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 domingo, 13 de noviembre de 2005  
“¡Mayday, Mayday, nos hundimos!”

No, no es cosa simple ser un simple ciudadano honesto, con cierto nivel de inteligencia, formación e información. Sin ninguna duda este tipo de ser humano argentino quedará atrapado en la desazón y meditando aquello que decía Cortázar: “La verdadera explicación sencillamente no tiene explicación”. Este ser humano medio argentino, cuando al fin creía que había perdido la capacidad de asombro en virtud de las mil y unas insensateces de sus dirigentes, descubre que no, que no ha perdido nada: ¡En esta tierra, el asombro —como el sol— siempre está! Eso sí, lo que resultará difícil es encontrar explicaciones y comprender los hechos que dan paso a la estupefacción. Y lo que resultará mucho más complicado es evitar el dolor que causan. Se pueden explicar muchas cosas en este país, ahora, que hace unos días atrás el centroderechista del Pro y entusiasta macrista festejara al lado de Macri y de Rodríguez Larreta el triunfo del partido que lo consagró diputado nacional y que hace pocas horas apareciera al lado de Alberto Fernández diciendo que se había vuelto de la noche a la mañana kirchnerista, bueno...¿qué se podría decir para explicar tal fenómeno? Huelgan las palabras. Lo de Eduardo Lorenzo, Borocotó, y el gobierno nacional es una fiel imagen de la realidad argentina. Pero... ¿Por Santa Fe cómo andamos?

El Titanic peronista
Las recientes elecciones significaron para el peronismo santafesino la oportunidad que no tuvo el Titanic. Cuando Fleet, el marinero que se encontraba presumiblemente en la cubierta del barco, avisa del iceberg es demasiado tarde. Murdoch, un oficial a cargo del puente de mando en ese momento, ordena parar las máquinas, girar a estribor y poner la reversa, pero no sirvió. La gigantesca y bella nave colisionó, se rajó su casco y a las pocas horas se fue a pique dramáticamente. Al peronismo también el iceberg electoral le rajó el casco, sólo que le queda un tiempo por delante para reparar la grieta. No mucho tiempo, desde luego, porque quien piense en el gobierno provincial que aún se puede dormir en los laureles que se consiguieron gracias Reutemann (mal que les pese a muchos) se equivoca locamente. Apenas el gobierno de la provincia tiene, en el mejor de los casos, unos pocos meses y después se habrá terminado de instalar en el subconsciente colectivo que las cosas no funcionan y que en Santa Fe es necesario un cambio de mando. Arraigado este convencimiento, cualquier sociólogo o psicólogo que sepa algo de conductas sociales dirá que ni el verdadero mago Merlín, aquel que guiaba sabiamente al legendario y bueno de Arturo, podrá modificar el destino peronista. Claro que hay quienes dicen que en Santa Fe también hay “merlines”, pero parece que sus pócimas no dan el resultado deseado.

  Sin embargo, y a pesar de la paliza que el socialismo le dio al Frente para la Victoria, se suceden las confusiones que pejudican la imagen del gobierno, trastornan la vida social y comprometen el futuro peronista. Dos casos a modo de ejemplo, el primero de ellos referido a los cambios que se intentan realizar en la policía. No se puede desconocer lo hecho por la cartera de Gobierno en diversos aspectos, pero las desinteligencias en las últimas horas han obstaculizado los nombramientos que se querían realizar y la confusión ha hecho que injustamente se entorpeciera por el momento la carrera profesional de algún alto oficial, buen funcionario, que bajó el índice del delito en la regional donde le tocó actuar (hecho ratificado por la propia justicia) y al que la “interna policial” trató o trata de vincular con hechos del pasado en los que nada tuvo que ver.

  Hubo idas y venidas en el momento de designar al sucesor del titular de la Jefatura de Rosario y de otras ciudades y así pasaron por la mesa de trabajo de los funcionarios, en las últimas horas, varios nombres a cuyos portadores se les hizo poner el traje de asunción, pero después se les dijo que debían sacárselo. Los cambios en la policía se vienen anunciando no oficialmente y con consecuencias poco felices desde hace meses. Esto ha generado internas, dichos, rumores y la gestión de algunos legisladores que quieren, como siempre, meter las narices donde no les corresponde. Las consecuencias están a la vista: El jefe de la Unidad Regional II José Maldonado de licencia, un jefe interino y toda la movida provincial postergada. Esto no es bueno para la imagen del gobierno y es de esperar que en pocos días más se produzcan los cambios y se designe a la gente adecuada.

La pelota pinchada
El segundo caso paradigmático a analizar podría llamarse “el caso de la pelota pinchada” y parece que sucedió en la importante Dirección Provincial de Vivienda. Llegó desde la Nación la orden y los fondos para que la provincia ejecutara el Plan Federal de Viviendas y según se comenta el titular de esa dependencia, Juan Morín, por sí y sin consulta previa anunció al personal de la Dirección que del monto recibido correspondería un porcentaje para ellos lo que engrosaría sus haberes. Cuando el expediente llegó al Ministerio de Hacienda hubo un “esto no va” y las consecuencias fueron un revuelo entre el personal y medidas de fuerza que, desde luego, no sólo perjudicó (¡otra vez!) la imagen del gobernador Jorge Obeid, sino que además causaron trastornos a las personas que hace meses están esperando una vivienda. “Morín es un hombre muy poderoso, tan poderoso que a veces no consulta ni al propio gobernador”, dice un dirigente peronista. Debe ser así, de otro modo resulta difícil de explicar la demora para entregar algunas viviendas pese a las gestiones y mediación de altísimos funcionarios del gobierno. En esta oportunidad parece que Morín quiso meter un gol de tiro libre y desde el medio de la cancha, pero al patear se encontró con que la pelota hizo ¡puf!: estaba pinchada. La cuestión al fin, dicen, se ha resuelto, las protestas de los empleados se han terminado, pero con un costo político, como siempre, para la gestión de Obeid.

  Todo esto perjudica la imagen del gobernador y afecta a la sociedad. En otro momento de la vida institucional argentina y santafesina, después de una derrota como la sufrida por el Frente para la Victoria en octubre, todos los ministros hubieran renunciado y los magos, que muy lejos están de tener los poderes del druida de la mitología céltica, se hubieran ido para permitirle al mandatario modificar políticas. Ya que retiros de hombres parece que no habrá se deben cambiar métodos y acciones, pues de continuar con estos consumarán lo impensable: el hundimiento del Titanic peronista desde cuya cubierta algunos mandan un desesperado: “¡Mayday, mayday, nos hundimos!”. Bueno... es probable que después de todo sea el capitán Hermes quien, piadosamente, con su buque que corta el mar santafesino a toda vela, venga a salvar a algunos pasajeros peronistas transformados ellos en otros espantajos borocotenses ¿Por qué no?


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