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 domingo, 06 de febrero de 2005  
Con Saddam era más fácil
Hay que recordar cómose votaba en tiempos del dictador para apreciar el avance democrático iraquí

Pablo Díaz de Brito / La Capital

Los que sobre Irak insisten en hacer pasar al más brutal terrorismo por "resistencia iraquí" deberían leerse este relato de cómo se votaba en tiempos de Saddam. Se lo contó un iraquí a un periodista occidental que cubría la jornada del voto en Bagdad. "Con Saddam era más fácil", bromeó. "Sobre la boleta había únicamente dos palabras: naeem y kella, sí y no". ¿Sí y no a qué o quién? "Era implícito: a Saddam". En cuanto a las autoridades electorales, "eran del partido Baaz. Un miembro de la familia votaba por todos. Yo lo hice. Me porté «reglamentariamente». Antes de meter la boleta en la urna la llevé, abierta, al jefe de mesa, le mostré que habíamos cumplido con nuestro deber: desde mi padre a mi hermano, todos naeem. Las boletas ni siquiera se contaban. Ahora es diferente".

Y sí que es diferente. Además de las 111 listas que participaron, el proceso que sigue al voto de hace una semana no es ni simple ni fácil: un calendario que termina el 15 de diciembre si todo va bien y hay acuerdo en la Asamblea Nacional. El pueblo será consultado nuevamente el 15 de octubre para ratificar o rechazar la Constitución que redactarán los nuevos legisladores-constituyentes, y el 15 de diciembre volverá a las urnas para elegir un gobierno permanente que reemplace al interino surgido de los comicios del domingo pasado. Y si la Constitución es rechazada en el referendo de octubre el 15 de diciembre igualmente se vota, pero para elegir una nueva Asamblea y todo comienza de cero. Además, todas las resoluciones fundamentales tomadas por la Asamblea durante este año deben tener mayoría de dos tercios. Resulta difícil hallar un esquema tan exigente en países políticamente desarrollados.

En cuanto a la crítica, repetida hasta el hartazgo, que pretende invalidar las elecciones por la ocupación militar, basta recordar cómo se votó en Alemania occidental en 1949. Bajo el Estatuto de Ocupación, con pro cónsules militares omnipotentes en las tres zonas occidentales y bajo una Constitución no ratificada por el voto popular. Una vez constituido, el primer gobierno alemán quedó expresamente condicionado: los aliados podían retomar el poder cuando les pareciera que algo andaba mal. Y sin embargo a nadie se le ocurre descalificar a la democracia alemana occidental nacida en la posguerra bajo la pesada mano de la ocupación aliada.


Una ausencia voluntaria
Por último, la pretensión de la comunidad sunita iraquí de considerar inválida la elección por su ausencia cae por sí sola: los principales partidos y líderes sunitas militaron la abstención y no se inscribieron voluntariamente, pese a los reiterados pedidos para que lo hicieran. No es que faltaron sus candidatos en las boletas porque los prohibió Bush, sino por libre cálculo y decisión. Decir ahora que la elección no vale justamente por su ausencia voluntaria es insostenible. Sabían que iban a perder y prefirieron la abstención activa, debidamente "estimulada" por la ola terrorista sunita-baazista, que claramente no alcanzó. Para desconsuelo de ellos y de la izquierda radicalizada de todo el mundo, que en esta guerra entre terrorismo islámico y democracia occidental apuesta claramente por el primero.

La "otra" izquierda, en cambio, tiene las cosas claras: "en Irak los resistentes no son los terroristas de Al Qaeda, sino los 8 millones de ciudadanos que fueron a votar", comentó el italiano Piero Fassino, jefe del principal partido de la coalición opositora a Silvio Berlusconi, Demócratas de Izquierda.
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