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 domingo, 15 de enero de 2006  
Advierten sobre el acelerado deterioro de las playas bonaerenses
La contaminación ambiental y la falta de planificación inciden en la alteración y pérdida de sectores costeros

Una reciente investigación volcada en el libro "La costa de Buenos Aires", de Santiago Vega, pone bajo la lupa más de 1.000 kilómetros de costas marinas bonaerenses y los estuarios de la región, con el propósito de subrayar la riqueza de este patrimonio natural "que se ha deteriorado en los últimos años por la falta de planificación y de conciencia ambiental".

Desde aquellas imágenes primigenias de principios del siglo XX cuando las mujeres paseaban por la orilla del mar, vestidas y con sombrero, a las portadoras de diminutas bikinis que se amontonan hoy en cada metro cuadrado de arena de la playa marplatense han pasado más de cien años.

Estas imágenes contrapuestas también se observan en la geografía natural de la costa de Buenos Aires, "que sobre todo ha sufrido grandes alteraciones debido al accionar humano empeñado en desafiar las leyes de la naturaleza con la construcción arbitraria de escolleras, paredones, espigones y muelles de pesca", apuntó el biólogo e investigador.

A esto se suma el uso de la arena de la playa para la construcción, "un índice -entre otros- de cómo el crecimiento urbano conlleva un deterioro permanente de las playas".

Con tantas alteraciones, precisó Vega, "hay playas de la costa de Buenos Aires que ya no están y muchas retroceden. Se han aplicado soluciones parciales para mejorar algunos sectores, pero a costa de perjudicar a otros.".

"En 1983 en Miramar se construyeron espigones en forma de T con el fin de proteger a playas y acantilados ante la fuerza de la erosión. Fue una ayuda a nivel local pero perjudicaron a playas del sur de Mar del Plata al actuar como barrera a la deriva litoral -la circulación de las corrientes en las costas bonaerenses corre desde el sur hacia el norte-, que es la que mueve arena para la formación de las dunas", ejemplificó Vega.

Una alternativa que se presenta ante la erosión es la de repoblar o rellenar las playas. "Así se hizo en 1998 cuando se dragaron millones de metros de arena del puerto de Mar del Plata para volcarla en las playas Grande, Varese y Bristol. Los resultados fueron buenos pero por falta de mantenimiento, en cinco años se perdió el 30 por ciento de la extensión de Playa Grande", apuntó el investigador.

En un balance de ventajas y desventajas, "para Mar del Plata se recomienda la eliminación de gran parte de sus espigones y el repoblamiento de las playas", opinó Vega.

Entre Mar del Plata y Santa Clara de Mar el tramo de la ruta interbalnearia debió ser reconstruido tres veces por pérdida de costa y derrumbes. "Cientos de rocas fueron colocadas sobre la pared del acantilado para ayudar a contener el avance del mar. Y en ese sector hay desagües pluviales y cloacales que afectan la calidad del agua de mar y todavía no se han tomado medidas".

En las zonas forestadas las cosas son distintas "aunque para la dinámica costera estas forestaciones también desarticulan procesos imprescindibles para la conservación de las playas".

Pinamar y Villa Gesell crecieron junto a la forestación de las dunas y sus trazados respetaron bastante la topografía natural. "Sus actuales problemas de erosión se deberían a los paradores de cemento y hormigón, construidos sobre la playa", comentó Vega.

En el Partido de la Costa, "se viene registrando pérdida de playa en Mar del Tuyú, Mar de Ajó y las zonas céntricas de San Bernardo y Santa Teresita. En Necochea los espigones y rompeolas afectaron la dinámica costera. Y en Monte Hermoso y el balneario de Sauce Grande los edificios y caminos eliminaron los médanos".

En cuanto a la contaminación, Vega dijo que la "Bahía de Samborombón y el estuario de Bahía Blanca han sido las más afectadas por los derrames de petroleo. La actividad petroquímica en la zona convierte a sus costas en las más contaminadas y se han observado registros de contaminación por hidrocarburos en Mar del Plata". (Télam)
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