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 domingo, 27 de noviembre de 2005  
candi
Charlas en el Café del Bajo
-La noticia que me conmovió en las últimas horas es el desamparo al que se ven sometidos un abuelo y su nieta de ocho años que tiene síndrome de Down. Esta historia se desarrolla en Córdoba y lo que indigna es la insensatez de algunos educadores que no quieren aceptar a la chiquita por su diferencia.

-Más que insensatez diríamos que falta de amor ¿Verdad, Candi? Pero estas historias lamentables son recurrentes y se suceden en diversas ciudades incluso en la nuestra. A propósito, hace pocos días unos papás me expresaban que estaban muy apenados por lo que había sucedido en un colegio católico de Rosario con su hijita que padece cierto grado de dislexia. Parece que ni los docentes ni las autoridades del colegio regenteado por monjas actuaron de acuerdo con lo que es necesario. Al fin retiraron a la chica del instituto. Vayamos al caso de Córdoba y luego hablamos de esto.

-La nena tiene 8 años y no puede terminar tercer grado en una escuela privada de la capital cordobesa porque no soportó la presión de quienes la rodeaban. El abuelo de la criatura dijo que se tornó "insostenible tener que cargar con la falta de paciencia de su maestra y la burla de algunos de sus pares". El diario "La Mañana" informó que "la maestra le llenó un cuaderno con notas por supuesta mala conducta y en la libreta las calificaciones se mostraba otra cosa". Pues bien la psicóloga que atiende a la chiquita recomendó cambiarla de colegio y buscar uno que trabaje en la inclusión de chicos con síndrome de Down, pero resulta que en los últimos 15 días -dice la noticia- el abuelo recorrió doce escuelas, pero la chica no fue aceptada.

-Lamentable, muy lamentable. Esto me hace acordar a lo que me contaba mi amigo y de los momentos angustiantes que había vivido en la misericordiosa escuela católica rosarina (me hago cargo de la ironía). La maestra parece que se quejaba bastante de la supuesta inconducta de la nena y de su supuesto también atraso con relación a los demás chicos. Esta falta de paciencia por parte de los educadores católicos, esta falta de comprensión cristiana concluyó en que a la chica le hicieron repetir el año. Se trató en el fondo de cansar a los padres para que la sacaran de la escuela, lo que al final hicieron. Otra vez, Candi, le solicito una reflexión al respecto.

-Mi opinión no puede ser considerada juicio, porque no soy sino un pecador sediento de la misericordia de Dios y mal podría juzgar a nadie. Como siempre hago esta aclaración. Dicho esto recordaré no el conocido pasaje aquel en que Jesús reprende a sus discípulos, quienes no dejaban que los chicos se acercaran a El, sino el del niño que seguramente padecía una variante de epilepsia y que Jesús cura. Recomiendo el análisis profundo de Lucas, capítulo 9 versículo 37 al 43 que termina así: "Jesús increpó al espíritu inmundo y curó al niño y se lo entregó a su padre. Y todos quedaron atónitos ante la grandeza de Dios". Quiero repetir estas palabras que deberían grabar a fuego en sus corazones todos los educadores, especialmente aquellos que tienen a su cargo chicos con alguna diferencia y especialmente aquellos que son religiosos: "Y curó al niño y se lo entregó a su padre". Jesús deja todo lo que estaba haciendo y se aboca a la tarea de atender al chico. Este es un hecho sublime en el ministerio de sanación de Jesús no sólo por el milagro, sino por la enseñanza que deja. Y la enseñanza no es otra que hay que renunciar a todo por el rescate de aquel que en el peregrinaje de la vida se queda un poco atrás, especialmente cuando se trata del prójimo debilitado por alguna circunstancia. La "excelencia" de un colegio religioso no radica esencialmente en la capacidad para formar a personas comunes y corrientes, sino en el amor que se prodiga a aquellos que aun siendo maravillosos son "diferentes". Y para terminar diré que si hay discapacitados, estos son algunos educadores que no comprenden que cosa es el amor. Pero el mismo Jesús, a través de Marcos y a propósito del mismo hecho del chico enfermo, advierte de que forma el líder puede erradicar esta discapacidad. Cuando los discípulos le preguntan por qué no pudieron ellos curar al pequeño (hecho que los convertía en "discapaces") les responde que es necesario más ayuno y oración. A algunos educadores, a algunos religiosos, les hace falta más oración para que puedan salir a salvar a tantas almas maravillosas, pero discriminadas por ser diferentes.

Candi II

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