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 domingo, 31 de julio de 2005  
Las mismas rutinas, los mismos nombres

Distintas aseguradoras de Rosario empezaron a identificar rutinas en los reclamos: los mismos abogados, los mismos policías, los mismos médicos. Eso no implica que en cada incidente reportado hubiera un fraude. Pero en los accidentes dudosos solían surgir los mismos nombres. Y también había otra constante: los heridos eran personas humildes, habitantes de barrios marginales, sin ingresos.

El accionar de los rompehuesos mueve fortunas por fraudes, pero no siempre hay que provocar las lesiones. A veces fracturas o traumatismos de antigua data se presentan como efecto de accidentes recientes. Algo común es aprovechar distensiones de ligamentos, lesiones de rodilla o torceduras causadas en un picado de fútbol.

Si todos los actores de la trama cumplen su rol -los testimonios de las partes del accidente, el sumario policial, el dictamen médico- será difícil desmontar el fraude. "No hace falta quebrarse una pierna para reclamar. Hay daños físicos como traumatismos o dolores que son reales aunque no aparezcan en un placa. Y aprovechando eso con un simple trámite de papeles pasan por caja", dice Alberto Sarfatti, el investigador que releva la plaza rosarina.

Para desbaratar maniobras, las compañías empiezan a compartir recursos. Este diario tuvo acceso a una común lista negra de abogados con sus estudios respectivos. Son una treintena y están marcados como enemigos públicos de las firmas aseguradoras en esa nómina. Que también incluye a policías en actividad que desde las comisarías alimentan una caja negra.

La batalla contra el fraude anima a las compañías a contratar a agencias privadas dedicadas a husmear en siniestros. Muchas las integran policías retirados que atesoran el know how aprendido durante años de desempeño en las comisarías. "Algunos son tipos que vivieron transando mientras estuvieron activos. Como se las saben todas olfatean donde hay una trampa y cómo descubrirlas", dijo un empleado de una compañía líder. "Pero los que tienen ese pasado no son confiables así que los cambiamos como de calzoncillos. Muchos son tipos que andan con sobretodo y no sabés que llevan abajo", ilustró.

Los arreglos fuera de tribunales alimentan las trampas. El vocero de una de las compañías que accedió a hablar con este diario fue claro al respecto: "Deben desalentarse los acuerdos extrajudiciales porque retroalimentan el sistema: se interrumpe la acción y entonces no puede probarse el fraude. Estos arreglos proliferan para pagar menos. La compañía dice: «me reclaman 12 pero pago 3». Pero si pago mal, por poco que pague, pierdo. Las compañías deben exponerse a llegar a la instancia judicial para derrumbar las maniobras. Y luego perseguir penalmente a los tramposos porque fabricar un siniestro es un delito".
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