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 domingo, 13 de noviembre de 2005  
Los barrios marginales de Francia viven por los negocios sucios
Robar autos, falsificar ropa de marca, lavar dinero y vender drogas son los "trabajos" más comunes en los suburbios

Petra Klingbeil

París. - No terminaron el colegio y tampoco tienen un empleo, pero igual les va bien haciendo negocios. Un ejemplo es Moussa, de 22 años, que vive en Evry. ¿A qué se dedica? Al "bizzness", es la típica respuesta, pero en los suburbios pobres de Francia todos saben lo que significa.

Las posibilidades de hacer negocios son múltiples: robar y vender autos o televisores, falsificar ropa de marca, aparte de trabajar en negro, lavar dinero y vender drogas, claro. Según estadísticas oficiales de la Unión Europea, la economía en negro que se desarrolla entre los grises bloques de departamentos alrededor de Lyon, Marsella, París y otros lugares representa hasta el 14 por ciento del producto interno bruto (PIB) francés.

Las autoridades lo saben, pero el personal no alcanza para más que algunas acciones ejemplares, como cuando el ministro del Interior revisa la "mercadería" acompañado por agentes policiales y la televisión. Esto se nota especialmente en el robo de autos.

Según el diario económico La Tribune, entre mayo de 2002 y octubre de 2005 fueron robados en Francia casi 700.000 autos, pero sólo 1.200 pudieron ser recuperados por la policía. Entonces no sorprende que Moussa y sus amigos hagan buen dinero e incluso hagan ostentación, sin vergüenza alguna, de su riqueza.

Las zapatillas de marca de Moussa son nuevas, en el bolsillo de su pantalón deportivo suena un celular de última generación y en su casa tiene una computadora. Allí se comunica por Internet con sus amigos.

La economía en negro alimenta frecuentemente a muchas familias numerosas de inmigrantes en las viviendas sociales, donde es común que diez o más personas compartan un departamento de dos o tres ambientes.


Mercado negro
La gente compra en el mercado negro frente a sus edificios, porque de otra forma no podrían permitirse cosas de la vida diaria, como electrodomésticos o ropa. Los sociólogos hablan de la "última red social", sin la cual los barrios marginales se hundirían en el caos. Las autoridades también lo saben, pero prefieren hacer la vista gorda.

A la mayoría de los franceses les cuesta imaginar que en un país tan altamente industrializado como el suyo hay niños que no comen lo suficiente por falta de dinero y que hay gente que no puede comprarse un boleto para el colectivo o el subte. Pero a los olvidados por los servicios sociales, la precariedad diaria les borró de un plumazo los valores tradicionales. Para ellos no está mal vender drogas o artículos robados.

Los que más ganan con la miseria son los jefes de las bandas y los traficantes, que usan su poder para utilizar jóvenes sin recursos para sus fines. Los jefes criminales, que son conocidos y respetados en todo el barrio, tienen empleos para ofrecer: hay que repintar autos robados o hacer guardia para un traficante, para advertir sobre la llegada de una banda enemiga.

Según estadísticas oficiales, en las ciudades satélite de Francia viven más de 2,7 millones de personas, y allí las familias ganan en promedio menos de 900 euros mensuales. El desempleo, que a nivel nacional alcanza el diez por ciento, es el doble en esos barrios y entre los jóvenes incluso alcanza el 50 por ciento.


Subir por la escalera
La "discriminación diaria" durante la búsqueda de un empleo, sobre la cual no se suele hablar en Francia, la viven los inmigrantes todos los días en carne propia. "Si en el currículum dice Mantes-la-Jolie como lugar de residencia, podés olvidarte de que te llamen para darte trabajo", dice el marroquí Aziz Senni, quien finalmente "lo logró" tras terminar el colegio y "trabajar duro". Senni tiene cinco hermanos y hermanas y nació en un suburbio de Lyon. Hoy dirige una empresa de transporte y escribió un libro sobre su vida. Se llama "El ascensor de la movilidad social está atascado, así que subí por la escalera". (DPA)
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Los adolescentes se entretienen con el fútbol en el gris de los suburbios.

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