante, se vio beneficiado por esa práctica ilegal.

Los denunciantes por ahora prefieren identificarse simplemente como "estudiantes a quienes se los ha perjudicado" en su carrera universitaria, y aseguran que la imputación contra Silberstein, Díaz y Marchionatti no está vinculada a la política. "No tenemos nada que ver con ella", afirman.

Según la denuncia, la maniobra que puntualmente estaba destinada a favorecer a Alejandra Silberstein consistió en incluirla entre los alumnos que pueden cursar las materias "Análisis de Casos" y "Quiebras" pese a que la estudiante no alcanzó los méritos académicos para hacerlo.

La operación queda claramente en evidencia en una conversación telefónica entre Patricia de Silberstein y Díaz en la que la esposa del decano le recuerda al subsecretario académico que debía anotar a su hija en esas materias. Queda claro, en ese diálogo, que la inscripción debía ser por izquierda. Díaz no sólo no se sorprende por el motivo del llamado de la señora sino que se compromete a hablar con Marchionatti para incluir a Alejandra. Y se proponía hacerlo pese a que la lista de estudiantes habilitados para cursar una de las materias, "Análisis de Casos", ya había sido publicada por la facultad.


"No me rasgo las vestiduras"
En el mismo diálogo, la esposa del decano le dice a Díaz que se atreve a pedir por su hija porque sabe que el funcionario universitario lo hace por otros ("Yo te escucho", le advierte). Es entonces cuando el subsecretario Académico dice: "No voy a rasgarme las vestiduras por eso", y enseguida admite: "Yo lo he hecho conmigo mismo".

Luego sugiere a la señora "esperar un poco" para anotar a Alejandra en la cátedra en cuestión y lo justifica de esta manera: "Es para preservar la imagen de Ricardo".

La secuencia continúa con otros diálogos. En uno de ellos, que se produce inmediatamente después de la llamada de Patricia de Silberstein, la hija del decano también habla con Díaz para reforzar la gestión. El mismo día, el subsecretario académico se comunica por teléfono con el secretario de Asuntos Estudiantiles. "Tené presente lo de la hija de Ricardo", le dijo.

Casi al final de la conversación, Marchionatti acepta "cargar" finalmente el nombre de Alejandra Silberstein a la nómina de alumnos habilitados para asistir a las cátedras. "No es mi problema (...) Ante esta directiva yo la meto", se justificó ante Díaz.

Todas estas gestiones son del 27 de abril. Sin embargo, la denuncia de los estudiantes de Derecho va más allá del caso de la hija del decano. También reporta el caso de una mujer que dos días después se comunica desde los Tribunales provinciales con alguien que trabaja con Díaz y se identifica como "la doctora Rivas". La mujer está buscando al subsecretario académico, pero ante su ausencia cuenta al interlocutor desconocido cuál es el motivo de su llamado, que es similar al de la esposa de Silberstein y su hija. Allí mismo, en esa conversación, se entera de que su hijo ya había hablado con Díaz por el mismo motivo.

Para los denunciantes, esta gestión de la doctora Rivas es una prueba más de que el tráfico de influencias es una práctica común en la Facultad de Derecho.

Quienes denunciaron estas maniobras dicen haberlo hecho porque están "cansados de los manejos autoritarios y turbios que desde hace tiempo perjudican nuestros estudios universitarios".

Para ellos, los denunciados "utilizan el poder que les confieren sus cargos en beneficio propio y apartados de la ley y de las disposiciones reglamentarias de la Universidad, así como también de cualquier mandato ético".

Por esa razón, los acusan de abuso de autoridad, incumplimiento de los deberes de funcionario público y tráfico de influencias porque, según los estudiantes, lo que hacen el decano y los funcionarios es "violar la ley y la normativa académica mediante la manipulación de los ingresos de los estudiantes para el cursado de determinadas materias de la carrera de Derecho".
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Silberstein fue denunciado por un grupo de alumnos de la Facultad de Derecho.

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