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 domingo, 08 de abril de 2007  
Suplicio. Los testimonios demuestran que la tarea provoca más de un dolor de cabeza
Los trámites públicos siguen siendo un sufrimiento

María Laura Favarel / La Capital

Cuatro de la madrugada. Llueve a cántaros. En la esquina de Rioja y Sarmiento, bajo un paraguas desvencijado, Olga Aranda, de 62 años, espera un turno en la Administración Nacional de Seguridad Social (Ansés). Es la décima vez que concurre al lugar por un trámite que parece no tener fin. El de Olga no es un caso excepcional sino una situación que se multiplica por miles, todos los días.

  La palabra trámite es sinónimo de dolor de cabeza, horas y horas de espera, idas y vueltas. Y como si esto fuera poco, muchas veces es sinónimo de maltrato y desconsideración por parte de los empleados públicos, tan bien representados por los humoristas argentinos.

  En el ranking de trámites engorrosos, el primer puesto es para el intento de obtener la jubilación, de acuerdo a un relevamiento realizado por La Capital. Después de haber trabajado y aportado dinero durante años, la búsqueda de acceso al beneficio social es lo más parecido a un laberinto o a una carrera de obstáculos. Una verdadera prueba de perseverancia para aferrarse a una suma mensual que, en la mayoría de los casos, no cubrirá ni remotamente las necesidades básicas.

  Si bien jubilarse es complicado, en el Registro Civil no se quedan atrás. Según los usuarios, entre los trámites más complejos y fastidiosos está la obtención de la partida de nacimiento y la entrega del documento nacional de identidad (DNI).

  El mismo esfuerzo es necesario para realizar determinadas diligencias en la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip), blanquear a un empleado en la Secretaría de Trabajo o lograr que la Municipalidad habilite un emprendimiento comercial. Y ni hablar si hay que desentrañar la maraña de Tribunales.

  “Hecha la ley, hecha la trampa” dice el refrán. El desgaste, las colas, las pérdidas de tiempo, dieron lugar a la proliferación del oficio de gestor. Se trata de la persona que conoce exactamente todos los vericuetos, los atajos y las trampas necesarios para llevar a cabo un trámite con rapidez. Pero delegar estas acciones en un gestor, un abogado, o un contador, tiene su precio.

  Los que no pueden hacer frente a ese gasto extra se ven obligados a recurrir a las defensorías en busca de asesoramiento. Pero tampoco allí nadie puede garantizar la duración y el éxito de la gestión.


Abarrotados
Tanto la Defensoría del Pueblo como los órganos oficiales de Tribunales y los entes que ayudan al consumidor están abarrotados de consultas. Los empleados hacen lo que pueden pero no llegan a responder a la demanda. “En la Argentina el que no tiene plata muchas veces se verá enfrentado al fracaso”, señaló tristemente Luciana Vinzia, una abogada que asesoró en muchos casos de esta índole.

En la Defensoría del Pueblo de la provincia, en lo que va del año, se recibieron cuatro mil consultas.

En el universo de consultas referidas exclusivamente al ámbito nacional, el triste liderazgo de Ansés es bien claro. Representan el 30,8 por ciento de las denuncias, seguidas por las realizadas sobre obras sociales (11 por ciento), AFJP (2 por ciento) y la Comisión Nacional de Pensiones (1,09 por ciento).

María Bressa, directora de la Defensoría del Pueblo de Santa Fe, admitió que ahora entre los empleados cuentan con “abogados especialistas que asesoran en materia de jubilación”.


La penosa tarea de jubilarse
La Ansés es una oficina obligada cuando de trámites se habla. Allí se efectúa el papeleo referido al área nacional de la seguridad social. Se tramitan jubilaciones y pensiones, asignaciones familiares de las personas en actividad, subsidios familiares a pasivos y cobro por desempleo.

Dentro de las prestaciones que derivan en el otorgamiento de una suma de dinero se incluyen las asignaciones familiares, el pago por no tener trabajo, los beneficios previsionales y los reintegros a empresas.

También en la Ansés se prestan servicios vinculados al mantenimiento de esas prestaciones y a las tareas de información y registro, junto con la orientación y asesoramiento al cliente, recepción de documentación, otorgamiento de CUIL (clave única de identificación laboral) y opción de régimen jubilatorio, entre una innumerable cantidad de cuestiones.

Son cientos de personas que diariamente, y desde la madrugada, se paran frente a la oficina de Sarmiento y Rioja. Y no importan las inclemencias del tiempo.

De este despropósito puede dar fe Olga Aranda. Vive en Villa Gobernador Gálvez y ya fue diez veces a la Ansés para gestionar su jubilación como ama de casa. Sale a las tres y media de su hogar para llegar a las cuatro a la cola. Es la primera de la fila, pero a los cinco minutos ya son tres y a la media hora son veinte. Sesenta minutos más tarde, el doble.

Olga comenzó el trámite hace seis meses. Todavía no cobró. “Vengo a ver qué pasa porque me dijeron que la jubilación me iba a llegar hace tres meses y aún no recibí nada”, dijo con desazón, luego de pasar casi cinco horas parada y con lluvia, como sucedió el martes de la semana pasada, cuando la inundación ya era una amenaza cierta.

A las siete se abren las puertas del edificio y comienza la entrega de turnos. Una señorita vestida de marrón preguntará a cada uno que trámite quieren realizar y los derivará a la cola correspondiente. El paso siguiente es armarse de paciencia, de mucha paciencia. “Antes del mediodía no te vas seguro”, dice Olga con el saber que le da su experiencia en largas esperas.

Las empleadas que otorgan los turnos contestan sin mirar; muchas veces lo hacen con altivez y mostrando el hastío ante una tarea rutinaria. “Nadie quiere venir a trabajar aquí”, dijo una delegada gremial de los empleados. Y esto se nota.

Entre los que esperan también hay abogados y gestores. Una gestora explicó las paradojas del sistema y la falta de informatización: “Para los que no hicieron aportes el trámite es más rápido, en cambio para el que los hizo todo es más engorroso". Y ello se debe a que "hay que verificar demasiados datos y esto demora mucho tiempo".

Las personas mayores van y vienen. Deambulan de un mostrador a otro con papeles en la mano y algunos apenas entienden lo que tienen que hacer. Y ni hablar cuando la alternativa es "tramitarlo sólo por internet". Miran atónitos esa inscripción y luego al empleado que ya llamó al número siguiente. "Yo no sé usar la computadora", dice una mujer que se retira con la cabeza gacha. "Tendré que pedirle a alguien que me haga esto", confesó Marta Rubio, quien está tramitando la afiliación al Pami para su marido, un hombre que la esperaba cerca mientras ella hacía la cola. "Mi esposo está enfermo y necesita la obra social", explicó. Desde las cinco de la madrugada había aguardado su turno en la puerta de la Ansés con su marido enfermo de diabetes e insuficiencia renal.
No sólo jubilados
También los que van a consultar por sueldos y asignaciones familiares se verán envueltos en una telaraña de archivos miradas esquivas y preguntas sin respuesta Es el caso de Ariel Pérez de 39 años obrero de la construcción Hace tres meses que no cobra y fue a reclamar su sueldo y la asignación de escolaridad para sus hijos Llegó de zona sur a las cuatro y media para efectuar el trámite

Carlos González también arribó cuando todavía era de noche. Llevaba una carpeta y los papeles ordenados para averiguar sobre una pensión de guerra que ofrece un proyecto de ley -todavía no tratado en Diputados-. "Yo vengo igual a ver qué me dicen", relató González esperanzado. Lo que obtuvo era previsible. Después de tres horas de espera, la empleada le aconsejó: "Mire la televisión para enterarse cuándo se promulga", y así lo despachó.

También abundan en la Ansés personas vestidas elegantemente y con cientos de papeles bajo el brazo. Son los abogados especialistas en los vericuetos de la repartición. Los que saben saltar los obstáculos del sistema y se las ingenian para no verse burlados por la burocracia. Ellos explican que "es muy difícil que una persona sola pueda concretar las diligencias, sobre todo porque hay cosas que sólo se hacen por internet y, encima, a las 10 de la mañana se cae la página y no hay posibilidades de ingresar datos, ni de imprimir los formularios para presentar".

En todas los casos son las víctimas del trámite eterno. Anhelan que la frase: "Vengo a ver qué pasa con mi jubilación" sea parte de una Argentina del pasado.
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El trámite más engorroso sigue siendo gestionar la jubilación.

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