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 domingo, 04 de abril de 2004

Charlas en el Café del Bajo

-Como no podía ser de otro modo, el flamante ministro de la Corte Suprema de la Nación, Eugenio Zaffaroni, designado a instancias del presidente Néstor Kirchner, y a contramano del clamor popular, dijo en Mendoza que no está de acuerdo con el aumento de las penas para los delincuentes, denostó a Juan Carlos Blumberg y para subrayar su insensatez catedrática enfatizó con que las mayorías se equivocan y ejemplificó con que el pueblo alemán, por ejemplo, convalidó la matanza judía.

-Tamaño disparate sólo puede ser justificado en una mente brillante como la de Zaffaroni (porque uno puede no compartir su ideario, pero no por eso negar su talento) por la confusión y el fastidio en los que se encuentra un teórico, cuando la realidad lo apabulla. Al referirnos al tema seguridad, y puntualmente cuando se propuso a Zaffaroni para ocupar un cargo en el más alto tribunal de la Nación, dijimos que las ideas de este penalista estaban absolutamente reñidas con el deseo popular. Hace pocos días, en esta misma columna, fuimos un poco más allá y sostuvimos que los funcionarios garantistas del gobierno estaban disociados con el pueblo en materia de seguridad y señalamos que no había ni en el gobierno de la Nación ni en Buenos Aires, ni en Santa Fe, un plan serio (ni siquiera un plan) para diseñar en materia de seguridad.

-Lamentablemente no nos equivocamos.

-Llegaron al poder vacíos, sin proyectos, sin planificación y apenas con algunas ideas para resolver cuestiones del jurásico cuando la sociedad está apabullada por el presente e inquieta por el futuro.

-Entonces, ante un movimiento preocupante como el de hace unas horas, el presidente apela a la cantinela de siempre: hay que limpiar la policía (lo que no es ninguna novedad); el gobernador Solá adopta medidas que son manotazos de ahogado y el gobernador Obeid pide un peso a la población para solucionar el problema de la seguridad (¡Por favor señor intendente Lifschitz, no se embarque usted en este delirio!)

-El único peso que podría darle la población santafesina al gobierno es el lastre de tener que aguantar semejantes dislates ante tamaño dolor ciudadano. Y podría dárselo con un cacerolazo.

-Vuelvo a Zaffaroni y para reivindicar esto que dice de que "vox populi" no es "vox dei". Sí, siempre la voz del pueblo es la voz de Dios y no es cierto esto de que las mayorías se equivocan. Se equivocan las minorías poderosas y que conducen cuando traicionan a la sociedad y no cumplen con aquello que habían prometido en sus discursos u ocultan sus verdaderos propósitos durante las campañas proselitistas para después mostrar las afiladas garras y las verdaderas pieles. No se equivocó el pueblo argentino cuando lo eligió a Alfonsín, cuando lo eligió a Menem o cuando se eligieron tantos "legisladores plomos" que lo único que han hecho y hacen a las mil maravillas es hundir a la Patria y angustiar a la gente. De ninguna manera se equivocó el pueblo; en todo caso se equivocaron ellos cuando por incapacidad, corrupción, indiferencia, o lo que sea, no hicieron lo que debían hacer.

-El pueblo confió en los mensajes, en los discursos y no se puede culpar alegre y disparatadamente a una sociedad por confiar.

-Como no se puede culpar a un pueblo por estar deformado culturalmente y desinformado de muchas cosas. Y buena parte de esta sociedad argentina -lo digo con tristeza- ignora muchas cuestiones porque quienes tienen el deber de informar con frecuencia lo hacen despojados de toda equidad y traicionados por sus intereses económicos o de otra índole.

-¿No está muy alta la música, Candi?

-Afortunadamente, y hay que decirlo con todas las letras, en algunos medios se respeta la libertad de expresión y eso es maravilloso. Zaffaroni, y para terminar, sería un buen juez en Noruega o en Suecia, pero él, como sus adláteres, desentonan aquí porque sus teorías no encajan en esta realidad. El hombre puede vencer muchas cosas, pero no al tiempo y siempre, siempre, el tiempo saca de su alforja la verdad.

CandiII

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